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La cultura del tráfico y los "cuatro noes"

Al despertar la ciudad, la multitud se lanza a las calles. En este flujo incesante, algunos se apresuran al trabajo, otros se afanan en vender sus mercancías y los niños charlan animadamente camino a la escuela... Entre el estruendo de las bocinas y el polvo que levanta el viento, a veces olvidamos que la cultura del tráfico es un reflejo de la civilización humana.

Báo Pháp Luật Việt NamBáo Pháp Luật Việt Nam06/03/2026


Cada día, al leer las noticias, nos topamos fácilmente con titulares desgarradores sobre accidentes de tráfico. Detrás de las frías estadísticas se esconde el dolor agonizante de las familias que han perdido a su principal sostén económico y la carga que esto supone para la sociedad. Las causas, en gran medida, no se deben a la infraestructura ni a los vehículos, sino a la falta de conciencia de los propios conductores. Para garantizar que cada viaje deje de ser una fuente de ansiedad, la aplicación del principio de los "Cuatro No" debe considerarse un compromiso con la compasión y la responsabilidad.

No bebas y conduzcas: no dejes que el alcohol nuble tu juicio.

La tradición vietnamita de ofrecer bebidas o brindar para celebrar el Año Nuevo Lunar es, en esencia, una hermosa muestra de hospitalidad, pero una vez fuera de la mesa y en la calle, se convierte en un peligro oculto. El Decreto 100/2019/ND-CP marcó un punto de inflexión importante, pero en realidad, la práctica de que los clientes conduzcan sus propios vehículos a casa desde los establecimientos donde se consume alcohol sigue siendo común.

La ciencia demuestra que incluso una pequeña cantidad de alcohol puede reducir el tiempo de reacción entre 0,5 y 1 segundo. En el tráfico, ese segundo puede ser la diferencia entre la vida y la muerte. A menudo confiamos en nuestra tolerancia al alcohol, pensando: "Una copa no me hará daño". Pero en realidad, cuando el nivel de alcohol en sangre es alto, los reflejos se ralentizan, la visión se nubla y perdemos el control del volante.

Imagínate esto: tras la puerta de tu casa, una esposa espera la cena, los niños anhelan que sus padres regresen para contarles cuentos antes de dormir. Decidir conducir bajo los efectos del alcohol no solo pone en riesgo tu propia vida, sino que también priva a innumerables familias de su derecho a la tranquilidad.

Si sabes que vas a una fiesta, usa con anticipación los servicios de transporte compartido. No esperes a estar ebrio para decidir, porque para entonces tu mente ya no estará clara. Puedes beber alcohol fuerte, pero debes estar completamente sobrio al regresar a casa.

No conduzcas a exceso de velocidad ni de forma temeraria; reduce un poco la velocidad para comprender.

En el ajetreo de la vida moderna, parece que tememos constantemente llegar tarde. Nos apresuramos a adelantar a los demás, a colarnos delante de los camiones o a zigzaguear por espacios estrechos solo para ahorrar unos segundos. Pero, ¿alguna vez te has preguntado si esos pocos segundos valen toda una vida? La velocidad trae una emoción pasajera, pero la prudencia trae prosperidad duradera.

Las calles son un espacio compartido donde encontrarás personas mayores con andares lentos y problemas de visión, y mujeres con poca habilidad al volante. Conducir a exceso de velocidad no solo te pone en peligro, sino que también genera pánico entre quienes te rodean.

Acostúmbrate a salir 10 minutos antes de tu viaje. Ese tiempo extra te ayudará a relajarte y te dará la paciencia necesaria para ceder el paso a un peatón o sonreír ante una pequeña infracción de tráfico. La amabilidad en la carretera comienza con un ritmo constante y una actitud tranquila.

No te saltes los semáforos en rojo; respeta la convivencia con la comunidad.

Un semáforo en rojo no es un obstáculo; es una pausa para regular el flujo vehicular. Saltarse un semáforo en rojo suele deberse a la mentalidad de grupo o al egoísmo personal. Esto no solo infringe la ley, sino que también vulnera los derechos de quienes respetan las normas en el carril prioritario y genera caos en las intersecciones.

Esperar en un semáforo en rojo es para revisar tu ruta o simplemente para descansar las manos mientras conduces; no te limites a seguir a los demás y adelantarlos. Conduce con responsabilidad y detente en la línea. Mantenerte en el carril correcto, aunque sean unos cientos de metros más, siempre es más rápido que sufrir las consecuencias de una colisión o pagar una multa de tráfico.

No invada la calzada ni la acera.

Las aceras están ocupadas por estacionamientos y vendedores ambulantes, lo que obliga a los peatones a caminar por la calzada y los expone al peligro de los vehículos que pasan. Ver motociclistas circulando por las aceras durante la hora punta para sortear los atascos también resulta frustrante. Cuando las calles se estrechan por vehículos estacionados ilegalmente, la congestión del tráfico es inevitable. Una sola persona que se estaciona ilegalmente puede provocar que cientos de personas lleguen tarde.

Fomentar una cultura vial también contribuye a embellecer la ciudad. Una calle despejada y ordenada no solo facilita los desplazamientos, sino que también reduce el estrés. Elija los lugares de estacionamiento designados, aunque signifique caminar un poco más. Una ciudad civilizada comienza con cada persona sabiendo compartir el espacio común, sin sacrificar el beneficio personal por el de la comunidad.

Construir una cultura vial —donde la felicidad reside en cada kilómetro recorrido con seguridad— implica un cambio en nuestra consciencia individual. Los "Cuatro No" no son prohibiciones rígidas, sino cuatro recordatorios para proteger lo más valioso.

Que cada vez que salgamos a la carretera, llevemos no solo un medio de transporte, sino también atención, cortesía y sentido de la responsabilidad. Porque el destino más importante de cualquier viaje no es adónde queremos ir, sino regresar sanos y salvos al cálido abrazo de nuestros seres queridos. La cultura vial empieza conmigo, contigo, a partir de hoy.

Fuente: https://baophapluat.vn/van-hoa-giao-thong-va-bon-khong.html


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