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La burbuja del fútbol chino ha estallado.

El colapso de la Superliga china marca el final de una década de gastos sin precedentes.

ZNewsZNews01/01/2026

Oscar ha abandonado China.

De ser un "paraíso de retiro" para las estrellas europeas, la liga más rica de Asia ha vuelto al punto de partida. Se acabaron los contratos millonarios y los sueños de dominio continental. El fútbol chino está entrando en un cauteloso período de reconstrucción, donde los jugadores nacionales vuelven a ser el centro de atención y todos los planes deben basarse en el mérito, no en el dinero.

Del paraíso de los millonarios al páramo financiero

Hubo una época en que la Superliga china era la tierra prometida para los jugadores que buscaban su contrato definitivo. Paulinho, Tevez, Hulk, Bakambu, Fellaini, Witsel, Carrasco… llegaron a China no solo por la experiencia, sino también por una remuneración que superaba los estándares del fútbol europeo. Los clubes chinos estaban dispuestos a pagar el doble, incluso el triple, de lo que los jugadores podían ganar en la Premier League o LaLiga.

Ese furor comenzó en 2013, cuando Xi Jinping llegó al poder e identificó el fútbol como un proyecto estratégico nacional. Se fijaron tres objetivos: clasificarse para el Mundial, ser anfitrión del Mundial y ganar el Mundial antes de 2050.

Para lograrlo, se promulgó un paquete de 50 medidas. Se construyeron cientos de estadios de fútbol. El fútbol se convirtió en una asignatura obligatoria. Se animó a grandes corporaciones como Evergrande y Wanda a invertir en clubes.

Ese plan tuvo un efecto inmediato. En pocos años, la Superliga China se convirtió en el mercado de fichajes más dinámico de Asia.

Pero detrás de esos contratos de alto perfil se esconde una frágil base financiera. Muchos clubes gastan mucho más de lo que ganan, dependiendo exclusivamente del dinero procedente del sector inmobiliario. Cuando la burbuja inmobiliaria estalla, el ecosistema del fútbol se desmorona con ella.

Para 2017, el gobierno chino comenzó a endurecer las regulaciones sobre transferencias e imponer topes salariales. Esta medida buscaba frenar la corrupción y rescatar un sistema que se estaba descontrolando.

Trung Quoc anh 1

Tevez tuvo una breve temporada jugando al fútbol en China.

Pero eso fue solo una medida provisional. Los clubes dependían demasiado de la financiación externa. Cuando se agotó la financiación, muchos equipos contrajeron deudas salariales o incluso se disolvieron. Jiangsu, el campeón nacional, es un claro ejemplo.

Entonces la COVID-19 asestó un golpe fatal. La liga se interrumpió. Los estadios estaban vacíos. Los espectadores perdieron la costumbre de asistir a los partidos. Los ingresos por entradas, la publicidad y los derechos de retransmisión se desplomaron simultáneamente. La Superliga China, antaño símbolo de ostentación, se convirtió en una costosa lección de desarrollo rápido y descontrolado.

El viaje de empezar de nuevo.

El año 2025 marca un triste punto de inflexión. Oscar, la última estrella de la era del dinero, deja China y regresa a Brasil. Según Transfermarkt , el gasto en fichajes para la temporada 2024/25 será incluso menor que en la temporada 2006/07, mucho antes de que se concibiera el sueño del fútbol nacional.

En las cenizas de aquella época, el fútbol chino se vio obligado a cambiar. La búsqueda de estrellas a toda costa había terminado. Los clubes optaron por apostar por los jugadores nacionales. La liga aceptó la pérdida de su antigua gloria para recuperar la sostenibilidad. No fue una decisión romántica, sino una necesidad.

Trung Quoc anh 2

El fútbol chino ya no tiene jugadores estrella caros.

La llegada de un grupo de jugadores españoles en la temporada 2025/26 sugiere un nuevo rumbo. Alberto Quiles, Óscar Melendo, Juan Antonio Ros, Lluís López, Cristian Salvador y Edu García no son fichajes estrella.

Llegan con profesionalismo, trayendo consigo disciplina táctica y estándares de entrenamiento europeos. Este es el tipo de jugador extranjero que necesita la Superliga China: económico, pero capaz de elevar la calidad del fútbol.

La historia del entrenador Quique Setién refleja claramente esta imagen. Dirigió al Beijing Guoan hasta octubre pasado antes de marcharse por motivos personales. Atrás quedaron los proyectos a largo plazo con grandes presupuestos; los clubes chinos ahora solo pueden experimentar paso a paso, con cautela.

El mayor desafío no está en el campo, sino en la confianza. La afición está acostumbrada a ver estrellas europeas cada fin de semana.

Ahora tienen que acostumbrarse a los jóvenes jugadores nacionales y a los partidos sin glamour. Reconstruir la cultura futbolística es un largo camino, y no hay garantía de éxito.

La burbuja ha estallado y no se puede arreglar con dinero. La Superliga china se enfrenta a una disyuntiva de vida o muerte: reconstruirse pacientemente desde cero o aceptar el olvido. El sueño de una década de oro ha terminado. Lo que queda es una prueba de carácter y honestidad con uno mismo.

Fuente: https://znews.vn/bong-bong-bong-da-trung-quoc-da-vo-post1615745.html


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