
Campos de cultivo de arroz y camarones en Ca Mau - Foto: QUANG DINH
Pero si consideramos esta tierra únicamente desde la perspectiva de la producción, podríamos pasar por alto, sin darnos cuenta, un recurso aún mayor que el suelo aluvial y el agua dulce: el conocimiento colectivo, la cultura indígena, la adaptabilidad natural y el espíritu creativo de las personas que viven en esta región ribereña.
En este nuevo contexto, a medida que las localidades amplían su espacio de desarrollo mediante vínculos regionales, la transformación digital, la economía verde y la innovación, el surgimiento de centros de innovación y emprendimiento en muchas localidades no debe considerarse un modelo exclusivo de las grandes ciudades o las zonas de alta tecnología.
Más importante aún, debemos preguntarnos: ¿cómo contribuirán estos centros a cambiar el futuro de la región?
Hoy en día se habla mucho de las startups innovadoras en muchos lugares, pero no pocos modelos siguen limitándose a unos pocos concursos de ideas, talleres o espacios de coworking para startups.
Estas actividades son necesarias, pero no captan la esencia de la innovación. Porque la innovación no comienza con la presentación de ideas o productos, sino con la capacidad de identificar problemas locales y atreverse a experimentar con nuevas soluciones.
El éxito de un centro de innovación no debe medirse por la cantidad de eventos que organiza cada año, sino por los cambios reales que aporta a la vida de las personas.
Es entonces cuando los jóvenes desean quedarse en sus ciudades de origen para comenzar sus carreras. Cuando las cooperativas saben gestionar los datos de las zonas de materias primas. Cuando los agricultores pueden usar inteligencia artificial (IA) para identificar plagas y enfermedades, pronosticar el clima o conectarse con los mercados.
Cuando un pueblo artesanal tradicional sabe cómo contar su historia cultural en plataformas digitales. Y cuando los productos locales entran al mercado global no solo con precios bajos, sino también con valor cultural, trazabilidad y la confianza del consumidor.
Es fundamental que estos centros conserven el "ADN territorial" del lugar donde se ubican.
Un error común hoy en día es la mentalidad de intentar copiar mecánicamente los modelos de Silicon Valley, Singapur o Shenzhen, olvidando que cada localidad tiene su propio "gen de desarrollo" único.
Puede que el delta del Mekong no sea el más fuerte en chips semiconductores o tecnologías clave, pero posee recursos que interesan cada vez más al mundo: agricultura tropical, bioeconomía, pesca, energías renovables, economía circular, cultura fluvial y ecosistemas comunitarios.
Si sabemos cómo conectar la tecnología con la agricultura, la logística con los puertos marítimos, la educación con la comunidad, los datos con la vida y la cultura con el turismo creativo, entonces un arrozal, un estanque de peces, un huerto o un pueblo artesanal tradicional pueden convertirse en un centro para la creación de nuevo valor.
En ese momento, la innovación ya no sería un concepto lejano confinado a edificios de cristal, sino que estaría presente en los campos, en las riberas de los ríos y en el sustento de la gente.
En este enfoque, el centro de innovación y emprendimiento debe considerarse un nodo de conexión dentro de todo el ecosistema de desarrollo regional. No solo debe apoyar a las empresas emergentes tecnológicas, sino también conectar a las universidades con las cooperativas, a los científicos con las empresas, a los artistas con las comunidades locales, los datos con la gobernanza y la inteligencia artificial con la vida rural.
Sin esas conexiones, estos centros pueden convertirse fácilmente en una hermosa "envoltura arquitectónica" carente de vitalidad interior.
Otra tarea crucial es traducir las principales políticas sobre ciencia y tecnología, transformación digital, IA y economía verde de documentos escritos a aplicaciones prácticas. Muchas cooperativas aún no comprenden el valor de los datos.
Muchas pequeñas empresas no saben por dónde empezar su transformación digital. Muchos funcionarios locales aún consideran que la IA es algo exclusivo de las grandes corporaciones tecnológicas. Mientras tanto, lo que la comunidad necesita no son solo anuncios sobre resoluciones, sino capacitación, experiencia práctica y apoyo.
Por lo tanto, estos centros deben funcionar como "estaciones de transformación institucional", donde conceptos aparentemente grandiosos se conviertan en herramientas de desarrollo concretas para la gente. No se trata solo de hablar de la IA como una tendencia global, sino de ayudar a los agricultores a utilizarla para gestionar sus cultivos.
No se trata solo de hablar de transformación digital; necesitamos ayudar a las cooperativas a aprender a vender en plataformas de comercio electrónico, rastrear el origen de los productos y crear marcas digitales para los productos locales.
El centro también debe convertirse en un lugar para promover un "movimiento de alfabetización digital" en la nueva era.
Si bien en el pasado los programas de alfabetización ayudaban a las personas a aprender a leer y escribir, hoy necesitamos popularizar las habilidades digitales, las habilidades de datos, el comercio electrónico, las aplicaciones de IA y la capacidad de contar historias en plataformas digitales.
Y a partir de ahí surgió una nueva perspectiva. El "campo" del futuro no solo producirá arroz o mariscos, sino que también generará datos, créditos de carbono, investigación científica, turismo experiencial, educación STEM, contenido digital y modelos de economía circular.
Un campo se mide no solo por su rendimiento, sino también por la cantidad de conocimiento acumulado en él. Una cooperativa no es solo un lugar para organizar la producción, sino que también puede convertirse en un centro de aprendizaje comunitario para la tecnología y la innovación.
La esencia de este modelo radica en considerar la innovación no como una preocupación exclusiva de los laboratorios o las empresas tecnológicas, sino como una capacidad de desarrollo de toda la sociedad.
Por lo tanto, estos centros deben operar bajo un modelo de plataforma abierta, conectando universidades, institutos de investigación, empresas, startups, artesanos, comunidades locales, inversores y una red global de expertos vietnamitas.
En el siglo XX, el delta del Mekong era considerado el granero de arroz del país. En el futuro, esta región tiene el potencial de convertirse en un centro de conocimiento para la economía verde, la economía circular y la innovación de Vietnam.
En ese momento, los centros de innovación y emprendimiento no solo serán lugares para apoyar a las empresas emergentes, sino también lugares para integrar las instituciones en la vida cotidiana, donde la tecnología se encuentre con la comunidad, donde la IA se encuentre con los agricultores, donde la educación se conecte con el campo y donde los jóvenes encuentren sus aspiraciones de desarrollo en sus propias ciudades de origen.
Fuente: https://tuoitre.vn/canh-dong-tri-thuc-o-dong-bang-song-cuu-long-20260529085647782.htm








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