La atención médica posterior a un accidente cerebrovascular es un proceso largo que requiere perseverancia y el estricto cumplimiento de las instrucciones de su médico.
La atención temprana tras un ictus es fundamental para mejorar las probabilidades de recuperación funcional del cerebro y el cuerpo afectados. En muchos casos, las personas que han sufrido un ictus necesitan años para recuperarse. Este proceso de recuperación comienza una vez que los médicos han estabilizado la afección, lo que incluye reducir la presión arterial, recuperar habilidades y abordar los factores de riesgo.
- ¿Cómo se debe cuidar la salud después de un derrame cerebral?
- Dieta
- Actividad física
- Control de peso
- Manejo del estrés
El plan de cuidados de cada persona es diferente; dependerá del estado de salud del paciente.
La fase de cuidados y rehabilitación desempeña un papel crucial en el tratamiento del ictus. Los familiares deben crear un entorno en el que el paciente pueda realizar mucha actividad física.
¿Cómo se debe cuidar la salud después de un derrame cerebral?
- Dieta
Tras un ictus, los pacientes suelen tener dificultades para comer debido a la debilidad muscular, la dificultad para tragar o la pérdida del apetito. Proporcionar suficiente energía y nutrientes mediante una dieta científicamente diseñada para pacientes con ictus ayuda a mejorar su salud, a regenerar y mantener los músculos, a fortalecer el sistema inmunitario y a combatir los agentes nocivos. Una dieta completa y equilibrada, rica en potasio y fibra procedente de verduras de hoja verde, frutas y cereales integrales, ayuda a reducir el riesgo de sufrir un ictus o de que este se repita.
Los alimentos deben ser fáciles de digerir y absorber, y presentarse en forma blanda o líquida, como sopa, papilla o leche. Las comidas deben distribuirse uniformemente en 4 o 5 comidas al día, y se debe evitar comer en exceso. Se deben evitar los alimentos fermentados (verduras encurtidas, cebollas), los alimentos procesados y los estimulantes como los condimentos picantes, el alcohol, el té y el café.

La atención sanitaria temprana tras un ictus es crucial para mejorar las posibilidades de recuperación funcional del cerebro y el cuerpo afectados.
La dieta debe ser baja en sal y agua, ya que los pacientes no pueden excretar grandes cantidades de sal y agua, lo que provoca congestión venosa, edema y deterioro de la función renal. Si el paciente padece insuficiencia cardíaca, la ingesta de agua debe depender de la cantidad de agua excretada en 24 horas. La ingesta de sal debe limitarse a 4-5 g/día para reducir el edema y facilitar la eliminación de los productos de desecho del metabolismo de proteínas, grasas, almidón y azúcares por parte de los riñones.
Se debe reducir la ingesta de energía para evitar el aumento de peso y disminuir la carga sobre los sistemas digestivo y circulatorio. La ingesta de energía debe limitarse a 30-35 kcal/kg/día. Las fuentes de energía deben incluir verduras, papas, frijoles, arroz, fideos y fideos finos.
Necesidades nutricionales esenciales de los pacientes que han sufrido un ictus:
- La ingesta de proteínas debe mantenerse en 0,8 g/kg/día. Elija alimentos bajos en colesterol y ricos en proteínas vegetales (legumbres, soja, tofu) y animales (pescado de mar, pescado de agua dulce, leche, carne magra...). Si el paciente también presenta insuficiencia renal, reduzca la ingesta de proteínas a 0,4-0,6 g/kg de peso corporal/día.
- La ingesta de grasas debe mantenerse entre 25 y 30 g al día, de los cuales un tercio debe provenir de grasas animales y dos tercios de grasas vegetales como el sésamo y el cacahuete. Además, los ácidos grasos presentes en los aceites vegetales pueden reducir el riesgo de sufrir un ictus, especialmente el causado por coágulos sanguíneos en el cerebro.
- Vitaminas y minerales: presentes en frutas maduras, verduras y leche. Contienen mucho potasio, que tiene un efecto diurético, reduce la presión arterial y contrarresta la acidosis (una afección en la que la concentración de ácido en los fluidos corporales supera los niveles normales). En promedio, un plátano contiene 400 mg de potasio, lo que equivale a un vaso de zumo de naranja o una patata asada. Las personas que consumen menos de 1500 mg de potasio al día tienen un 28 % más de riesgo de sufrir un ictus que quienes consumen 2300 mg al día.
Además, para reducir el riesgo de sufrir un derrame cerebral, conviene consumir plátanos y otras frutas y verduras ricas en potasio. Una ingesta adecuada de vitamina C contribuirá a mejorar la función endotelial y a prevenir la formación de coágulos sanguíneos en las arterias.
- Actividad física
Ciertas actividades físicas son esenciales para fortalecer y coordinar los músculos, reducir la tensión muscular y aumentar el rango de movimiento…
Practicar yoga es una buena opción para la recuperación tras un ictus, especialmente para quienes tienen problemas de equilibrio o miedo a caerse. El yoga favorece el movimiento corporal, mejora la respiración y potencia el bienestar mental.
- Control de peso
Mantener un peso saludable y reducir el porcentaje de grasa corporal es una forma de controlar muchos factores de riesgo de accidente cerebrovascular. El aumento de peso o el sobrepeso pueden elevar la presión arterial, la dislipidemia y la diabetes, factores de riesgo importantes para un accidente cerebrovascular. Por el contrario, la pérdida excesiva de peso puede debilitar al paciente, disminuir su inmunidad y dificultar una rehabilitación eficaz.
Para mantener un peso saludable, los pacientes que han sufrido un ictus necesitan seguir una dieta basada en evidencia científica. Las comidas deben ser equilibradas e incluir todos los grupos de alimentos, priorizando las verduras de hoja verde, las frutas frescas, los cereales integrales, el pescado y las fuentes de proteínas magras. Limitar el consumo de sal, azúcar, grasas saturadas y alimentos procesados ayuda a controlar mejor la presión arterial y los lípidos en sangre.
Además de una buena nutrición, el ejercicio adecuado a la condición física de cada persona es indispensable. Los ejercicios de rehabilitación, las caminatas suaves o el ejercicio guiado por un profesional ayudan a quemar energía, mantener la masa muscular y mejorar la salud cardiovascular.
El control del peso requiere un esfuerzo a largo plazo, combinado con un seguimiento médico regular. Al mantener un peso saludable, los pacientes que han sufrido un ictus no solo se recuperan mejor, sino que también mejoran su calidad de vida y reducen el riesgo de recaída.
- Manejo del estrés
Los altos niveles de estrés están relacionados con un mayor riesgo de sufrir un accidente cerebrovascular. El estrés prolongado puede aumentar la presión arterial, alterar el sueño, afectar la concentración y retrasar la recuperación neurológica. Por lo tanto, el manejo del estrés desempeña un papel fundamental en la atención integral de los pacientes que han sufrido un accidente cerebrovascular.
Ante todo, los pacientes necesitan apoyo psicológico oportuno por parte de sus familiares y profesionales de la salud. Escuchar, compartir y brindar apoyo ayuda a reducir la soledad y la sensación de impotencia. Mantener un estilo de vida saludable, como dormir lo suficiente, llevar una dieta equilibrada y limitar el consumo de alcohol y estimulantes, también contribuye a un estado de ánimo estable.
Además, técnicas de relajación como la respiración profunda, la meditación, el yoga suave o escuchar música pueden ayudar a reducir la ansiedad y mejorar el estado de ánimo. Participar en una rehabilitación regular y establecer metas pequeñas y alcanzables ayudará a los pacientes a recuperar la confianza en sí mismos.
Una gestión eficaz del estrés no solo ayuda a los pacientes que han sufrido un ictus a recuperarse de forma más efectiva, sino que también contribuye a prevenir la recurrencia y a mejorar la calidad de vida a largo plazo.
Fuente: https://suckhoedoisong.vn/cham-care-nguoi-benh-sau-dot-quy-169260122232607693.htm






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