
Según el corresponsal de la Agencia de Noticias de Vietnam en Bruselas, el acuerdo se finalizó en medio de estadísticas que demuestran que el sistema actual ya no es efectivo. Solo alrededor del 29% de los migrantes obligados a abandonar la UE son deportados. Esto significa que de cada cuatro personas en esta situación, tres permanecen en el país, generalmente trasladándose a otro Estado miembro, cambiando de domicilio o simplemente desapareciendo. La nueva ley busca subsanar estas deficiencias.
El núcleo de la normativa reside en que, por primera vez, impone obligaciones legales a la propia persona deportada. En consecuencia, quienes no tengan derecho de residencia en la UE deben abandonar proactivamente el territorio del Estado miembro correspondiente, cooperar con las autoridades, presentar documentos de identificación, facilitar datos biométricos y no obstaculizar el proceso de repatriación. Anteriormente, la negativa a marcharse de la UE no infringía técnicamente ninguna ley. El incumplimiento podía acarrear consecuencias más graves.
En concreto, los Estados miembros pueden recortar las subvenciones y prestaciones en virtud de la legislación nacional, denegar las ayudas a los repatriados voluntarios y, cuando la legislación nacional lo permita, aplicar sanciones penales, incluida la prisión. Para quienes sean considerados una amenaza para la seguridad, los Estados miembros pueden imponer prohibiciones de entrada superiores al máximo habitual de 10 años, incluso prohibiciones permanentes, y ordenar su detención en prisiones.
Una de las disposiciones más controvertidas fue el mecanismo de los "centros de retorno", que se refiere a centros de repatriación ubicados fuera de la UE. Según la nueva ley, los Estados miembros podrán firmar acuerdos con terceros países para establecer estos centros como escala temporal antes de que las personas deportadas regresen a su país de origen u otro destino final. Un requisito indispensable es que el país firmante respete las normas internacionales de derechos humanos y el principio de no devolver a las personas a lugares donde puedan correr peligro. Los menores no acompañados quedan excluidos de este mecanismo.
La nueva normativa también introduce un documento común que todos los Estados miembros deben utilizar al tomar decisiones de deportación, conocido como la Orden Europea de Repatriación. Esta orden sentará las bases para el reconocimiento mutuo de las decisiones de repatriación entre los Estados miembros. No obstante, el reconocimiento mutuo seguirá siendo inicialmente voluntario. La normativa se revisará al cabo de tres años, momento en el que la Comisión Europea podrá proponer que este mecanismo sea obligatorio para todos los Estados miembros.
El Reglamento de Repatriación complementa directamente el Tratado de la UE sobre Migración y Asilo, adoptado en 2024 y que entró en vigor este mes de junio. El Tratado ya abarca la mayoría de los aspectos de la política migratoria, desde los controles sanitarios y la seguridad fronteriza hasta los requisitos de admisión y los procedimientos de asilo. Este Reglamento de Repatriación abordará la principal laguna que deja el Tratado: la resolución del problema de las personas a quienes se les ha denegado el asilo pero que se niegan a marcharse.
Este acuerdo aún debe ser aprobado formalmente tanto por el Consejo como por el Parlamento Europeo una vez que se hayan completado todas las revisiones legales y lingüísticas.
Fuente: https://nhandan.vn/chau-au-dat-buoc-ngoat-ve-chinh-sach-di-tru-post966422.html







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