Más allá de las soluciones técnicas, esta política tiene un profundo significado cultural y social, y apunta a construir un entorno digital disciplinado y humano, en línea con los requerimientos de desarrollo del país en la nueva era tras la exitosa conclusión del XIV Congreso Nacional del Partido.
Hoy en día, el ciberespacio se ha convertido en parte integral de la vida cultural y social. Mientras que antes las actividades culturales se desarrollaban principalmente en espacios físicos como hogares, escuelas, teatros, museos o plazas públicas, ahora gran parte de la vida espiritual de las personas se desarrolla en las pantallas de teléfonos y computadoras. Allí, las personas conversan, expresan emociones, comparten opiniones, disfrutan del arte, reciben información y participan en actividades económicas y sociales. En otras palabras, el ciberespacio se ha convertido en un "nuevo espacio cultural".
Pero como cualquier espacio cultural, el entorno digital no solo es brillante, sino que también tiene zonas oscuras. Con la explosión de las redes sociales y las plataformas en línea, las conductas desviadas son cada vez más frecuentes: las noticias falsas se propagan rápidamente, la violencia verbal se vuelve común, el honor y la dignidad personal se violan abiertamente, el fraude en línea está en aumento y los niños están expuestos a contenido dañino. Un denominador común entre muchos de estos fenómenos negativos es que se esconden tras capas de cuentas "falsas", tarjetas SIM "desechables" e identidades ambiguas difíciles de rastrear.
Es en este contexto que la Directiva No. 57-CT/TW establece la exigencia de implementar un sistema nacional de identificación y autenticación en el ciberespacio, unificando la identificación de los ciudadanos con los usuarios de redes sociales, suscriptores de telecomunicaciones y recursos de Internet como nombres de dominio y direcciones IP.
Al mismo tiempo, la directiva enfatiza la gestión rigurosa de las tarjetas SIM "basura", las cuentas "falsas", el anonimato y la aplicación de la verificación de identidad obligatoria para los usuarios de redes sociales, junto con mecanismos de control de edad para proteger a los menores. A primera vista, se trata de una historia sobre tecnología y gestión de datos. Pero, en un nivel más profundo, se trata de restaurar y fortalecer las normas culturales en el entorno digital.
La cultura, en definitiva, es un sistema de valores, normas y comportamientos reconocidos por una comunidad. Cuando las personas acceden al espacio digital con una mentalidad anónima, abandonan fácilmente las restricciones éticas inherentes a la vida real. El anonimato crea una sensación de "exención de responsabilidad", lo que aumenta la probabilidad de que el discurso se vuelva extremo, descontrolado e incluso hiriente para los demás.
Vincular cada cuenta de redes sociales a una identidad verificada no pretende privar a los ciudadanos de su libertad de expresión, sino enmarcarla en la responsabilidad. La libertad nunca equivale a arbitrariedad. En la vida real, cada palabra y acción de una persona está vinculada a su honor, dignidad y responsabilidad legal.
El ciberespacio, si se considera parte de la vida social, también debe funcionar según ese principio. Cuando se verifican las identidades, cada persona reflexionará mejor antes de hablar, mostrará más respeto por los demás y será más consciente de las consecuencias de sus actos.
Desde una perspectiva de gobernanza nacional, la identidad y la autenticación cibernéticas también son fundamentales para construir un entorno digital seguro y confiable, un requisito previo para el desarrollo de la economía digital y la industria cultural digital. El comercio electrónico, los servicios en línea, la creación de contenido digital y los pagos sin efectivo requieren confianza entre las partes interesadas. Cuando el fraude de identidad, las estafas en línea y el robo de propiedad se generalizan, la confianza social se erosiona, lo que genera dudas a la hora de participar en actividades económicas digitales.
Desde una perspectiva cultural, un entorno en línea inseguro distorsiona la vida espiritual. Cuando los usuarios están constantemente expuestos a noticias falsas e información perjudicial, los valores positivos se ven fácilmente eclipsados. Los artistas y creadores de contenido genuinos pueden verse perjudicados por campañas de desprestigio anónimas. En este contexto, la Directiva 57 puede considerarse un paso hacia la "limpieza" del espacio cultural digital, creando las condiciones para que los valores auténticos, buenos y bellos se difundan con mayor fuerza.
Un aspecto muy humano de la Directiva 57 es la exigencia de aplicar mecanismos de control de edad para proteger a los niños en el ciberespacio. Hoy en día, los niños crecen en un entorno digital donde Internet se ha convertido en una herramienta habitual para el aprendizaje, el entretenimiento y la comunicación.
Sin embargo, los niños también son el grupo más vulnerable al contenido dañino y al abuso en línea. Cuando las plataformas digitales carecen de mecanismos de verificación de edad, se exponen fácilmente a contenido que escapa a su comprensión o se convierten en víctimas de manipulación y acoso. Combinar la verificación de identidad con los controles de edad demuestra la responsabilidad de la sociedad con las generaciones futuras.
No se trata solo de una solución técnica, sino de una decisión cultural: priorizar la seguridad y el desarrollo saludable de los niños. Al mismo tiempo, contribuye a fomentar el uso responsable de internet desde pequeños. Cuando los niños comprendan que cada cuenta está vinculada a una persona real y que cada acción en línea tiene consecuencias, pronto desarrollarán un comportamiento civilizado en el entorno digital.
Tras el éxito del 14º Congreso Nacional, el país entró en una nueva etapa de desarrollo que requiere una estrecha integración del crecimiento económico, el progreso social y el desarrollo cultural.
La transformación digital se identifica como uno de los motores clave del desarrollo, pero es inseparable de la construcción de una persona digital y una cultura digital. En este contexto, la Directiva 57 desempeña el papel de «hito institucional» destinado a establecer la disciplina en el ciberespacio, que cada vez tiene una influencia más profunda en la vida espiritual de la sociedad.
Se puede afirmar que identificar y verificar el ciberespacio es un paso necesario para pasar de una mentalidad de "gestión pasiva" a una de "gobernanza activa" en el entorno digital. En lugar de esperar a que se produzcan graves consecuencias sociales, esta política refleja un enfoque preventivo, centrado en las personas y basado en la cultura.
Cuando el ciberespacio esté “iluminado” por una identidad genuina y una responsabilidad real, se convertirá en un entorno favorable para la difusión del conocimiento, la creatividad y los valores positivos de la nación.
Fuente: https://baovanhoa.vn/van-hoa/dinh-danh-de-giu-gin-van-hoa-so-202625.html






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