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| Los votantes acuden a las urnas para estudiar y seleccionar la lista de candidatos por los que votar. Foto: Ngoc Hoa |
Algunas personas leen la lista con atención, mientras que otras solo le echan un vistazo y tachan rápidamente los nombres que no quieren. Basta con un simple trazo de pluma, porque la esencia de la acción se llama "tachar".
Estaba a punto de hacer lo mismo cuando me fijé en un rincón de la mesa. Una joven colocaba con cuidado una pequeña regla sobre la papeleta y trazaba líneas rectas para tachar a los delegados por los que no votaba. Sus movimientos eran lentos y firmes, en marcado contraste con el ritmo apresurado de muchos a su alrededor.
Al observarla con atención, me di cuenta de que era una antigua alumna. Hace apenas unos años, estaba sentada en mi clase de literatura, con sus cuadernos aún oliendo a papel nuevo, y ahora ha crecido, se ha graduado de la universidad y ha regresado a su ciudad natal para trabajar. En tono de broma le pregunté:
¿Por qué necesitas usar una regla tan complicada, cariño?
La chica sonrió con mucha naturalidad:
Sí, incluso tachar palabras requiere respeto, señor.
Esa breve respuesta me sorprendió. En realidad, mucha gente, al votar, tachar un nombre es simplemente un trámite. Si no eliges a alguien, lo tachas. Pero para esa joven, ese gesto adquirió un significado diferente: aunque no votes por alguien, debes mantener una actitud respetuosa.
Pensándolo bien, no es descabellado.
Los candidatos a la 16.ª Asamblea Nacional y a los Consejos Populares de todos los niveles para el periodo 2026-2031 fueron nominados y gozan de cierta confianza. Además, son personas que desean contribuir a la comunidad. El hecho de que los votantes no los eligieran es simplemente una cuestión de comparación, una consideración entre muchos nombres. No haber sido elegidos no significa que no sean buenos, sino simplemente que no eran los candidatos más idóneos para satisfacer las expectativas de los votantes en ese momento.
Por lo tanto, la forma en que alguien tacha una pregunta en una papeleta, por pequeña que sea, refleja la actitud de la persona que la escribe.
En la cultura vietnamita, el respeto siempre se ha considerado un valor fundamental. Se manifiesta no solo en los grandes eventos, sino también en los pequeños gestos cotidianos. Una palabra amable, un comportamiento sereno o simplemente un trazo pulcro de la pluma pueden demostrar la cortesía de una persona.
La imagen de la niña tachando su nombre en la papeleta con una regla me recordó las lecciones de mi época escolar. Al enseñar a los alumnos, los profesores solían hablar mucho sobre la compasión, la bondad y la responsabilidad con la comunidad. Estas cosas a veces suenan grandilocuentes, pero en realidad se cultivan con acciones muy sencillas.
Quizás hace muchos años, en una clase de buenos modales, aquella alumna aprendió a respetar a los demás. Ahora, ya adulta, esa lección se manifiesta sutilmente en la forma en que sostiene el bolígrafo.
Lo encomiable es que la generación joven actual está desarrollando gradualmente una perspectiva muy humana. Entienden que el derecho a elegir les pertenece, pero ejercer ese derecho también requiere cultura. Respetar a los demás no solo implica estar de acuerdo con ellos, sino también no elegirlos.
Desde una perspectiva más amplia, esta breve historia también invita a reflexionar sobre la cultura democrática. Una sociedad democrática no se construye únicamente sobre regulaciones transparentes o procesos electorales, sino también sobre la conciencia de cada ciudadano al participar en actividades comunes. Cuando cada persona sabe pensar, reflexionar y comportarse de manera civilizada, los valores democráticos perdurarán.
La pequeña regla que la niña sostenía en la mano aquel día podría haber sido un objeto común y corriente. Pero en ese instante, se convirtió en un hermoso símbolo de cuidado y respeto. Un simple trazo, pero tras él se escondía una actitud: elegir o no mantener la dignidad hacia los demás.
Tras emitir su voto, la niña dobló cuidadosamente la papeleta y la depositó en la urna. Me saludó con una sencilla sonrisa. Quizás para ella, usar una regla para tachar la papeleta era solo una pequeña costumbre. Pero para mí, fue una lección que me hizo reflexionar.
En la vida, a veces nos centramos en los grandes gestos y olvidamos que la belleza de la sociedad se crea a partir de pequeñas acciones. Una persona recogiendo basura en la calle, alguien cediendo su asiento en el autobús o una niña usando una regla para tachar una pregunta en una papeleta electoral… todos estos gestos demuestran la conciencia y la bondad humanas.
Al salir del colegio electoral, las palabras de mi alumno aún resonaban en mi mente: "Incluso tachar una papeleta requiere respeto".
No se trata solo de tachar un nombre en una papeleta. Se trata también de cómo cada persona expresa su actitud hacia la comunidad. Y a veces, es precisamente a través de esas pequeñas y pulcras tachaduras que uno se da cuenta de una verdad simple: la civilización de una sociedad comienza con acciones pequeñas pero sinceras.
Fuente: https://huengaynay.vn/chinh-polit-xa-hoi/gach-bo-trong-tran-trong-164151.html







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