
El aceite de menta en realidad no enfría nada, pero engaña al cerebro enviando el mismo tipo de señales neuronales que cuando tocas hielo. - Foto: IA
Cuando chupamos un caramelo de menta o salimos a la calle en una mañana de invierno, nuestro cuerpo siente de inmediato una refrescante sensación de frescor. Sin embargo, detrás de esta sensación familiar se esconde un mecanismo biológico sumamente sofisticado.
En la 70ª reunión anual de la Sociedad Americana de Biofísica, celebrada el 8 de marzo de 2026, científicos de la Universidad de Duke (EE. UU.) presentaron por primera vez imágenes detalladas de cómo funciona el "microtermómetro" que hay dentro de una célula.
TRPM8: El "termómetro" oculto dentro de la célula.
La clave de este descubrimiento reside en un canal proteico llamado TRPM8. Se trata de un sensor fundamental ubicado en las membranas de las células nerviosas de la piel, la boca y los ojos, responsable de enviar señales al cerebro cuando la temperatura ambiente desciende (normalmente entre 8 °C y 28 °C).
Cuando la temperatura desciende, el canal TRPM8 se abre, permitiendo que los iones inunden las células como una corriente eléctrica, lo que desencadena la transmisión de señales al cerebro. Sin embargo, lo sorprendente es que esta sensación no se debe únicamente al cambio de temperatura. El mentol, un compuesto presente en las hojas de menta, actúa como un ingenioso "impostor", capaz de unirse a una ubicación específica del TRPM8 y provocar su apertura, al igual que cuando el cuerpo se expone a temperaturas bajo cero.
"El aceite de menta en realidad no enfría nada, pero engaña al cerebro enviando el mismo tipo de señales neuronales que cuando tocas hielo", explicó el investigador Hyuk Joon Lee.
Para observar este "truco de magia" a nivel atómico, el equipo de investigación utilizó microscopía crioelectrónica (crio-EM). Esta tecnología les permite congelar rápidamente las proteínas y capturar el momento en que pasan de un estado cerrado a uno abierto.
Las imágenes 3D revelan que las bajas temperaturas y el aceite de menta activan los canales proteicos a través de dos vías distintas pero sinérgicas. Mientras que las bajas temperaturas alteran directamente la estructura formadora de poros de la proteína, el mentol se une a una región diferente, generando cambios conformacionales generalizados que "desbloquean" el canal iónico.
Cuando se combinan ambos elementos, por ejemplo, utilizando menta en clima frío, la reacción se amplifica, creando una sensación refrescante que penetra profundamente en el corazón.
Nueva esperanza para pacientes con dolor crónico y sequedad ocular.
La exitosa decodificación de la estructura de TRPM8 no solo satisfizo la curiosidad de la comunidad científica, sino que también revolucionó la medicina. Las alteraciones en el funcionamiento de este canal sensorial están directamente relacionadas con las migrañas, el dolor crónico y el síndrome del ojo seco.
Actualmente, el acoltremón, un colirio con un mecanismo que imita el mentol, está aprobado para el tratamiento de la sequedad ocular, ya que estimula la proteína TRPM8 para producir lágrimas naturales. El descubrimiento de un punto débil específico en esta proteína resulta prometedor para que las compañías farmacéuticas diseñen analgésicos de última generación, más específicos y seguros que los métodos tradicionales.
Finalmente, el misterio de décadas sobre la sensación de frescor tiene una explicación clara a nivel molecular. Esto demuestra que la naturaleza tiene formas sofisticadas de interactuar con el mundo , y que los humanos estamos dominando gradualmente esos códigos.
Fuente: https://tuoitre.vn/bi-an-cam-giac-mat-lanh-cua-bac-ha-vua-duoc-giai-ma-2026030819301245.htm







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