De repente, miré a mi alrededor. Entonces, a lo lejos, un rincón del cielo se tiñó de púrpura. Racimos de flores se mecían con el viento, sus diminutos pétalos caían como polvo púrpura en el aire puro de marzo.
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Flores de albaricoque en marzo. Foto: nld.com.vn |
¡Florecen los árboles de mirto! Sus flores no son tan deslumbrantes como para dejar a la gente boquiabierta. Son de un púrpura pálido, un púrpura tenue. Pero es precisamente este delicado tono púrpura el que calma el corazón. Bajo la copa del mirto, el suelo está salpicado de pétalos caídos, finos como el papel, frescos al tacto y suaves como un hilo de memoria.
Cuando era pequeña, solía pasear por aquel camino arbolado. Las flores caían sobre mi pelo y mis hombros, pero nunca me molestaba en quitármelas. Simplemente sentía una extraña e indescriptible sensación en el corazón. Quizás era la sensación de crecer en plena floración.
La floración de los albaricoqueros anuncia la llegada de marzo. Marzo no es tan bullicioso como el comienzo de la primavera, ni tan ardiente como el verano. Se sitúa en la mitad de la estación, trayendo consigo los últimos vestigios de frescura y los primeros atisbos del cálido sol. En este espacio de transición, los albaricoqueros florecen como una suave brisa de la naturaleza.
La lluvia primaveral sigue cayendo como hilos de seda. Los racimos de flores se mecen suavemente, sus diminutos pétalos caen sobre el camino. De repente comprendí que algunas cosas en la vida son como las flores de albaricoque: discretas, silenciosas, pero una vez que han calado hondo en el corazón de una persona, dejan una fragancia profunda y duradera.
Con tan solo una suave brisa que trae el aroma de las flores de albaricoque, sé que encontraré el camino de regreso a la vieja senda, para redescubrir una parte de mi juventud que aún vive viva en mi corazón.
Bajo esas hileras de mirtos, nuestra infancia transcurría día tras día. Jugábamos a juegos infantiles bajo el sol del mediodía: dibujábamos a toda prisa el "O An Quan" (un juego de mesa tradicional vietnamita) en el suelo, con canicas brillantes en los bolsillos, cuyo nítido "clic" resonaba en el patio lleno de flores caídas. Algunas tardes nos tumbábamos bajo los mirtos, escuchando el susurro del viento, con los pétalos cayendo sobre nuestras mejillas y manos. En aquel entonces, nadie lo consideraba un recuerdo. Los mirtos siguen floreciendo, con su fragancia tan suave como siempre. Solo que ya no somos los niños que fuimos. La infancia se cierra como una puerta suave, pero cada marzo, con un aroma fugaz, esa puerta se abre de nuevo, permitiéndome ver a mi yo del pasado: descalza, con el pelo revuelto, riendo a carcajadas bajo un cielo de flores púrpuras.
Conduje despacio para llegar a tiempo al trabajo. Las ruedas giraban, pero mi corazón se quedó atrás. Al mirar hacia atrás, aún imaginaba esas flores despidiéndose suavemente de un viejo amigo que regresaba después de mucho tiempo. Resulta que algunas temporadas de flores no solo florecen en las ramas. Florecen en el corazón, floreciendo a lo largo de toda la vida.
Fuente: https://www.qdnd.vn/van-hoa/doi-song/goc-troi-tim-thang-ba-1032293







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