
La reciente aparición del robot Gabi en el templo Jogyesa de Seúl, Corea del Sur, ha atraído mucha atención. Durante una ceremonia organizada por la Orden Jogye del budismo coreano, al robot humanoide de aproximadamente 1,3 metros de altura se le otorgó el nombre budista de "Gabi" y participó en el ritual de iniciación.
Algunas de las normas para los robots también se interpretan de una manera apropiada para la era tecnológica, como por ejemplo no causar daño, no mentir, ahorrar energía y no dañar a otros robots.
Esta no es la primera vez que la tecnología llega a un templo. En Vietnam, en 2019, la pagoda Giac Ngo en Ciudad Ho Chi Minh lanzó el robot Giac Ngo 4.0, capaz de recitar escrituras, recibir preguntas y responder aproximadamente 3000 preguntas relacionadas con el budismo.
Estos fenómenos pueden resultar extraños, incluso controvertidos. ¿Pueden los robots refugiarse en el budismo? ¿Pueden las máquinas recitar escrituras? ¿Disminuye la tecnología la solemnidad de un monasterio budista?
Pero si lo analizamos desde una perspectiva más amplia, la aparición de robots o inteligencia artificial refleja una realidad: la vida religiosa también se enfrenta a la necesidad de adaptarse a la era digital.
Con el paso de los años, los espacios religiosos han cambiado significativamente bajo la influencia de la tecnología. Las charlas sobre el Dharma se transmiten en directo, las escrituras se digitalizan y los retiros se pueden reservar en línea.
Los jóvenes aprenden sobre el budismo a través de las redes sociales, podcasts, vídeos cortos o aplicaciones de meditación. Por lo tanto, los robots que recitan escrituras o la inteligencia artificial que responde preguntas budistas son simplemente un paso más en el proceso de la tecnología como herramienta para apoyar la difusión de las enseñanzas budistas.
Un robot capaz de responder preguntas básicas sobre el budismo podría ayudar a los recién llegados a esta fe a sentirse menos intimidados. Un sistema de enseñanza asistido por IA, cuidadosamente diseñado, podría ayudar en la investigación de las escrituras, la explicación de conceptos y la recomendación de sermones adaptados a las necesidades individuales.
Para los jóvenes, acostumbrados a recibir información a través de dispositivos digitales, estos formatos pueden despertar una curiosidad inicial, abriéndoles una puerta para que entren en el mundo de las enseñanzas religiosas de una manera más accesible.
Sin embargo, el atractivo de la tecnología también presenta limitaciones que deben reconocerse claramente. Los robots carecen de «humanidad» y experiencia. Por otro lado, la esencia de la práctica espiritual no reside en repetir un ritual, sino en la atención plena.
Quien canta lo hace no solo para producir sonido, sino también para escuchar, reflexionar sobre sí mismo, cultivar la compasión y desarrollar la capacidad de transformación.

La gente acude a los templos no solo para presenciar los rituales, sino también para encontrar la paz interior, aprender a desprenderse de los apegos y los deseos, y ser más compasiva consigo misma y con los demás. Por muy avanzada que sea la tecnología, estas cosas siguen formando parte de la experiencia humana.
Por lo tanto, la cuestión no radica en si se deben introducir o no robots o inteligencia artificial en los espacios budistas. La pregunta más importante es: ¿cuál es el propósito de su introducción, en qué medida y quién es responsable del contenido que transmite esta tecnología?
Si la IA se considera únicamente como una herramienta para ayudar en la investigación, guiar a los recién llegados y recordarles que practiquen buenas acciones, entonces podría ser un medio útil.
Pero si la tecnología se convierte en el centro de atención, transformando los rituales en representaciones, entonces el aspecto "sagrado" puede quedar fácilmente eclipsado por la curiosidad.
Desde la historia del robot Gabi en Corea del Sur hasta el "pequeño monje" de la Ilustración 4.0 en Ciudad Ho Chi Minh, queda claro que la religión no está al margen del flujo de la tecnología.
Pero la religión no debe ser arrasada únicamente por las novedades tecnológicas. En el budismo, todos los medios deben, en última instancia, guiar a las personas de vuelta a lo fundamental: reducir el sufrimiento, vivir con atención plena, cultivar la compasión y asumir una mayor responsabilidad por sus vidas.
En última instancia, la tecnología es simplemente un medio para acercar a las personas al umbral de la fe. Cruzar ese umbral para practicar la atención plena y vivir una vida consciente sigue siendo un esfuerzo personal.
Fuente: https://vietnamnet.vn/khi-ai-robot-tu-si-tiep-can-chon-thien-mon-2457067.html







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