Imagen ilustrativa Donde encontré paz 9:36:35 - 5/6/2025 BPO - En abril, mi ciudad natal es como una camisa vieja secándose bajo el sol frío, seco y apagado. No ha llovido en días, el suelo es como una mancha callosa, manchada con los colores del tiempo y el viento. Esta escena aparentemente tranquila refleja claramente el ajetreo de la vida, donde la gente siempre corre contra el tiempo, olvidando los momentos de paz. Eran apenas las ocho o nueve de la mañana, pero el sol ya ardía. El sudor me corría por la espalda, calándome como un riachuelo. La vida moderna, con su ritmo acelerado, nos arrastra como un río, haciéndonos a veces olvidar que un momento de tranquilidad basta para calmar la fatiga. Al mirar el jardín, los árboles parecen doblarse bajo el sol abrasador. En esos momentos, lo único que se anhela es una lluvia suave, suficiente para salvarlo todo. Al igual que los rincones más profundos del corazón humano, la sociedad moderna también necesita una lluvia suave para sanar, para aliviar las grietas que no podemos ver en el torbellino del trabajo y la presión. Por suerte, alrededor del mediodía, una suave brisa del sur soplaba desde el sureste, trayendo una humedad fresca y refrescante que aliviaba el calor abrasador. El viento susurraba entre las hileras de palmeras, alborotándome el pelo y escociéndome los ojos, pero era una sensación agradable. Era como esos raros momentos del día en los que nos detenemos, escuchamos el viento y sentimos la paz en el fluir de la vida. Y a veces, simplemente dejar ir las preocupaciones nos permite encontrar el espacio para recargar energías. En un mediodía húmedo, solo necesito una hamaca tendida bajo un árbol, dejar que la brisa me meza suavemente, mi mente relajada, mi alma llevada por el viento... eso es suficiente. En ese momento, no necesito luchar contra el sueño; simplemente dejo que el instinto me guíe hacia un mundo de ensueño. Es entonces cuando encuentro tranquilidad en medio del ajetreo de la vida, cuando ya no hay motores de coches, ni reuniones, ni plazos... solo un espacio fresco, natural y tranquilo. En abril, la temporada de humedades, regreso al mar, donde puedo redescubrir momentos de sanación, siguiendo la tendencia conocida como "Mar Vitaminado". El mar de mi ciudad natal, la bahía de Hoa (Xuan Thinh), es tan tranquilo como un lugar de meditación. Aquí, la naturaleza parece haber alcanzado la pureza absoluta. Bajo el susurrante pinar, los sonidos eran como una melodía de cuento de hadas, arrullando mi alma en un ensueño. El viento soplaba con fuerza; ya no era una suave caricia, sino un rebosante de recuerdos. Tumbada en la hamaca mecida, miré al cielo, escuché la tierra y sentí como si mi corazón se limpiara del polvo de la ciudad, donde a veces olvidamos cómo detenernos y respirar hondo. A lo lejos, al borde del agua, las cometas, llenas de viento, se elevaban y planeaban en el aire. Mientras volaban, mi alma se elevaba con ellas. De repente, me sentí ligero como una pluma, como si me hubiera despojado de todas las cargas de la vida. La vida no es solo una carrera sin fin; a veces, se trata de dejarse llevar, sumergirse en el espacio y la naturaleza, para redescubrirse a uno mismo. Al caer la tarde, la playa se llenó aún más, con lugareños y turistas. Nadaban, tomaban fotos y jugaban alegremente. Cuando la playa se vació, me metí suavemente en el agua. El mar de mi pueblo me acarició como el abrazo de una madre: suave, indulgente y familiar. Me dejé llevar por las olas, dejando que mi corazón regresara a mi infancia... Al mirar al cielo, vi un cielo azul claro que se oscurecía gradualmente. El cielo y el mar parecían fundirse en uno solo, difuminando la línea entre la costa y el horizonte. A lo lejos, una luna creciente colgaba torcida, como una hoja perdida en un sueño. Pequeñas olas susurraban, acariciando las rocas blancas, como si contaran la historia del mar, una historia milenaria. En ese momento, encontré la paz, algo que solo podemos encontrar cuando escapamos temporalmente del ajetreo de la vida. En medio del océano, extiendo los brazos, relajo el cuerpo, respiro hondo y exhalo suavemente. Me dejo llevar por el suave ritmo de las olas. Todo el ruido, todas las cargas cotidianas se disipan poco a poco, lenta y pacíficamente, como la arena que se hunde en el fondo del mar azul. Un raro momento de paz, suave como el rocío de la mañana, frágil pero profundo. A pesar de las turbulentas olas de la vida exterior, simplemente me sumerjo en el ritmo de la respiración del mar... La verdadera paz reside en los momentos de quietud, cuando nos detenemos, escuchamos el ritmo de la tierra y el de nuestra propia alma. Es cuando dejamos ir las preocupaciones para sentirnos en armonía con la naturaleza. A veces, la sanación no proviene de nuestros logros, sino de los momentos en que permitimos que nuestra alma se libere. Como las olas que acarician suavemente la orilla, la paz siempre está en nuestro interior; solo necesitamos saber cuándo detenernos y sentirla. --------------------------------------------------------------------------- A partir del 7 de septiembre de 2020, el periódico en línea Binh Phuoc lanzó la columna "Cosas simples". Este será un nuevo "patio de recreo" para todos los lectores de todo el país, que ofrecerá perspectivas simples pero significativas que resuenan con muchos y encarnan perfectamente el lema de la columna: "cosas simples". Los artículos deben enviarse a: baoindientu.thoisu@gmail.com; Tel: 0888.654.509. La redacción pagará regalías a los autores cuyos artículos sean publicados, de acuerdo con la reglamentación. Los detalles se pueden encontrar aquí. Temperatura basal del cuerpo (BBT) |
Fuente: https://baobinhphuoc.com.vn/news/19/172398/noi-toi-tim-thay-binh-yen






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