
La selección italiana (derecha) está desapareciendo gradualmente del mapa del fútbol mundial - Foto: AFP
Pocos podrían haber predicho que el cuatro veces campeón del mundo se perdería tres Copas del Mundo consecutivas.
Solo puedo culparme a mí mismo.
La dura derrota de la selección italiana en Zenica la mañana del 1 de abril no fue un colapso repentino. Bosnia y Herzegovina no ganó por superioridad técnica ni por su estatura, sino que Italia perdió por errores propios y falta de serenidad.
Antes de tener que disputar los decisivos playoffs, la selección italiana tuvo una decepcionante fase de clasificación, quedando a seis puntos de Noruega, líder del grupo. El hecho de tener que recurrir al arriesgado sorteo ya era un indicio de inestabilidad.
En la final de la repesca, todo parecía estar al alcance del equipo de Gennaro Gattuso cuando Moise Kean abrió el marcador. Sin embargo, la serenidad de un "gran equipo" que antaño sabía cómo sentenciar los partidos se había desvanecido. La desastrosa tarjeta roja a Alessandro Bastoni al final de la primera parte simbolizó la impaciencia y la falta de control del equipo italiano en aquel momento.
Cuando el partido se decidió en la tanda de penaltis, precisamente en el mismo lugar donde se habían proclamado campeones de la Eurocopa 2020, la confianza se había esfumado. Los penaltis fallados por Pio Esposito y Bryan Cristante evidenciaron el fracaso de aquella generación. Pero, ¿podían acaso culparse del mal estado del terreno de juego en Zenica o de la humedad del 97%, como algunos sugieren? La respuesta es no. Un equipo del calibre de Italia no debería dejar que su destino dependa del clima o del azar del sorteo de la Liga de Naciones de la UEFA.
Este declive es un proceso a largo plazo. Tras ganar la Eurocopa 2020 —ahora calificada de "brillante ilusión"—, la selección italiana no ha vuelto a ser la misma. Han perdido el rumbo en la definición de su estilo, abandonando el tradicional enfoque defensivo del Catenaccio, pero sin la agudeza necesaria para implementar un sistema de ataque contundente.
Los constantes cambios en el cuerpo técnico —de Roberto Mancini a Luciano Spalletti y luego a Gattuso— dejaron a la selección italiana a la deriva. Los italianos fracasaron porque ya no sabían cuál era su lugar en el panorama futbolístico mundial.
¿Hacia dónde se dirige el fútbol italiano?
Esta angustiosa pregunta está sacudiendo al fútbol italiano. "La selección italiana se ha convertido en el hazmerreír", exclamó la leyenda Alessandro Del Piero. Una nación futbolística que alguna vez produjo figuras como Maldini, Baggio y Pirlo ahora lucha por encontrar un delantero centro de clase mundial o un líder espiritual capaz de levantar a sus compañeros en los momentos difíciles. La raíz de la crisis reside en la propia estructura del fútbol italiano.
La Serie A, otrora considerada una "mini Copa del Mundo", se encuentra muy por detrás de la Premier League y La Liga tanto en finanzas como en visión de futuro. Los clubes italianos, presionados por los resultados a corto plazo, han optado por fichar jugadores extranjeros baratos o confiar en veteranos en declive. La falta de oportunidades para los jóvenes talentos de las canteras ha frenado el desarrollo de la próxima generación, dejando a los jugadores italianos sin la experiencia práctica necesaria para competir al más alto nivel.
Además, existe la desventaja económica . El hecho de que los clubes no sean dueños de sus estadios limita los ingresos, lo que conlleva una falta de inversión en el desarrollo de jóvenes talentos e infraestructura. Cuando jóvenes promesas italianas como Barella o Bastoni tienen que cargar con el peso de un sistema obsoleto, se agotan fácilmente o se desorientan ante la rápida transformación del fútbol europeo.
¿Qué futuro le espera al fútbol italiano si sigue aferrándose a glorias pasadas? A menos que la Federación Italiana de Fútbol (FIGC) emprenda una revolución radical, comenzando con cambios en la normativa sobre jugadores nacionales en la Serie A y unificando las filosofías de entrenamiento en todas las categorías inferiores, el dolor de no clasificar para el Mundial no terminará.
El fútbol italiano necesita un verdadero resurgimiento, no solo promesas vacías. Necesita redescubrir su identidad: tenacidad, disciplina y una férrea determinación en los momentos cruciales.
Doce años, y ahora dieciséis, de ausencia en la Copa del Mundo suponen un duro golpe para el orgullo de la afición italiana. Cuando la selección italiana ha caído en el olvido, casi hasta el punto de ser invisible en el panorama futbolístico mundial, es hora de aceptar la necesidad de reconstruir desde cero. De lo contrario, quedará para siempre como un bello recuerdo en las viejas películas de la historia del fútbol.
Fuente: https://tuoitre.vn/sac-thien-thanh-nhat-nhoa-20260402003650062.htm







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