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Noviembre: el mes en que el amor encuentra su camino de regreso.

(Dong Nai) - Algunos dicen que noviembre es el mes de las almas sensibles, de aquellas que se conmueven fácilmente con los sutiles cambios de la naturaleza. Quizás sea cierto. Porque con el primer frío de la estación, ¿quién no ha sentido que su corazón se ablanda, como si anhelara redescubrir algo que se perdió hace mucho tiempo?

Báo Đồng NaiBáo Đồng Nai03/11/2025

Cuando caen las últimas hojas doradas, sé que ha llegado noviembre. El mes de la suave brisa que roza mi ropa, el mes del tenue aroma a sol que perdura en los viejos tejados de tejas, de las mañanas frescas que invitan a quedarse un rato más bajo las mantas. Cada año, en este momento de transición, surge en mi corazón un sentimiento difícil de describir: una mezcla de nostalgia, calidez y anhelo por algo que quedó sin decir.

Noviembre trae consigo un frío que invita a la cercanía. Lo llamo la "temporada del amor", porque cuando baja la temperatura, la gente se conmueve con mayor facilidad, se muestra más receptiva al calor de una mano, una mirada o un abrazo tierno. En medio del ajetreo de las calles, a veces basta con ver a una pareja apoyada en los hombros del otro, meciéndose con la brisa, para ablandar nuestros corazones y hacernos sentir la verdadera dulzura de la vida.

En noviembre, los vientos monzónicos soplan entre los árboles, trayendo consigo el aroma terroso del cambio de estación. Las calles se vuelven repentinamente silenciosas, como si la ciudad misma supiera hacer una pausa. Los puestos callejeros encienden sus fogones, el humo se eleva del maíz asado, las papas al horno, los pasteles de plátano fritos… Ese aroma impregna el viento, filtrándose en cada rincón, evocando innumerables recuerdos. Todavía recuerdo cuando era pequeño, después de la escuela, que todos los niños parábamos en el puesto de la señora Tư al final del callejón, esperando ansiosamente las papas recién asadas, aún humeantes al pelarlas. La sensación de comerlas mientras les soplábamos para enfriarlas, riendo con los amigos… al recordarlo ahora, parece tan simple y a la vez tan reconfortante.

Noviembre también nos hace apreciar aún más el valor del calor. Afuera, los vientos monzónicos soplan con fuerza, pero dentro de nuestra pequeña casa, mamá ya se ha levantado temprano para encender la estufa de carbón. La olla de agua de jengibre hierve vigorosamente, su aroma penetrante inunda la cocina. Mamá dice: "El clima se está poniendo más frío, bebe un poco de agua de jengibre por la mañana para calentarte el estómago, no vaya a ser que te resfríes". En medio del frío de principios de temporada, solo escuchar la risa de mamá y verla trabajar diligentemente junto al fuego es suficiente para que este noviembre se sienta tan suave y cálido.

Noviembre: el mes en que los días apenas transcurren antes de que la noche se apodere de la ciudad. Son solo las seis de la mañana, pero el cielo ya está oscuro y las farolas iluminan las calles. Afuera, la gente se apresura a regresar a casa tras un largo día, con el frío persistente del principio del otoño aún presente en su ropa. Dentro de cada casa, el aroma del arroz recién cocido inunda el ambiente, las risas y las conversaciones llenan la mesa, el tintineo de los cucharones contra la olla humeante de sopa crea una imagen de sencilla felicidad. En medio del frío exterior, nada reconforta más que sentarse con los seres queridos, compartir una comida sencilla y recordar las historias de un día ajetreado, estresante y arduo.

Noviembre es también un mes que despierta emociones con facilidad. Algunas tardes, al estar expuestos al viento frío, una sutil tristeza se cuela en nuestros corazones: una tristeza sin forma definida, solo una sensación de anhelo. Anhelo por alguien, por un tiempo pasado, o simplemente por nuestro yo del pasado. Algunos dicen que noviembre es el mes de las almas sensibles, aquellas que se conmueven fácilmente con los pequeños cambios de la naturaleza. Quizás sea cierto. Porque con el primer frío de la estación, ¿quién no ha sentido que su corazón se ablanda, como si anhelara redescubrir algo que ya no existe?

Y en medio de todas esas emociones, noviembre también nos trae a la mente un día muy especial: el Día del Maestro. Flores frescas, buenos deseos, miradas de agradecimiento… todo nos transporta a nuestros días de escuela. La imagen de maestros dedicados en sus clases, las marcas de tiza blanca en la pizarra, permanecerá para siempre como un hermoso recuerdo en el corazón de todos. No importa cuán lejos estemos, cuando llega noviembre, nuestros corazones se ablandan y sentimos la necesidad de detenernos y dar las gracias, aunque solo sea en silencio.

Noviembre tiene un significado único para cada persona. Para quienes están lejos de casa, es un mes de nostalgia. Para los enamorados, es un mes de calidez y abrazos. Para los solitarios, es un mes de recuerdos silenciosos. Pero, independientemente de las circunstancias, noviembre siempre evoca una sensación de ternura, como una nota suave en la sinfonía de la vida.

Ha Trang

Fuente: https://baodongnai.com.vn/van-hoa/dieu-gian-di/202511/thang-11-noi-yeu-thuong-tim-ve-272020a/


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