Durante décadas, el consumo excesivo de alcohol, acompañado de provocaciones y burlas en cenas, se ha convertido en una fuente de ansiedad para muchos. Frases como «no beber es una falta de respeto» o «los hombres deben darlo todo» constituyen, en esencia, una forma de violencia psicológica que priva a las personas de su libertad de elección y del derecho a proteger su salud.
Proporcionar una cifra económica específica para cuantificar la falta es la forma más rápida de crear un efecto disuasorio. Cuando la autoconciencia aún no se ha desarrollado a partir de una percepción consciente, las sanciones pueden ser una herramienta eficaz para corregir el comportamiento.
Una multa de entre 1 y 3 millones de VND puede no ser una suma elevada para algunas personas, pero confirma que obligar a otros a beber alcohol es una violación de la ley.
Sin embargo, la opinión pública también ha expresado su preocupación por la viabilidad de esta regulación. En el contexto de una reunión para beber, ¿cómo se puede distinguir entre "coacción" y "coacción"? La línea que separa una invitación de la coacción es muy difusa.
Además, reunir pruebas para un posible enjuiciamiento también es una tarea difícil para las fuerzas del orden. ¿Tendría la persona coaccionada el valor de denunciar a sus amigos, familiares o socios comerciales mientras la sesión de consumo de alcohol aún continúa?
Estos son obstáculos que deben resolverse con directrices más específicas. Las leyes no deben quedarse solo en palabras escritas en un papel, sino que deben contar con mecanismos para su correcta aplicación práctica, a fin de evitar la situación de "empezar algo y no terminarlo".
El mayor valor del Decreto 90/2026/ND-CP no reside en el dinero recaudado por las multas, sino en su capacidad para cambiar las percepciones sociales. Esta normativa actúa como un escudo legal, brindando a las personas vulnerables en reuniones sociales una razón legítima para rechazar bebidas sin temor a ofender a nadie. Promueve el desarrollo de una cultura de consumo responsable donde el respeto mutuo es primordial.
Una sociedad moderna no puede construirse sobre la base de la embriaguez involuntaria y los consiguientes accidentes de tráfico o violencia doméstica.
El objetivo último del Decreto 90 no es prohibir completamente el alcohol, sino regular el comportamiento humano en una dirección más civilizada.
Para que el Decreto se implemente de manera efectiva, además de su estricto cumplimiento por parte de las autoridades competentes, cada persona debe ajustar su actitud. La verdadera alegría en cada celebración debe nacer de la voluntad, no de la presión ni del miedo.
Fuente: https://baothainguyen.vn/xa-hoi/202604/xay-dung-van-hoa-am-thuc-tren-ban-tiec-8010aa9/






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