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Trece semanas de aferrarse a la vida, tambaleándose entre la vida y la muerte.

Algunos gemelos nacen al mismo tiempo, con apenas unos instantes de diferencia, mientras que otros llegan hasta 13 semanas después que sus padres. Estos casos son poco frecuentes, pero ponen de manifiesto el extraordinario trabajo realizado por médicos y profesionales sanitarios.

Báo Đầu tưBáo Đầu tư28/12/2025

Esta es la historia de los gemelos que la Sra. Nguyen Thi Lien llevó en su vientre durante un viaje sin precedentes: un bebé nació a las 26 semanas de gestación con un peso inferior a 800 gramos, mientras que el hermano menor permaneció en el útero durante otras 13 semanas antes de finalmente nacer sano a las 38 semanas, el 15 de abril.

Tras cinco años de infertilidad, la Sra. Lien inició su embarazo con grandes esperanzas, pero estas se vieron rápidamente frustradas cuando, a las 22 o 23 semanas de gestación, mostró claros signos de amenaza de aborto espontáneo y tuvo que ser hospitalizada en lo que los médicos denominaron una "delgada línea entre conservar y perder al bebé".

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Este caso tiene un significado emocional especial y marca un hito profesional importante.

Según la Sra. Truong Minh Phuong, subdirectora del Departamento de Obstetricia y Ginecología A4 del Hospital de Obstetricia y Ginecología de Hanoi , a esta edad gestacional las posibilidades de supervivencia son prácticamente nulas; un feto ha descendido mucho y casi no hay posibilidad de salvarlo.

La decisión en aquel momento no solo fue una cuestión profesional, sino también una elección difícil para la madre. «Hubo momentos en que estuvimos al borde de la desesperación. Continuar sería muy arriesgado, pero detenernos significaría perder a nuestros hijos. Ambos aún latían dentro de nosotras. Mientras hubiera un atisbo de esperanza, tenía que intentarlo», recordó Lien con la voz quebrada por la emoción.

Cuando ya no fue posible demorar más el nacimiento, el primer bebé tuvo que ser trasladado inmediatamente a cuidados intensivos, mientras que en el Hospital de Obstetricia y Ginecología de Hanoi comenzó otra batalla, silenciosa pero mucho más intensa: salvar la vida del feto restante.

Tras el parto, con el cuello uterino dilatado, el riesgo de infección, hemorragia posparto y retraso del crecimiento fetal está siempre presente. Cada día es una apuesta, donde incluso el más mínimo error podría costar la vida tanto de la madre como del bebé.

Durante las siguientes 13 semanas, el equipo médico tuvo que vigilar de cerca hasta el más mínimo cambio. El plan de tratamiento no era fijo, sino que se ajustaba continuamente según la evolución del embarazo, desde el control de la infección y la reducción de las contracciones hasta el apoyo al desarrollo pulmonar y circulatorio fetal. Todas las intervenciones se realizaron de forma temprana, sin esperar a que surgieran complicaciones.

El proceso de tratamiento también implica la coordinación entre múltiples especialidades y la consulta con expertos para garantizar que cada decisión sea la solución óptima. «Después del primer parto, cada día que logramos mantener el resto del embarazo es una victoria. Pero el objetivo no es solo preservar el embarazo, sino también proteger la salud de la madre», compartió la Sra. Phuong.

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El proceso de tratamiento también implica la coordinación entre múltiples especialidades y la consulta con expertos para garantizar que cada decisión sea la solución óptima.

A lo largo de ese proceso, no se trató solo de medicina, sino también de la resiliencia de una madre que vivió meses sumida en una profunda angustia. Un niño recibía tratamiento en el Hospital Nacional Infantil, luchando por sobrevivir cada día, mientras que otro ángel permanecía en el vientre materno, sin que nadie supiera con certeza qué sucedería.

El padre tampoco podía olvidar la sensación cada vez que sonaba el teléfono del hospital, con el corazón latiéndole con fuerza. "Ver a mi hijo allí, todavía necesitando oxígeno, todavía conectado al tubo, me partía el corazón", dijo con la voz quebrada, pero luego se aferró a las pequeñas señales de que su hijo estaba ganando peso y a que pronto le retirarían el respirador para tranquilizarse.

Lo que impulsó a los médicos a seguir adelante no fue solo su responsabilidad profesional, sino también la fe de la familia. «Por favor, salven a mi hijo», esas palabras se convirtieron en el ancla que impulsó a todo el equipo a continuar su silenciosa pero ardua batalla.

Y entonces, tras trece semanas de tensión, algo que casi nadie se había atrevido a predecir, nació el segundo bebé a término, con un peso de 2,1 kg y en perfecto estado de salud. Ese momento no fue solo el éxito de un parto, sino la culminación de una ardua lucha por preservar la vida día tras día, hora tras hora.

Según la Dra. Mai Trong Hung, directora del Hospital de Obstetricia y Ginecología de Hanoi, este caso no solo tiene un significado emocional especial, sino que también representa un importante hito profesional. Mantener el embarazo durante 13 semanas adicionales en condiciones de alto riesgo, tras un parto prematuro, demuestra la creciente capacidad del hospital para gestionar embarazos de alto riesgo.

En los últimos años, la unidad ha ido dominando gradualmente muchas técnicas de reanimación neonatal, atención a bebés prematuros y manejo de embarazos complejos, aumentando significativamente las posibilidades de supervivencia en casos que antes eran prácticamente imposibles de salvar.

Los responsables del Hospital de Obstetricia y Ginecología de Hanói destacaron que el éxito del caso se debió a la coordinación de las distintas especialidades, la estrecha monitorización horaria y, sobre todo, a la estrategia de intervención temprana y proactiva. Esta es también la línea que el hospital sigue impulsando para mejorar la calidad del tratamiento, no solo preservando la vida, sino también garantizando una buena calidad de vida a largo plazo para los bebés prematuros.

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Ese milagro de 13 semanas no fue fruto de la suerte, sino de cada decisión precisa, de cada hora de monitorización impecable, de una madre que nunca se rindió y de los médicos que optaron por continuar.

Actualmente, la primera bebé también está progresando favorablemente, ya respira por sí sola y se alimenta con leche. La familia aún tiene muchas preocupaciones, pero su esperanza crece día a día con la recuperación de la niña. En dos días, la Sra. Lien recibirá el alta hospitalaria, y lo que más anhela no es volver a casa, sino visitar a su hija, quien continúa su lucha en otro hospital. Cree que el amor de una madre será la fuente de fortaleza que ayudará a su hija a superar esta situación.

Ese milagro de 13 semanas no fue fruto de la suerte, sino de decisiones acertadas, de una atención impecable durante horas, de una madre que nunca se rindió y de los médicos que decidieron seguir adelante, incluso cuando el futuro deparaba posibilidades insospechadas. A veces, la medicina no se trata solo de curar enfermedades, sino del esfuerzo incansable de estos ángeles de bata blanca para que un niño pueda finalmente emitir su primer llanto.

Fuente: https://baodautu.vn/13-tuan-khong-buong-tay-giua-lan-ranh-sinh-tu-d571741.html


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