Cabe recordar que, antes y después de la promulgación de la Ley de Educación Superior de 2018 (Ley n.º 34), se produjeron ocasionales debates en la opinión pública sobre los nombres de las universidades, especialmente sus nombres en inglés. La causa principal fue la ley que permitía la existencia de varias universidades dentro de una misma institución. Este modelo es común en muchos países con sistemas de educación superior desarrollados, pero su aplicación al sistema vietnamita generó problemas al traducir los nombres de las universidades al inglés, ya que tanto "đại học" (universidad) como "trường đại học" (escuela universitaria) son equivalentes a "university". Como resultado, Vietnam terminó con varias "universidades" dentro de una misma institución.
El Decreto 99, que regula la aplicación de algunos artículos de la Ley N° 34, también ha intentado aclarar la denominación de las universidades, pero aún no ha reflejado los deseos del organismo estatal de gestión. En el nuevo borrador del decreto, se establece claramente el principio de denominación: no se deben utilizar palabras ni frases que contengan términos como «nacional», «internacional» o que indiquen un estatus especial.
De hecho, la nueva normativa del proyecto de decreto no solo aborda la caótica situación de la nomenclatura derivada del modelo de las grandes universidades, sino que también representa un ajuste necesario para que el sistema de educación superior retome el camino correcto de una denominación legítima y adecuada. Desde hace tiempo, la opinión pública se muestra insatisfecha con algunas universidades que se han autodenominado arbitrariamente nombres rimbombantes. De ahora en adelante, los nombres de las universidades no solo deben garantizar la legitimidad como base sólida para su funcionamiento, sino también reflejar su carácter: el nombre debe ser acorde con sus capacidades.
La legitimidad también queda claramente demostrada en la normativa relativa a los campus filiales; los nombres deben indicar claramente «Campus Filial» seguido de la ubicación, y no se permiten términos engañosos como «institución independiente» o «patrocinada por el gobierno ». Esta transparencia es fundamental para proteger los derechos de los estudiantes, ayudándoles a comprender la verdadera naturaleza de su titulación y de la institución a la que asisten.
Sin embargo, para que la normativa sobre la denominación de las universidades sea viable y evite obstáculos burocráticos, se necesita una guía más detallada por parte del órgano rector. Por ejemplo, el borrador prohíbe el uso de las palabras «internacional» y «nacional», pero contempla una excepción «a menos que una autoridad competente lo considere y decida». Por lo tanto, los criterios para ser denominada «nacional» o «internacional» deben hacerse públicos y transparentes.
Además, la norma que prohíbe combinar nombres vietnamitas con palabras extranjeras y exige el uso de terminología vietnamita estándar y de uso común también plantea un problema que requiere una solución ingeniosa. En la era digital, muchos nombres propios simbólicos, abreviados o relacionados con la tecnología se están convirtiendo en tendencia. Aplicar esta norma de manera que se preserve la pureza del idioma vietnamita y, al mismo tiempo, no se restrinja la creatividad de la marca de las universidades modernas, supondrá un reto importante.
Otro aspecto importante es qué sucederá con las escuelas cuyos nombres no se ajusten a su "estatus" o no cumplan con el decreto. Si mantenemos el principio de irretroactividad, podría resultar injusto, ya que, junto a escuelas que no son verdaderamente "internacionales", existen otras que aspiran a serlo pero no pueden incorporar esa aspiración en sus nombres.
Al resolver estos problemas, las nuevas regulaciones no solo aportarán legitimidad, sino que también crearán un incentivo para una competencia justa basada en el mérito y no en el nombre.
Fuente: https://thanhnien.vn/chinh-danh-cho-giao-duc-dai-hoc-185251221214015934.htm






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