La verdad ha sido revelada.
Según la agencia de noticias iraní Mehr, la guerra de 40 días no fue simplemente una confrontación militar entre Irán y la coalición estadounidense-israelí; también se convirtió en un escenario para exponer las realidades subyacentes de la región.
Muchos países de la región, que en los últimos años han intentado consolidarse como potencias influyentes en Asia Occidental, se han enfrentado a duras realidades geopolíticas en esta importante prueba.
Entre ellos, los Emiratos Árabes Unidos (EAU) ocupan un lugar especial, un país que en las últimas dos décadas ha dependido de su riqueza económica y de sus relaciones estratégicas con Estados Unidos e Israel para extender su influencia más allá de su esfera natural.
Una de las lecciones más importantes de esta guerra es que las grandes potencias son aliadas estratégicas en momentos críticos, priorizando la protección de sus propios intereses por encima de la seguridad de sus socios regionales.
La experiencia de las últimas décadas en Asia Occidental ha confirmado repetidamente esta realidad. En diversas ocasiones, Estados Unidos ha demostrado su disposición a sacrificar incluso a sus aliados más cercanos para hacer frente a las cambiantes condiciones estratégicas y a las circunstancias volátiles.
Pero parece que un sector de la élite política de los Emiratos Árabes Unidos todavía cree que la cercanía con Estados Unidos e Israel puede brindar una forma de inmunidad estratégica. Los acuerdos de seguridad, la cooperación en materia de inteligencia y la normalización de las relaciones con Israel pueden analizarse dentro de este marco.
Sin embargo, la guerra de 40 días demostró que este cálculo no se ajustaba a la realidad regional.
Durante toda la guerra, uno de los principales objetivos de Estados Unidos e Israel fue alterar el equilibrio de poder regional. Creían que, ejerciendo una fuerte presión militar, podrían debilitar la posición de Irán e imponer el orden que deseaban. Sin embargo, el resultado final fue completamente diferente.
El secreto de la estabilidad
El fracaso de los objetivos declarados e implícitos de la guerra revela que la estructura de poder en la región es mucho más compleja de lo que podría modificarse mediante operaciones militares o alianzas extranjeras.
Esta realidad es particularmente importante para los Emiratos Árabes Unidos porque una parte significativa de su política exterior en los últimos años se ha basado en la premisa de que el equilibrio de poder regional puede alterarse con la ayuda de actores externos.
Sin embargo, la ubicación geográfica tiene sus propias reglas. Los Emiratos Árabes Unidos se encuentran en una región donde su seguridad depende en gran medida de la estabilidad de las zonas circundantes.
Este país no posee una gran profundidad estratégica, una población numerosa ni capacidades militares comparables a las de las principales potencias de la región. Gran parte de la fortaleza de los Emiratos Árabes Unidos reside en su economía, comercio, inversión y su papel como centro de tránsito.
Por lo tanto, cualquier inestabilidad generalizada en la región podría afectar los intereses de los Emiratos Árabes Unidos con mayor gravedad que los de muchos otros países.
Por este motivo, vincular el futuro del país a proyectos que generan tensión y alianzas militares extranjeras no se ajusta a los intereses nacionales a largo plazo de los Emiratos Árabes Unidos.
La experiencia de la guerra de 40 días demuestra que cualquier conflicto regional a gran escala puede afectar rápidamente a la seguridad económica, la energía, el comercio y la inversión, precisamente las áreas que constituyen la fortaleza de los Emiratos Árabes Unidos.
Otro punto importante es que la guerra de 40 días demostró una vez más que el verdadero poder en Asia Occidental no proviene únicamente de equipos militares avanzados o de apoyo extranjero.
La voluntad nacional, la capacidad interna, la unidad nacional y la capacidad de resistir la presión externa siguen siendo los factores más importantes para generar fortaleza.
Muchos cálculos basados en la superioridad tecnológica o en el apoyo de las grandes potencias han sido cuestionados en esta guerra.
Para los Emiratos Árabes Unidos, esta realidad debería considerarse una seria advertencia. Un país cuya seguridad y estabilidad dependen en gran medida de su entorno no puede mantener políticas de confrontación indefinidamente.
Cuanto mayor sea la brecha entre las políticas de los EAU y la realidad geopolítica de la región, mayor será el costo de esa brecha. En los últimos años, se han hecho cada vez más evidentes los indicios de una reevaluación de ciertos aspectos de la política exterior de los EAU.
En este marco se pueden evaluar los esfuerzos por reducir las tensiones con algunos países de la región y ampliar las relaciones económicas con los vecinos. Sin embargo, la guerra de 40 días demostró que este proceso requiere mayor profundidad y seriedad.
La seguridad sostenible en la región del Golfo Pérsico no se logra mediante alianzas extranjeras, sino mediante la cooperación entre los países de la región. La experiencia histórica demuestra, además, que la presencia de potencias externas suele complicar las crisis en lugar de reducir las tensiones.
Cuando los países de la región logren resolver sus diferencias mediante el diálogo y la cooperación, se reforzará la estabilidad y surgirán más oportunidades económicas.
Desde una perspectiva estratégica, la lección más importante que los Emiratos Árabes Unidos dejaron tras la guerra de 40 días es que la seguridad no se compra con dinero. Ningún acuerdo de venta de armas, convenio de seguridad ni ayuda exterior puede reemplazar las relaciones estables y constructivas con los países vecinos.
Hoy, los Emiratos Árabes Unidos se enfrentan a una decisión crucial. La primera opción es continuar con políticas que sitúan al país junto a proyectos fuera de la región, convirtiéndolo inadvertidamente en parte de una competencia costosa.
La segunda vía se orienta hacia la cooperación regional, respetando las realidades geopolíticas e invirtiendo en relaciones sostenibles con los países vecinos.
La guerra de 40 días demostró que el futuro de Asia Occidental lo decidirían los propios habitantes de la región, y no potencias extranjeras.
Fuente: https://giaoducthoidai.vn/cuoc-chien-phoi-bay-thuc-te-ngam-khu-vuc-tay-a-post780393.html







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