En los viejos tiempos, el Festival de Medio Otoño en el campo pobre era sencillo pero cálido. Todos estaban llenos de risas, el rítmico vaivén de los pasos en los pequeños caminos bañados por la luz de la infancia. Los niños esperaban ansiosamente el festival desde las tardes anteriores, reuniéndose para tallar bambú, doblar juncos para hacer marcos y pegar papel de colores para hacer faroles en forma de estrella. Los más habilidosos pedían a sus abuelos que hicieran faroles de carpa o conejo... La parte más alegre y emocionante era encender una vela dentro del papel celofán brillante, y cuando la llama resplandecía con fuerza, todos los niños vitoreaban con los ojos brillantes. Entonces, de repente, las canciones infantiles en sus corazones resonaban: "Dung dang dung de, enciende el fuego y ve a jugar...", o la animada canción de antaño: "El farol de estrella, una estrella de cinco puntas, tan colorida...". Entonces, el pequeño camino de tierra, sombreado por bambúes y árboles de betel, se iluminaba tenuemente con los faroles, persiguiendo la brillante luna de otoño. Caminaban, bailaban y cantaban al compás del viento, las nubes y el susurro de las hojas. Cuando llegaba el momento del "festín de contemplación de la luna", mamá dividía en pequeños trozos los exquisitos pasteles de luna y los pasteles de arroz glutinoso, y cada niño los atesoraba, mordisqueando solo un poquito, pero el antojo los vencía, así que devoraban con gusto este regalo de mamá.
| Celebración del Festival del Medio Otoño en el casco antiguo de Nha Trang. |
Antiguamente, los adultos solían obsequiar a los niños con un regalo impresionante: el Festival de Medio Otoño en su aldea. Allí, el vibrante sonido de los tambores de la danza del león resonaba desde las afueras, y jóvenes vestidos de leones, Ông Địa (el Dios de la Tierra), Tôn Ngộ Không (el Rey Mono) y Trư Bát Giới (el Cerdito) bailaban entre multitudes entusiastas. Esa noche, la luna brillaba con fuerza, y a los ojos de los niños, la luna era una amiga bondadosa, un lugar al que confiar sus deseos más luminosos.
Hoy, el Festival de Medio Otoño es más moderno y vibrante. Luces electrónicas reproducen música y los pasteles de luna vienen en una variedad de sabores. Las calles bullen de actividad y los niños corren con linternas centelleantes, rebosantes de alegría. Aunque la forma haya cambiado, la misma emoción inocente permanece en esos ojos claros. Antes, los niños soñaban con tener la linterna en forma de estrella más grande del vecindario y un pastel de luna con abundante relleno. Ahora, sueñan con transformarse en princesas o superhéroes, llevando linternas bajo la luz de la luna con sus amigos. Los sueños cambian con el tiempo, pero conservan su inocencia y pureza originales.
Para los adultos, cada Festival de Medio Otoño trae consigo recuerdos nostálgicos, un anhelo de volver a la infancia, de jugar en las procesiones de faroles, de escuchar la risa suave de sus padres en el porche. El Festival de Medio Otoño no es solo una fiesta infantil; también es un día para que los adultos reflexionen sobre sí mismos, para redescubrir su infancia en el reino de los recuerdos. Cada pastel de luna, cada farolero, cada luna es un puente que conecta el pasado y el presente, entre lo que ha sido y lo que permanece.
Esta noche, la luna está llena de nuevo. Los niños confían inocentemente sus sueños a la luz de la luna, mientras los adultos susurran sobre viejos recuerdos. Entre el vibrante sonido de los tambores de la danza del león y las luces deslumbrantes, ver la alegría en los ojos de los niños y la luz de la luna llena los corazones de los adultos con una calidez única.
DUONG MY ANH
Fuente: https://baokhanhhoa.vn/van-hoa/sang-tac/202510/ky-uc-mua-trung-thu-ae83b1d/






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