
El viaje a las islas de Song Tu Tay, Son Ca, Nam Yet, Da Lon (B), Sinh Ton, Truong Sa Dong, Truong Sa y la plataforma DK1/16 (Phuc Tan) no es simplemente una serie de olas que cruzan el mar abierto, sino un viaje que transporta emociones desde el continente hasta las islas lejanas.
Se celebraron ocho eventos de intercambio cultural en ocho lugares diferentes, pero dondequiera que se oía el canto, se extendía la calidez. No había escenario fijo ni luces deslumbrantes; a menudo, el espacio de actuación era simplemente una pequeña área al aire libre, un rincón de una plataforma petrolífera o la cubierta de un barco meciéndose entre las olas.
Fue en este entorno rústico donde el papel del grupo itinerante de artes escénicas se hizo más evidente que nunca. Llegaron a los oficiales y soldados con canciones, música y un sincero intercambio, permitiendo que la música se convirtiera en un puente que unía corazones en medio del vasto océano.
La música en la isla no se limita a un horario específico. Por la mañana, al amanecer, las primeras melodías llenan el aire fresco, despertando un nuevo día con la calidez de la Madre Tierra. Por la tarde, cuando la brisa marina amaina, el ambiente se vuelve más animado y la distancia entre la delegación y los soldados de la isla se acorta. A veces, el programa no tiene un principio ni un final definidos; el canto fluye sin interrupción, como un torrente de emociones que se extiende entre el mar y el cielo.
Allí, cantantes y público eran prácticamente indistinguibles. Los soldados eran a la vez espectadores y participaban activamente en las actuaciones a través de su propio canto. Los aplausos, las miradas radiantes y las melodías armoniosas creaban una atmósfera cargada de emoción, donde los sentimientos compartidos se convertían en el vínculo más fuerte.

Los soldados que mantienen vivo el ritmo del amor.
En ese equipo itinerante de artes escénicas, cada persona era una pieza del rompecabezas, silenciosa pero indispensable. El artista Nguyen Quang Bao Quoc, músico y arreglista, no ocupaba el centro del escenario, pero era quien marcaba el ritmo de todo el programa. Entre la brisa marina y la alta humedad, él y sus compañeros elaboraban con esmero cada nota y melodía para acompañar la letra y permitir que las emociones impregnaran por completo la actuación.
Al regresar a Truong Sa por segunda vez, se sintió profundamente conmovido. Cada vez que venía, comprendía aún más el significado del viaje a esta remota isla. Ante las numerosas limitaciones en las condiciones de actuación, el artista tuvo que ser flexible y adaptarse a las circunstancias. Pero lo que más le impactó no fueron esos obstáculos, sino las miradas de los oficiales y soldados al comenzar el programa. Con solo verlos sonreír y escuchar con atención, supo que las melodías del continente habían tocado verdaderamente los corazones de los soldados de la isla.
Si personas como Nguyen Quang Bao Quoc son los "marcadores del ritmo", entonces el artista Dang Hieu, con sus nueve visitas a Truong Sa, es el "guardián de la llama". Para él, cada viaje es una oportunidad para bajar el ritmo, para sentir más profundamente a las personas que viven en primera línea. Los años pasados en el mar, las largas noches en las islas, las historias sencillas pero conmovedoras… todo se convierte en parte inseparable de sus recuerdos.
Recuerda vívidamente la noche que pasó en la isla de An Bang en 2014. En aquel entorno tranquilo, el sonido de las olas parecía más cercano, y conoció a un joven soldado que acababa de terminar su turno. El soldado le habló de su matrimonio, que apenas había durado dos meses, de su esposa en el continente y de las noches en que extrañaba su hogar y solo podía expresarlo a través de canciones y poemas. «Me recitó poesía, muy sencilla pero llena de emoción. En ese momento, comprendí que la música no es solo entretenimiento, sino también una forma de expresar sus sentimientos», relató.
Fue a través de estas historias que él y los miembros del equipo itinerante de artes escénicas llegaron a comprender aún más profundamente el significado de su trabajo. Llegaron a la remota isla para compartir sus sentimientos, para aliviar la nostalgia por el continente y para compartir los momentos de tranquilidad en la vida de los soldados allí destinados. Como él mismo explicó, lo que conmueve a los oyentes no es la sofisticación de la técnica interpretativa, sino las emociones sinceras que transmite cada canción.

Cuando las letras se convierten en recuerdos
Además de artistas profesionales, el equipo itinerante de artes escénicas también cuenta con voces especiales: personas ajenas al mundo profesional del espectáculo que han dejado una huella imborrable. La profesora Dang Thi Huyen es un ejemplo de ello. Para ella, Truong Sa no es solo un espacio para presentaciones, sino una experiencia verdaderamente inmersiva. Allí, la música trasciende el plan de estudios, fusionándose con la brisa marina, el sol de la isla y la calidez de la conexión humana.
Hay momentos pequeños que se convierten en grandes recuerdos. En la isla de Truong Sa Lon, mientras cantaba, un grupo de niños salió corriendo inesperadamente, se alineó y se movió a su alrededor como si formaran parte de la actuación. No hubo ensayo ni preparación previa, pero se integraron con naturalidad. «Los niños se integraron a la actuación de una manera tan hermosa. En ese momento, sentí que la música realmente trascendía fronteras», recordó.
En las islas pequeñas, el público suele estar formado solo por unos pocos escolares. Es un público reducido, pero precisamente por eso, cada mirada, cada sonrisa, resulta más vívida y conmueve a la cantante de una manera muy especial. Un niño tímido le ofreció una piedrecita y le dijo: «No tenemos nada que darte». Ese sencillo regalo se convirtió en algo que siempre recordará, porque reflejaba la sinceridad de los niños de aquella remota isla. Como ella misma compartió, a veces son las cosas más simples las que emocionan hasta las lágrimas.
No había guion, ni modelo preestablecido. Cantaba desde lo más profundo de su ser, desde lo que veía y sentía entre el mar y el cielo de su tierra natal. Ante los jóvenes soldados que montaban guardia bajo la brisa marina, cantó canciones conocidas como una forma natural de compartir. Lo que más la conmovió no fue la actuación en sí, sino el momento de la despedida. Cuando el barco zarpó de la isla Truong Sa Lon, bajo las tenues luces del muelle, muchos se secaron las lágrimas en silencio. Ese instante le hizo comprender que aquel lugar no era solo una isla remota, sino también un lugar donde anidaban muchas emociones.
El viaje de siete días con ocho presentaciones ha llegado a su fin, pero el impacto perdurable del Equipo Móvil de Artes del Grupo de Trabajo No. 8.2026 sigue resonando a través de los intercambios culturales. Llevaron sus canciones a las islas y regresaron con recuerdos inolvidables. Compartieron el afecto del continente y recibieron profundos testimonios de bondad humana en medio del mar. Sobre todo, esas canciones contribuyeron a reavivar la fe y el amor por la patria en medio de la inmensidad del océano.
Fuente: https://baovanhoa.vn/chinh-polit/loi-ca-giu-dao-giua-trung-khoi-222027.html








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