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Ese otoño

Hay días que pasan y nunca regresan, pero su luz permanece para siempre en el corazón de la nación. El 19 de agosto de 1945 es uno de ellos. Cada otoño, cuando el cielo es azul claro, el sol brilla suavemente y el viento lleva el aroma de los pasteles de arroz recién hechos por las calles, los recuerdos de ese otoño histórico regresan, conmoviendo los corazones de millones de vietnamitas.

Báo Long AnBáo Long An18/08/2025

Manifestación para tomar el poder el 19 de agosto de 1945, en Hanoi.

Han pasado ochenta años desde que toda la nación se alzó para reclamar su soberanía, pero los ecos heroicos de la Revolución de Agosto aún resuenan como tambores en todos los ámbitos de la vida. No es solo un acontecimiento, sino un símbolo inmortal de fuerza de voluntad, la fuerza de la unidad y un patriotismo inquebrantable.

El 19 de agosto de 1945, las calles de Hanói resplandecían con el rojo de las banderas. Una multitud, como un torrente furioso, se agolpaba desde cada esquina hacia la Plaza del Gran Teatro. Los gritos de "¡Independencia! ¡Independencia!" resonaban como truenos y relámpagos. Fue un día en el que campesinos con las manos embarradas, obreros con ropas raídas, intelectuales, estudiantes, mujeres y jóvenes, todos unidos en el corazón de la nación. Sin necesidad de que se lo dijeran, todos comprendieron: este era el momento decisivo, el momento para que Vietnam se levantara tras casi un siglo de vivir en la oscuridad de la esclavitud.

Nada es mayor que el poder de las masas cuando se guían por una convicción. Bajo la bandera del Partido Comunista de Vietnam , bajo la luz de la ideología de Ho Chi Minh, toda la nación se alzó simultáneamente, creando una revolución "rápida como un rayo, poderosa como una tormenta". En 15 días, el poder estaba en manos del pueblo de todo el país. Un milagro histórico que pocas naciones han logrado.

De este modo, nació la República Democrática de Vietnam, el primer estado obrero y campesino del Sudeste Asiático. Por primera vez en su milenaria historia, el pueblo vietnamita pudo alzar la cabeza y proclamarse con orgullo ciudadano de un país independiente y libre. La Revolución de Agosto inauguró una nueva era: la era del poder popular, la era de la independencia nacional vinculada al socialismo.

Pero para alcanzar esa gloria, se derramó mucha sangre y sacrificio. Innumerables personas sacrificaron su juventud, su vida entera, para proteger cada bandera, cada calle, para que el levantamiento se extendiera como una gran ola. Y en ese torrente de revolución, la Fuerza de Seguridad Pública Popular estuvo presente desde el principio, silenciosa pero firme.

Ellos fueron quienes mantuvieron el orden, garantizaron la seguridad de las manifestaciones, protegieron las comunicaciones secretas, dieron refugio a los cuadros revolucionarios y demostraron ingenio en los enfrentamientos con agentes secretos y la policía títere. Tras tomar el poder, fueron los primeros en alzarse para proteger los logros incipientes de la revolución, luchar contra los enemigos internos y externos y mantener la paz para el gobierno recién establecido. La Policía Popular se convirtió en un "escudo de acero", un sólido apoyo en el que el pueblo confiaba, lo que permitió al gobierno emergente resistir innumerables desafíos.

Durante 80 años, generaciones han continuado esta tradición. Desde tiempos de guerra y conflicto, hasta las penurias del período de subsidios, e incluso en tiempos de paz, la Fuerza de Seguridad Pública Popular se ha mantenido silenciosamente al frente. Estos son los soldados en la frontera que luchan día y noche contra el contrabando y la delincuencia; los agentes de ciberseguridad que protegen con perseverancia la soberanía digital; y los dedicados policías de distritos y comunas que mantienen la paz en cada calle y pueblo. No solo son fuerzas del orden, sino también amigos cercanos y compañeros en la vida cotidiana de la gente.

Si la Revolución de Agosto nos dio la independencia, la Fuerza de Seguridad Pública Popular ha sido crucial para preservarla durante los últimos 80 años. La paz que disfrutamos hoy —la risa de los niños en los patios de las escuelas, el bullicio de las calles, las abundantes cosechas— lleva la huella y el sudor de estos héroes anónimos.

Hoy, al entrar el país en una era de integración y desarrollo, los desafíos ya no son las armas de los invasores extranjeros, sino la sofisticada infiltración de criminales y las amenazas a la seguridad no tradicionales. Sin embargo, el espíritu de la Revolución de Agosto permanece intacto: con fe, unidad y determinación, nuestra nación superará todas las dificultades.

En el 80.º aniversario de la Revolución de Agosto, no solo miramos al pasado para expresar nuestra gratitud, sino que también reflexionamos sobre el presente para encontrar nuestras responsabilidades. La independencia no es algo que se logra de una vez por todas; debe preservarse y cultivarse a lo largo de las generaciones. Esta responsabilidad recae no solo sobre los hombros de la policía y el ejército, sino también sobre cada ciudadano: cada estudiante diligente, cada trabajador dedicado, cada agricultor comprometido con sus campos, cada funcionario honesto… todos contribuyen a preservar los logros de la revolución.

Con la llegada de agosto, la bandera roja con una estrella amarilla ondea con orgullo por las calles. Al mirarla, no solo vemos la sangre y el sacrificio de nuestros antepasados, sino también la fe y la responsabilidad que tenemos hoy. Y entonces nos recordamos: debemos vivir vidas dignas, trabajar duro y contribuir de una manera digna de ese otoño, el otoño que hizo historia.

La Revolución de Agosto no es solo un hito histórico, sino un día en nuestros corazones. Un día para recordarnos que la libertad no se consigue concediéndola, sino con la lucha; la paz no surge de forma natural, sino del sacrificio silencioso. Y nuestra responsabilidad hoy es prolongar ese otoño, con fe y esfuerzo, para que el país se mantenga fuerte y la Patria perdure para siempre.

Duque Anh

Fuente: https://baolongan.vn/mua-thu-nam-ay-a200865.html


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