Al mirar en retrospectiva la historia de la deuda pública global, es fácil ver un denominador común: los países que caen en crisis a menudo cometen errores en al menos una de tres áreas: falta de transparencia, mala gestión de riesgos y endeudamiento no vinculado al crecimiento.
Grecia en 2009 es un claro ejemplo. Cuando la información sobre los déficits presupuestarios y la deuda pública se ocultó durante años, en el momento en que se desvaneció, la confianza del mercado se desplomó instantáneamente, los rendimientos de los bonos se dispararon y el país tuvo que recurrir a un paquete de rescate de cientos de miles de millones de euros de la UE y el Fondo Monetario Internacional (FMI). La crisis de la deuda pública en Argentina en 2001-2002, o más recientemente la de Sri Lanka en 2022, comparten un denominador común: el endeudamiento a gran escala en moneda extranjera sin anticipar los riesgos cambiarios.
Cuando la moneda nacional se deprecia, la carga de la deuda externa se dispara, superando la capacidad de pago. Los países mencionados se endeudan principalmente para cubrir sus déficits de gasto corriente.
Por el contrario, Japón, un país con una deuda pública que supera el 200% del PIB (la más alta entre las naciones desarrolladas), ha mantenido una calificación crediticia estable porque la mayor parte de su deuda es interna y se invierte en infraestructura, educación , atención de salud y ciencia y tecnología.
El proyecto de Ley que modifica y complementa varios artículos de la Ley de Gestión de la Deuda Pública ha buscado superar las deficiencias para evitar la repetición de errores pasados en materia de deuda pública. La nueva normativa establece claramente que el endeudamiento anual total no debe superar el límite de deuda pública decidido por la Asamblea Nacional ; y que debe minimizarse la emisión de bonos con vencimientos inferiores a cinco años. Este es un mensaje contundente: no se debe recurrir al endeudamiento excesivo ni acumular deuda a corto plazo para cubrir las necesidades inmediatas de gasto; se debe minimizar el riesgo de tener que reestructurar los pagos de la deuda en un corto plazo.
Según el proyecto de ley, el Ministerio de Hacienda debe publicar periódicamente información sobre la deuda pública trimestral y anualmente, en lugar de solo informar anualmente como antes. Con la publicación trimestral de información, el Gobierno ha asumido un firme compromiso con la transparencia, creando las condiciones para que la Asamblea Nacional, los votantes, los inversores y las organizaciones internacionales cuenten con información actualizada.
Además, si bien antes los planes de endeudamiento eran de corto plazo, las nuevas regulaciones ahora exigen el desarrollo de una estrategia de deuda pública de cinco años y un plan de endeudamiento y pago de deuda pública de tres años, junto con escenarios de riesgo relacionados con los tipos de cambio, las tasas de interés y el crecimiento.
Una importante desventaja en el pasado era el mecanismo de gestión descentralizada. En consecuencia, muchos ministerios, sectores y localidades participaban en la obtención y utilización de capital, lo que acarreaba consecuencias como que algunos endeudaban más allá de su capacidad de pago y otros presentaban informes con retraso, lo que dificultaba el control preciso de la deuda pública general. El borrador establece claramente que el Ministerio de Hacienda es el único organismo coordinador de la gestión unificada de la deuda pública, lo que crea una base sólida para la formulación de políticas de endeudamiento sincronizadas y la coordinación armoniosa de las políticas fiscales y monetarias.
La vinculación de la deuda pública al desarrollo sostenible, una lección de Japón, también se refleja claramente en el borrador. En consecuencia, se priorizará el capital de préstamos para proyectos de infraestructura clave con potencial para generar rentabilidad o impulsar el crecimiento.
Es evidente que la nueva normativa sobre deuda pública no es meramente técnica, sino que también demuestra claramente el objetivo de establecer un "contrato de confianza" entre el Estado y la sociedad. Ciudadanos, empresas e inversores tendrán mayor confianza en las perspectivas económicas y estarán más dispuestos a aportar recursos financieros y humanos si ven que el dinero de los impuestos y el capital prestado se gestionan de forma transparente, responsable y orientada al desarrollo sostenible.
Fuente: https://www.sggp.org.vn/no-cong-phai-thanh-cong-cu-phat-trien-post810145.html







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