Incapaces de dormir temprano, mis hermanas y yo solíamos pedirle a nuestro abuelo que nos contara historias de antaño, cuentos de hadas... Bajo la luz de la luna otoñal, la suave brisa nos acariciaba, y el aroma del laurel flotaba desde la veranda, con sus diminutas y delicadas flores blancas que parecían ansiosas por unirse a nosotras, las niñas, cautivadas por la voz lenta y cálida de nuestro abuelo.
Resulta extraño pensar que, en mi mente infantil de entonces, lo imaginaba como si estuviera en un mundo de cuento de hadas... Tomaba un sorbo de té, abanicándose con un abanico de bambú, su barba plateada ondeando bajo la luz dorada de la luna. Cerré los ojos, fingiendo dormirme, saboreando en secreto la mágica sensación de aquella apacible noche otoñal iluminada por la luna, como un sueño que parecía destinado a no volver jamás.
La luna de otoño siempre es encantadora y acogedora, pero quizás la luna llena del octavo mes lunar sea la más esperada por los niños. Juegan con farolillos y aguardan con ilusión el banquete, donde pueden comer toda la sopa dulce, el arroz pegajoso y los pasteles que deseen. Los farolillos suelen ser caseros, hechos con latas vacías de cerveza y refrescos. Los más habilidosos les dan forma de estrellas, carpas, flores de loto y mariposas con bonitos bordes con flecos. Al caer la noche, sopla la brisa fresca y la luna brilla con más intensidad a medida que asciende...
La belleza etérea y pura de la luna otoñal aún evoca una sensación de nostalgia lejana, una melancolía. Las estrellas centellean en lo alto. Los plataneros y las palmeras se mecen con el viento, y en algún lugar, los gritos solitarios y asustados de los pájaros nocturnos llenan el cielo nocturno. Bajo el techo de paja del campo, los niños se duermen rápidamente tras unos momentos de juego despreocupado. La luna creciente se asoma por la ventana, y una suave brisa acaricia y arrulla sus sueños infantiles.
El tiempo vuela; antes de darnos cuenta, los niños de antaño ya son adultos. Nos esperan encrucijadas en la vida, y la lucha por la supervivencia ha hecho que la luna otoñal de nuestras noches de infancia se desvanezca de nuestra memoria. Las sencillas linternas artesanales con forma de estrella y de carpa del pasado han sido reemplazadas por modernas, sofisticadas y coloridas linternas electrónicas que funcionan con pilas.
Ha llegado de nuevo el Festival del Medio Otoño. El campo es diferente ahora; las comodidades modernas han llegado incluso a los pueblos más pequeños. Los niños de hoy están cautivados por los atractivos juegos de sus teléfonos inteligentes, y las figuras de cuento de hadas de la mítica Diosa de la Luna han desaparecido. ¡Pero la luna de otoño permanece, proyectando para siempre su mirada silenciosa y amorosa!
Tinh Binh
Fuente: https://baolongan.vn/thuong-nho-trang-thu--a203645.html







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