Pero lo que preocupaba a la Dra. Hai no era el lento progreso de los niños, sino la historia detrás de cada uno. Recuerda a un niño de casi seis años que, cuando llegó a la clínica, no podía pronunciar palabra. Sus ojos eran hermosos, claros como el agua, pero carecían de enfoque. Su mirada lo abarcaba todo, como si el mundo nunca lo hubiera tocado. Su madre se dio cuenta de que su hijo era "diferente" desde muy pronto, pero le faltaba información, así que buscó en muchos lugares antes de finalmente encontrarla aquí.
"Algunas oportunidades ya han pasado, y solo podemos hacer lo mejor que podamos en el tiempo que queda", dijo el Dr. Hai con pesar.
Otra historia trata de un ingeniero que descubrió que su hijo tenía retrasos en el desarrollo a los dos años, pero no recibió la aprobación de su familia. En secreto, llevó a su hijo a recibir tratamiento solo. Todos los días después del trabajo, jugaba con él y grababa videos para enviárselos al médico y obtener más información. En esos videos no había nada extraordinario, solo el padre repitiendo pacientemente acciones muy sencillas: llamar a su hijo por su nombre, esperar una respuesta y luego intentarlo de nuevo...
"En sus ojos, mientras observaba a su hijo, había esperanza, pero también una profunda preocupación", recordó el Dr. Hai.
Esos mismos ojos hicieron que el médico se dijera a sí mismo que no podía permitirse ser descuidado ni rendirse.
Apoya con paciencia los avances frágiles.
En realidad, no todas las familias tienen los recursos, la información o la suerte para elegir la intervención temprana adecuada para sus hijos. Algunos niños llegan a la clínica cuando ya tienen 5 o 6 años, casi después del "periodo de oro". Algunas familias invierten mucho dinero y tiempo, pero eligen el método o el lugar equivocados para el tratamiento.
«A veces, al mirar a los padres a los ojos, se puede ver tanto dolor como impotencia», dijo el Dr. Hai con tono sombrío. Tras cada examen, lo que queda no es solo el historial médico, sino también un sentimiento de arrepentimiento por las oportunidades perdidas, por aquellas cosas «tempranas» que ya no tenían ningún significado.
Según el Dr. Hai, el problema no reside únicamente en las familias, sino en todo el sistema. Las intervenciones locales están fragmentadas y carecen de coordinación entre especialidades como la atención médica, la logopedia, la psicología y la educación especial. Esto genera una falta de continuidad en el proceso de intervención, lo que a veces obliga a los niños a comenzar de nuevo varias veces.
Además, la falta de mecanismos de control de calidad dificulta que los padres elijan un centro de tratamiento. En la vorágine de información, especialmente en las redes sociales, no todos tienen el criterio suficiente para distinguir lo correcto de lo incorrecto. Algunos padres han probado muchos métodos, algunos de los cuales incluso han retrasado el progreso de sus hijos.
Otro desafío reside en los recursos humanos. La terapia del habla es un campo relativamente nuevo en Vietnam, especialmente a nivel provincial. La escasez de personal altamente capacitado ejerce una presión considerable sobre el personal existente. Además, los obstáculos burocráticos y los procedimientos inconsistentes obligan a los padres a desplazarse a múltiples lugares, perdiendo tiempo cuando lo que necesitan es apoyo oportuno.
A pesar de estas dificultades, el Dr. Hai aún observa algunos signos alentadores. «Hoy en día, los padres son mucho más proactivos y abiertos. Gracias a los medios de comunicación, acceden a la información con anticipación, llevan a sus hijos a revisiones médicas a tiempo y están dispuestos a apoyarlos», afirmó el Dr. Hai con entusiasmo.
En la clínica, cada niño cuenta con un plan de intervención personalizado. Los padres reciben orientación detallada, seguimiento directo e incluso grabaciones en vídeo de las sesiones de su hijo si no pueden estar presentes. Cada pequeño avance se registra y cada progreso se valora enormemente.
Además de examinar a los niños, la Dra. Ninh Thi Minh Hai también dedica tiempo a hablar con los padres, convirtiéndolos en un vínculo importante en el proceso de apoyo al tratamiento.
En el futuro, la Dra. Hai espera crear un modelo de intervención sostenible en la comunidad, donde los niños reciban apoyo desde temprana edad y los padres se conviertan en "coterapeutas". Según ella, nadie comprende mejor a los niños que sus padres, y la intervención solo es efectiva cuando se integra en la vida diaria. Los padres no solo deben llevar a sus hijos a las revisiones médicas, sino que también deben estar capacitados para ayudarlos a desarrollarse cada día.
En medio de estas preocupaciones, la Dra. Hai mantiene una convicción sencilla: cada niño es un "brote verde" único, quizás de crecimiento más lento y más débil, pero con los cuidados adecuados, puede prosperar. Su labor, y la de sus colegas, consiste en apoyar con paciencia estos frágiles pasos y estar atentos a cada pequeño cambio en los niños.
En el extremo sur del país, en una pequeña habitación del Hospital de Obstetricia y Pediatría, todo transcurre con tranquilidad cada día. Pero son estas pequeñas y sencillas cosas las que a veces obran milagros: logran que una mirada se detenga, que una mano se agarre y que unos labios bonitos pronuncien sus primeras palabras.
Lam Khanh
Lección 2: El amor silencioso de una segunda madre
Fuente: https://baocamau.vn/vo-ve-nhung-giac-mo-xanh-a128451.html






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