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Un manantial digital pacífico y próspero en cada rincón.

Esta primavera ha llegado de una forma muy inusual. No porque los albaricoqueros florecieran antes de tiempo ni los melocotoneros tarde, sino porque la risa parece viajar más rápido que el viento. Antes de que pudiera siquiera preparar una tetera, sonó mi teléfono. Antes de que pudiera colgar, ya me llegaban saludos de todas partes, por ondas de radio, cables y transmisiones invisibles que todos creen reales.

Báo Sài Gòn Giải phóngBáo Sài Gòn Giải phóng17/02/2026

En una pequeña casa de la ciudad, los abuelos no tuvieron que contar el cambio por primera vez para repartir el dinero de la suerte de Año Nuevo. Con un ligero toque, los sobres rojos aparecieron en la pantalla, brillando con un rojo intenso como los petardos del Tet de antaño. Él sonrió, ella sonrió, no por la cantidad de dinero, sino porque sentían que seguían estando a la vanguardia. Resulta que la primavera no necesita ser nueva. Solo necesita no quedarse atrás.

Afuera, el conductor de mototaxi estacionó su moto y se ajustó el casco desgastado. Este año, no tuvo que preocuparse por cambiar billetes de menor denominación. Los clientes les daban a sus hijos regalos de Año Nuevo mediante código QR. Dijo: "Este Tet es mucho más fácil; no tengo que andar de un lado para otro cambiando dinero, y no tengo que preocuparme por quedarme sin efectivo". Su risa era genuina y sencilla. Resulta que la digitalización a veces puede aligerar las cargas de la gente.

En las montañas, donde las nubes aún duermen sobre las casas sobre pilotes, la joven maestra abre su teléfono y se conecta a su primera clase en línea del año. Los alumnos se sientan frente a sus pantallas, vestidos con ropa nueva, con los ojos brillantes. La conexión a veces es intermitente, pero las risas nunca cesan. Resuena a través de los pequeños altavoces, abriéndose paso entre las montañas y los bosques. La primavera ya no sigue el camino de tierra. Ahora la primavera sigue las olas.

En alta mar, el pescador hace una videollamada a casa. Detrás de él está el océano, delante la pequeña pantalla con el rostro de su anciana madre. No hacen falta muchas palabras, solo verse, sonreírse, eso basta.

El Festival de Primavera digitalizado tiene la ventaja de no requerir organización previa. Un saludo del extranjero, incluso antes de ser leído, ya resulta reconfortante. Una foto de una cena de Nochevieja circula entre las familias, y todos se ven sentados a la misma mesa, aunque vivan lejos. La tecnología deja de ser fría y aprende a brindar calidez.

Algunos dicen que el Tet (Año Nuevo vietnamita) ha perdido su esencia. Ya no se percibe el olor a billetes nuevos, ni el crujido de las monedas recién acuñadas, ni el meticuloso registro de gastos. Pero otros ríen y dicen que el Tet es menos estresante ahora. Ya no hay prisas. Ya no hay que revisar el banco. Ya no hay que preocuparse por olvidar a nadie. Cada época tiene su propia manera de preservar el espíritu de la primavera. Y toda primavera solo necesita una cosa: que la gente se sienta conectada.

En el mercado rural, la mujer que vendía pasteles de arroz glutinoso tenía un pequeño cartel que decía: «Se acepta efectivo y transferencia bancaria». Sonrió amablemente: «Los clientes jóvenes ya están acostumbrados; si no, el negocio irá mal». La afirmación sonaba graciosa, pero era muy cierta. La digitalización no entiende de edades. Solo pregunta si estás listo para abrir tus puertas.

En la ciudad, viejos amigos organizaron una sesión de copas virtual porque estaban en lugares diferentes. La pantalla se dividió en secciones, las risas se mezclaban. Se alzaron las copas frente a la cámara. Nadie se emborrachó. Todos estaban embriagados por el reencuentro. A veces, la primavera no necesita una gran reunión. Basta con calidez y cariño.

Lo más curioso del Festival de Primavera digital es que todo es rápido, pero las emociones pueden ser lentas. Podemos enviar saludos en un segundo, pero leerlos mucho tiempo después. Podemos transferir dinero en un abrir y cerrar de ojos, pero el recuerdo mutuo permanece igual de fuerte. La tecnología acorta el tiempo, pero no obliga a la gente a apresurarse.

Quizás por eso esta primavera, ya sea por fibra óptica o satélite, aún se escucha esa risa tan característica de Vietnam. Risa por los reencuentros. Risa porque las cosas están más tranquilas. Risa porque sentimos que seguimos conectados, incluso mientras el mundo cambia.

La digitalización no ha cambiado el Tet (Año Nuevo Lunar vietnamita). Solo ha cambiado la forma en que lo vivimos. Y una vez que llega, la alegría permanece intacta. Los niños siguen emocionados. Los adultos siguen anhelando paz y bienestar. Quienes están lejos de casa siguen deseando regresar, aunque sea a través de una pantalla.

Primavera de 2026: la risa viaja por todas partes. De las calles de la ciudad al campo. De las zonas fronterizas a las islas. De las cocinas pequeñas a las salas de guardia nocturna. Viaja a través de ondas, a través de códigos, a través de flujos invisibles de datos. Pero cuando toca el corazón de las personas, permanece muy real.

Quizás eso sea lo más hermoso de la primavera digital. No por lo avanzada que sea la tecnología, sino porque, por muy rápido que avance el mundo, la gente aún tiene tiempo para sonreírse. Y creen que el nuevo año, de una forma u otra, será un año que valdrá la pena esperar.

Fuente: https://www.sggp.org.vn/xuan-so-hoa-an-lanh-tren-moi-neo-post837932.html


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