En algunas noches oscuras, con una ligera llovizna en el viento, estaba acostado en la cama cuando oía la voz susurrante de Hoa: «Despierta. Te toca montar guardia». En apenas unos segundos, me levantaba de un salto, me enderezaba, me colgaba el rifle al hombro y me dirigía rápidamente a mi puesto.

Desde el cuartel hasta mi puesto de guardia, un viento gélido me azotaba la cara, acompañado de gotas de lluvia helada que me producían escalofríos. El frío se filtraba por mi ropa, penetrando mi piel, pero mis pies permanecían firmes en mi puesto, con la vista tensa mientras observaba cada objetivo asignado.

Foto de la ilustración: LE DANG MANH

Las noches de invierno en la unidad no se limitaban al frío intenso. También eran una prueba de resistencia y fuerza de voluntad. Mientras inspeccionábamos los objetivos, nos encontramos con el comandante de la compañía y el líder del pelotón que verificaban la guardia. Tras revisar nuestras contraseñas, comportamiento y equipo, amablemente nos preguntaron: "¿Están sus chaquetas acolchadas lo suficientemente abrigadas? ¿Tienen las manos y los pies fríos?". Luego nos animaron a superar las dificultades y completar nuestra misión con éxito.

En medio de la noche tormentosa, esas preguntas aparentemente comunes de repente se sintieron extrañamente cálidas, y mis ojos se llenaron de lágrimas. No por el frío, sino por la sensación de ser cuidado, de ser comprendido en circunstancias difíciles: una emoción silenciosa pero profunda, tan típica de los soldados.

Cada gesto y palabra, serios y sinceros, de los soldados era como el calor de una hoguera en una noche de invierno, infundiéndonos fe y fuerza, silenciosa y persistentemente. De repente, comprendí que la camaradería en el ejército no se trata solo de comer, vivir y entrenar juntos, sino también de la atención oportuna, la responsabilidad de los que nos antecedieron hacia los que nos suceden, y la confianza depositada y preservada en cada guardia silenciosa bajo la lluvia y el viento.

El invierno finalmente pasará, los últimos vientos fríos darán paso a un cálido sol, pero los recuerdos de aquellas noches invernales de guardia, del frío intenso y la calidez que irradiaba la camaradería, permanecerán en la mente de cada soldado por mucho tiempo. Estos recuerdos nos acompañaron durante nuestros años en el ejército, convirtiéndose en una sólida base espiritual para afrontar los desafíos de la vida después.

    Fuente: https://www.qdnd.vn/van-hoa/van-hoc-nghe-thuat/dem-dong-va-hoi-am-tinh-dong-doi-1020843