Al entrar al partido final, el equipo femenino vietnamita llevaba la inmensa presión de ser el campeón defensor, junto con la fuerte confianza de sus fanáticos.

Frente a una selección de Filipinas claramente mejorada, con muchas jugadoras naturalizadas y un físico superior, las "Diamond Girls" optaron por un estilo de juego proactivo, controlando el juego con sus habilidades técnicas y su amplia experiencia en grandes partidos.

Al equipo femenino vietnamita se le negó injustamente un gol en la final de los SEA Games 33.
El momento culminante de la final llegó en el minuto 30. Tras un ataque bien coordinado por la banda derecha, Bich Thuy cabeceó el balón a la red contra Filipinas, para el deleite de los jugadores vietnamitas y la afición con camisetas rojas en las gradas.
Sin embargo, esa alegría se extinguió rápidamente cuando el árbitro anuló el gol por fuera de juego.
Esta polémica decisión se convirtió en el tema más debatido de la final. Las repeticiones a cámara lenta demostraron que el gol de Bich Thuy fue perfectamente legítimo y no fuera de juego.
Sin embargo, en el fútbol, el silbato del árbitro es la decisión final. Las vietnamitas tuvieron que tragarse el resentimiento y seguir jugando.
Tras ese incidente, las jugadoras del entrenador Mai Duc Chung mantuvieron la concentración y un encomiable espíritu de lucha. No se rindieron ni se derrumbaron. Pero en el punto de penalti, la serenidad y la suerte no acompañaron a las vietnamitas.

Pudimos ver que Vietnam jugó bien. Tuvimos un gol, pero no nos lo permitieron. Esta es la segunda vez que estamos en desventaja por una decisión arbitral contra el mismo rival, Filipinas.
Incluso Tailandia tuvo que expresar sus condolencias. Dijeron que no entendían por qué el árbitro no concedió ese gol. "El arbitraje afectó el partido y el rendimiento del equipo", declaró el entrenador Mai Duc Chung tras la final.
Esta derrota es una gran pérdida, pero no puede borrar lo que ha aportado la selección femenina vietnamita. Lucharon hasta el último segundo, superaron muchas dificultades para llegar a la final y solo sucumbieron a un momento cruel y una afortunada tanda de penaltis.

Así es el fútbol; no siempre gana el mejor equipo.
Un partido en el que los jugadores del entrenador Mai Duc Chung lucharon con todo su coraje, ambición y orgullo nacional, pero al final tuvieron que doblegarse ante la dura realidad del fútbol, donde un solo momento puede cambiar el destino.
Aunque no pudieron ganar la medalla de oro en los 33º Juegos del Sudeste Asiático, en los corazones de sus fanáticos, "Las Chicas Diamante" aún merecen respeto y orgullo.
A partir de esta derrota, la selección femenina vietnamita se fortalecerá y continuará su camino para conquistar nuevas alturas, con la creencia de que la justicia y la gloria eventualmente les sonreirán en el futuro.
Fuente: https://baovanhoa.vn/the-thao/su-nghiet-nga-cua-bong-da-189569.html







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