Tendencias globales
Según el Informe de Evaluación del Clima Mundial de 2023 de la Organización Meteorológica Mundial (OMM), 2023 fue registrado como el año más caluroso de la historia, con temperaturas medias mundiales 1,45 grados Celsius superiores a los niveles preindustriales.
Además, el aumento del nivel del mar, la pérdida de biodiversidad, la contaminación del aire y del agua, y la degradación de la tierra amenazan gravemente la seguridad ambiental, la salud pública y los cimientos del desarrollo socioeconómico .
En este contexto, la reestructuración de la economía para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, aumentar el uso de energías renovables y promover la producción y el consumo sostenibles se ha convertido en una tendencia inevitable, que ayuda a los países a adaptarse eficazmente al cambio climático y a mitigar los riesgos ambientales a largo plazo.
La presión de la comunidad internacional y los acuerdos globales han creado un sólido marco jurídico y un compromiso político para promover la transición hacia una economía verde. El Acuerdo de París sobre el cambio climático (2015) estableció el objetivo de evitar que la temperatura media mundial aumentara más de 1,5-2 grados Celsius por encima de los niveles preindustriales, y exigió a los países que elaboraran hojas de ruta para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero mediante Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional (NDC).
Además, los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de las Naciones Unidas para 2030 también destacan el vínculo entre el desarrollo económico y la protección del medio ambiente, el uso eficiente de los recursos y la equidad social. Muchos países han concretado este compromiso mediante políticas como los impuestos al carbono, las regulaciones sobre emisiones, la promoción de las finanzas verdes y el fomento de la innovación en tecnologías verdes.
Además, los estándares ESG (ambientales, sociales y de gobernanza) son cada vez más obligatorios en la inversión internacional y la gobernanza corporativa, lo que ejerce presión sobre las economías para que avancen hacia modelos de desarrollo más sostenibles.
El crecimiento verde ofrece beneficios sostenibles a largo plazo para la economía. No solo ayuda a minimizar los impactos ambientales negativos, sino que este modelo de crecimiento también abre muchas nuevas oportunidades de desarrollo económico mediante la expansión de industrias verdes como las energías renovables, la agricultura orgánica, las tecnologías de tratamiento ambiental y la economía circular.
Según el informe Perspectivas del Empleo Verde de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), la transición a una economía verde podría crear más de 24 millones de nuevos puestos de trabajo en todo el mundo para 2030, al tiempo que reduciría el riesgo de pérdida de empleos en las industrias altamente contaminantes.
Además, el crecimiento verde ayuda a los países a mejorar su competitividad internacional al optimizar la eficiencia en el uso de los recursos, impulsar la innovación y reducir los costos de respuesta al cambio climático futuro.
Implementación práctica en Vietnam
En el contexto de la creciente globalización y el cambio climático, Vietnam ha demostrado un firme compromiso con el desarrollo sostenible y el crecimiento verde. En concreto, el Gobierno ha publicado la Estrategia Nacional de Crecimiento Verde para el periodo 2021-2030, con una visión a 2050, mediante la Decisión n.º 1658/QD-TTg del 1 de octubre de 2021.
Esta estrategia establece cuatro objetivos clave: (1) Reducir la intensidad de las emisiones de gases de efecto invernadero por PIB; (2) Ecologizar los sectores económicos mediante la innovación tecnológica y los modelos de producción; (3) Ecologizar los estilos de vida y promover el consumo sostenible en toda la sociedad; y (4) Construir un sistema institucional y político sincronizado y eficaz para promover el crecimiento verde.
Además, los ministerios, sectores y localidades han concretado la estrategia nacional mediante la publicación de planes de acción para el crecimiento verde a nivel provincial y la integración de contenidos ecológicos en los planes de desarrollo socioeconómico.
Según un informe del Ministerio de Planificación e Inversión, a finales de 2023, más de 40 localidades de todo el país habían desarrollado planes de acción para el crecimiento verde, y muchas provincias clave estaban implementando proyectos innovadores de transformación verde.
Diversos ejemplos ilustran el cambio positivo hacia un modelo económico verde en Vietnam. En el sector de las energías renovables, las provincias de Ninh Thuan y Binh Thuan se han convertido en centros de desarrollo de energía solar y eólica, gracias a condiciones naturales favorables e incentivos a la inversión. Para 2023, la capacidad total de energía solar en Ninh Thuan había alcanzado casi 2500 MW, lo que representa una gran proporción de la estructura de energías renovables del país.
En la agricultura, muchas empresas de procesamiento agrícola en el delta del Mekong han utilizado biomasa como fuente de energía, proveniente de cáscaras de arroz, caña de azúcar y paja, para reemplazar los combustibles fósiles, lo que ha contribuido a la reducción de emisiones y menores costos de producción. En la industria ligera, los sectores textil y del calzado —sectores clave para la exportación— también han adoptado estándares de producción más limpios, reutilización de agua y tratamiento de aguas residuales conforme a las normas internacionales para cumplir con los estrictos requisitos ambientales de mercados como la Unión Europea y Estados Unidos.
Sin embargo, la implementación del crecimiento verde en Vietnam todavía enfrenta muchos desafíos.
En primer lugar, el capital de inversión verde es limitado, especialmente en las localidades y en las pequeñas y medianas empresas, lo que dificulta la transformación de la tecnología y los procesos de producción.
En segundo lugar, las tecnologías de producción respetuosas con el medio ambiente en Vietnam siguen estando desfasadas y son caras, lo que genera obstáculos para el acceso y la implementación a gran escala.
En tercer lugar, la concienciación pública y empresarial sobre el crecimiento verde sigue siendo desigual; muchas empresas aún no lo consideran un motor de crecimiento a largo plazo, sino solo un coste de cumplimiento a corto plazo.
Por último, el marco institucional y político que respalda el crecimiento verde carece de coherencia, se solapa y no ha creado mecanismos de incentivos suficientemente sólidos, especialmente en lo que respecta a los créditos verdes, los impuestos al carbono y la fijación de precios de las emisiones.
Para lograr el objetivo del crecimiento verde, es necesario implementar simultáneamente muchas soluciones sistémicas, sobre todo la mejora de las instituciones y las políticas para el desarrollo sostenible.
En concreto, el Estado necesita construir un marco jurídico sólido e integral que facilite las actividades económicas vinculadas a la protección del medio ambiente, como la aplicación de políticas preferenciales en materia de impuestos, créditos y terrenos para las empresas que invierten en tecnología limpia, energías renovables y producción circular.
Al mismo tiempo, establecer y aplicar normas ambientales estrictas contribuye a reorientar la producción y el consumo hacia una mayor sostenibilidad. Paralelamente, el desarrollo de las finanzas verdes constituye un pilar indispensable. Es necesario promover instrumentos como los bonos verdes, el crédito verde y los fondos de inversión verdes, integrando criterios ambientales, sociales y de gobernanza (ASG) en las instituciones bancarias y financieras para generar un flujo estable de capital destinado a proyectos respetuosos con el medio ambiente.
Además de las políticas y la financiación, la sensibilización pública también constituye una solución eficaz a largo plazo. Integrar la educación sobre crecimiento verde y desarrollo sostenible en el currículo escolar, junto con campañas de comunicación generalizadas, contribuirá a modificar el comportamiento del consumidor hacia un consumo más ecológico, la conservación de los recursos y la reducción de residuos.
Además, el crecimiento verde también requiere que Vietnam amplíe la cooperación internacional, especialmente en lo que respecta al acceso a alta tecnología, la atracción de inversión extranjera directa a los sectores verdes y el aprendizaje de las experiencias de gestión ambiental de los países avanzados.
La amplia participación en acuerdos ambientales mundiales e iniciativas regionales contribuirá a mejorar la capacidad de Vietnam para responder a desafíos transfronterizos como el cambio climático, las crisis energéticas y la seguridad hídrica.
Por lo tanto, el crecimiento verde solo puede convertirse en realidad mediante la coordinación armoniosa de políticas, recursos financieros, tecnología, la comunidad social y la cooperación internacional, con el objetivo de lograr una economía eficiente, respetuosa con el medio ambiente y equitativa para todas las generaciones.
Fuente: https://nhandan.vn/tang-truong-xanh-con-duong-phat-trien-ben-vung-post872362.html








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