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| Los estudiantes de la comuna de Con Minh eligen cómics y libros infantiles en la biblioteca y el centro cultural comunitario. (Foto: Proporcionada) |
Durante muchos años, el ciclo de tutorías adicionales ha convertido los tres meses de verano, que se supone que son un descanso para los estudiantes, en un tercer semestre. Después de terminar sus estudios, muchos estudiantes siguen inmersos en clases de caligrafía, cursos avanzados o sesiones de repaso.
Sin embargo, recientemente, la mentalidad de muchos padres ha experimentado un cambio positivo. En lugar de seguir llenando el tiempo de sus hijos con clases extraescolares, muchos padres están optando por brindarles un verano enriquecedor con excursiones, visitas al campo, volar cometas, recoger patatas o simplemente tardes libres corriendo y jugando en el parque.
La decisión de permitir que los niños jueguen más que estudien no es una elección irreflexiva, sino una decisión científicamente sólida y humana. Tras un año de agotadores horarios escolares, madrugones y la presión de los exámenes, el verano es el momento ideal para que los niños recarguen energías tanto físicas como mentales.
Si los niños siguen recibiendo una gran cantidad de conocimientos, sin tiempo para jugar, explorar ni pensar de forma independiente, es muy probable que se sientan cansados y agotados en cuanto empiece el nuevo curso escolar. En ese caso, el precio a pagar será mucho mayor que la cantidad de conocimientos acumulados durante los meses de verano.
Sin embargo, devolverles a los niños sus vacaciones de verano no significa dejarlos pasar todo el día pegados a los teléfonos, las tabletas o la televisión. Esa es otra trampa igualmente peligrosa. Un verano significativo requiere la guía y el apoyo de los padres.
Estas actividades podrían incluir clases de habilidades para la vida, lecciones de natación, campamentos de verano, actividades de voluntariado o simplemente pasar tiempo cocinando, leyendo y charlando con sus hijos después de un ajetreado año escolar.
Es a través de estas experiencias que los niños aprenden independencia, a compartir, a amar y a madurar ante los pequeños contratiempos de la vida. El conocimiento no solo se encuentra en los libros, sino también en las habilidades para la vida, en la adaptabilidad y en el carácter que se cultiva día a día.
El verano no es el punto de partida de una nueva carrera, sino un descanso necesario para que los niños recarguen energías para el largo camino que les espera. Cambiar hábitos y superar la presión de ver a otros niños triunfar siempre supone un reto para los padres.
Pero una infancia llena de experiencias, diversión, exploración y momentos de descanso saludable se convertirá en un valioso activo para el futuro de un niño. No conviertas el verano en una sucesión continua de presiones académicas.
Que los meses de verano infundan en los corazones de los niños una sensación de ilusión y alegría, para que cuando comience el nuevo año escolar, entren al aula con una mentalidad fresca, radiante y llena de energía.
Fuente: https://baothainguyen.vn/xa-hoi/202606/tra-lai-mua-he-dung-nghia-cho-tre-4984209/









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