
Una dinámica clase de educación cívica en el corazón de la ciudad.
Cuando se pusieron en marcha los primeros trenes del metro, Hanói experimentó un cambio radical en su ritmo de vida. El incesante sonido de las bocinas disminuyó gradualmente y la congestión del tráfico se redujo. El metro propició un entorno de transporte ordenado, fluido y bien estructurado. Cabe destacar la profundidad de este cambio, que se refleja claramente en la forma en que las personas interactúan entre sí.
Al salir de la estación, la imagen de la gente haciendo fila ordenadamente esperando sus trenes se fue volviendo familiar. No había empujones ni aglomeraciones; cada persona ajustaba su ritmo para integrarse en el orden general. Cuando llegaba el tren, los pasajeros esperaban pacientemente a que todos los demás bajaran antes de subir. Estas acciones reflejaban un cambio evidente: la costumbre de "viajar rápido" estaba dando paso gradualmente a la de "viajar con calma".
En el tren, el silencio era sorprendentemente profundo. Algunos hablaban en voz baja, otros leían y algunos observaban en silencio a través de las ventanas. A menudo, se daba prioridad a los ancianos, las mujeres embarazadas y las personas con discapacidad sin necesidad de que se lo pidieran. Esta consideración se había convertido en un acto reflejo.
De esta manera, el metro funciona como un "aula viviente de civismo". En cada tren, cada pasajero aprende y practica, estableciendo juntos nuevas normas de comportamiento. Reglas aparentemente áridas como hacer fila, mantener el orden, no comer ni beber, no tirar basura... al aplicarse a diario, se han convertido en hábitos arraigados, sentando las bases de una vida urbana civilizada.

En consonancia con el espíritu de la Resolución 80-NQ/TW del Politburó sobre el desarrollo de la cultura vietnamita, la formación de una persona moderna con un estilo de vida disciplinado y responsable, y con respeto por la comunidad, debe comenzar en espacios específicos. El metro, con su característico entorno público altamente organizado, está asumiendo gradualmente ese papel.
"Semillas" que siembran las semillas de una ciudad feliz.
Cada comportamiento en el metro puede considerarse una «semilla» de cultura. Estas semillas germinan silenciosamente en la vida urbana. Hacer cola, ceder asientos, mantener la limpieza, ser puntual, cumplir con las normas… están configurando gradualmente un nuevo estándar de transporte, donde las personas se mueven con respeto mutuo.
Cabe destacar que estos cambios se originan en experiencias cotidianas. Para llegar a tiempo al tren, los pasajeros necesitan administrar su tiempo eficazmente; para abordar con seguridad, necesitan hacer fila; para disfrutar de un espacio cómodo, necesitan mantener el orden. La repetición de estas experiencias positivas ha generado un proceso persistente y eficaz de " educación blanda".
El metro se convierte así en un «espejo» de la cultura urbana. Allí, la belleza de la civilidad se hace patente, mientras que los comportamientos inapropiados se identifican fácilmente. Ofrecer un asiento puede fomentar las buenas maneras; un silencio oportuno ayuda a mantener un espacio compartido agradable.
Estas normas tienen el potencial de extenderse a otros medios de transporte y a todos los aspectos de la vida urbana. La cultura vial se desarrolla gradualmente a partir de la autoconciencia, en lugar de depender únicamente de las regulaciones.
De conformidad con la Resolución n.º 02-NQ/TW, Hanói aspira a ser una capital culta, civilizada y moderna. La calidad urbana se mide tanto por la infraestructura como por el comportamiento de las personas en los espacios públicos.
En concreto, la Resolución del XVIII Congreso del Comité del Partido de la ciudad de Hanói incluyó el elemento de la "felicidad" entre sus objetivos de desarrollo. Una ciudad feliz se asocia con una sensación de seguridad, respeto y un alto nivel de satisfacción de sus ciudadanos en su vida cotidiana.
Desde esa perspectiva, el metro contribuye a crear "el placer de viajar". Cuando los desplazamientos son fluidos, ordenados y menos estresantes, es más probable que las personas se mantengan tranquilas, amables y solidarias. Esta es la base de una ciudad habitable.

Nuevas instituciones culturales de la capital.
Junto a los cambios positivos, aún existen algunos problemas que conviene reconocer abiertamente. Empujones y codazos en las colas, comer en los vagones del tren, conversaciones telefónicas en voz alta, usar el altavoz... estas conductas todavía se dan ocasionalmente en algunos lugares. Estas acciones reflejan la persistencia de comportamientos descorteses en los espacios públicos.
Las causas radican en múltiples factores: la falta de concienciación individual, la ausencia de normas específicas y la insuficiencia de mecanismos de control. La cultura pública tarda en desarrollarse; requiere una combinación de educación y experiencia práctica.
Para que la cultura del metro se convierta en un distintivo inconfundible de los elegantes y civilizados habitantes de Hanói, se necesita un enfoque integral. En primer lugar, se debe desarrollar un código de conducta conciso, fácil de recordar y de aplicar, y comunicarlo visualmente en las estaciones y en los trenes. Mensajes sencillos pero consistentes ayudarán a crear buenos hábitos.
Además, es necesario reforzar la educación en las escuelas, ayudando a los estudiantes a adquirir conocimientos sobre seguridad vial desde temprana edad. Asimismo, se requiere una aplicación estricta de las normas para disuadir las infracciones y garantizar la equidad.
Otro factor crucial es mejorar la calidad de la experiencia. Una conectividad conveniente, un servicio amable y opciones de pago sencillas incentivarán el uso del transporte público. Cuando las experiencias positivas se repiten, el comportamiento civilizado se convertirá gradualmente en una forma de vida.
El metro, en su conjunto, se ha convertido en una nueva "institución cultural" de la capital. En cada tren, cada comportamiento contribuye a la creación de normas comunes. Pequeños gestos como hacer cola, ceder el asiento y mantener el orden están creando gradualmente un paisaje urbano civilizado y moderno.

La elegancia y la civilidad de los habitantes de Hanói se manifiestan en sus palabras y comportamiento en los espacios públicos modernos. El metro se ha convertido en un nuevo referente, donde los valores culturales se ponen a prueba a diario mediante acciones concretas.
Gracias a estos trenes modernos, podemos esperar que Hanói se acerque cada vez más a la imagen de una ciudad culta, moderna y feliz, donde la cultura está presente en todos los aspectos de la vida cotidiana.
Fuente: https://hanoimoi.vn/van-hoa-ung-xu-tren-metro-them-thuoc-do-nguoi-ha-noi-thanh-lich-741923.html






Kommentar (0)