Ante todo, mantener la estabilidad macroeconómica y controlar eficazmente las expectativas inflacionarias son cruciales. Cuando aumentan los precios de la energía, los costos del transporte y las materias primas, la presión se extiende más allá de los costos empresariales y afecta el nivel general de precios, impactando directamente el poder adquisitivo y la confianza del consumidor. No controlar eficazmente las expectativas inflacionarias dificultará considerablemente la gestión de precios posterior. Por lo tanto, la gestión de precios debe ser transparente, con una hoja de ruta clara, una estrecha coordinación entre las diversas herramientas y una postura firme contra el aprovechamiento de las fluctuaciones internacionales para elevar injustificadamente los precios internos.
La siguiente prioridad es garantizar la seguridad energética y logística. En un mundo cada vez más incierto, la cuestión no se limita a los precios altos o bajos, sino que, sobre todo, radica en la estabilidad del suministro y la seguridad de la cadena de transporte.
Esto exige un enfoque más proactivo para diversificar las fuentes de combustible, aumentar la capacidad de reserva de insumos esenciales y mejorar gradualmente el sistema logístico para reducir la dependencia de rutas de transporte vulnerables a conflictos geopolíticos. Desde una perspectiva más amplia, la seguridad energética debe considerarse parte integral de la seguridad económica nacional.
Además, es fundamental garantizar que las empresas mantengan su capacidad productiva, competitividad y confianza para seguir invirtiendo, manteniendo los pedidos y el empleo. Cuando aumentan los costos de los insumos, muchas empresas, especialmente las pequeñas y medianas o aquellas que dependen en gran medida de materias primas importadas, se enfrentan a una presión significativa sobre su flujo de caja y su capacidad de respuesta. Por lo tanto, apoyar a las empresas durante este período no se trata solo de respaldar a entidades individuales, sino de proteger la capacidad productiva de la economía, salvaguardar los empleos y preservar las bases de la seguridad social a largo plazo.
En mi opinión, deberían implementarse medidas de apoyo específicas con plazos claros, como la prórroga o el aplazamiento de impuestos y tasas, la agilización de las devoluciones de impuestos, la reducción de los costes de cumplimiento, la eliminación de obstáculos burocráticos y la prestación de apoyo de capital circulante a los sectores directamente afectados.
En el contexto actual, lo que las empresas necesitan no son necesariamente grandes paquetes de ayudas en teoría, sino más bien decisiones rápidas y eficaces que les ayuden a mantener el flujo de caja, la producción en marcha y evitar quedarse sin recursos durante los momentos difíciles.
Además, es necesario aprovechar las presiones externas para impulsar la reestructuración de los motores de crecimiento hacia una mayor sostenibilidad, y esto debe comenzar ahora, sin demora. Si la economía continúa dependiendo en gran medida del sector externo, de materias primas importadas y de vínculos que aún no domina, cada crisis global seguirá generando importantes repercusiones.
Por lo tanto, es necesario promover el desarrollo del sector empresarial nacional, mejorar la capacidad de la industria de procesamiento y manufactura para generar alto valor agregado, promover la innovación tecnológica, la transformación ecológica, el uso eficiente de la energía y, al mismo tiempo, desarrollar el mercado interno y mejorar la eficiencia de la inversión pública como fuerza impulsora.
Quiero recalcar que, ante la convulsión global, la respuesta adecuada no es replegarse a una postura defensiva, sino mantener la estabilidad para adaptarnos de forma proactiva y reformar con decisión. La estabilidad macroeconómica es una condición necesaria, pero no suficiente; más importante aún, esa estabilidad debe transformarse en la base de la reforma, creando así una nueva resiliencia para la economía. Solo de esta manera podremos superar las dificultades inmediatas y, al mismo tiempo, mantener un desarrollo sostenible.

Puerto internacional de Lach Huyen, ciudad de Hai Phong. Foto: Hoang Ngoc/TTXVN
¿Qué opinan los delegados sobre el papel de las políticas fiscales y monetarias para ayudar a las empresas a superar la presión actual del aumento de los costes de los insumos?
Considero que, en el período actual, tanto la política fiscal como la monetaria desempeñan un papel importante, pero la clave reside en coordinarlas de forma armoniosa, adecuada y en las proporciones correctas. Si se coordinan eficazmente, formarán un dúo que ayudará a la economía a resistir las perturbaciones de los costos; por el contrario, la falta de sincronización puede distorsionar las señales del mercado y generar inestabilidad.
En un contexto de presión derivada principalmente del aumento de los costos de los insumos debido a factores externos, la política fiscal debe ser proactiva y con visión de futuro. Esta herramienta ofrece la ventaja de brindar apoyo directo y oportuno mediante medidas como la reducción, el aplazamiento y la postergación de impuestos y tasas; la aceleración del desembolso de la inversión pública para estimular la demanda; y el apoyo a las empresas en innovación tecnológica, ahorro energético y expansión de mercado. La política fiscal no solo ayuda a aliviar la carga inmediata de costos, sino que también contribuye a fortalecer la confianza, ya que las empresas perciben un apoyo oportuno del gobierno.
En materia de política monetaria, se requiere flexibilidad, pero con suma cautela. El enfoque debe centrarse en mantener la estabilidad de la liquidez y garantizar el acceso al capital para la producción, las exportaciones y las industrias de apoyo, en lugar de una flexibilización excesiva para estimular el crecimiento. Dada la presión constante de la inflación importada, la administración debe priorizar el mantenimiento de tasas de interés razonables, el apoyo a la reestructuración de la deuda, la canalización del crédito hacia la producción y las empresas, al tiempo que controla los riesgos relacionados con los tipos de cambio, la inflación y los flujos de capital especulativos.
En resumen, ninguna política puede ser absoluta. La política fiscal debe ser proactiva y estar bien enfocada; la política monetaria, flexible pero disciplinada. Una combinación armoniosa de ambas políticas ayudará a las empresas a superar las presiones de costos, manteniendo al mismo tiempo la capacidad de producción, el empleo y las bases para un crecimiento sostenible en el actual entorno volátil.
¡Muchísimas gracias, delegados!
Lección 3: Adaptación proactiva para sostener el crecimiento
Uyen Huong - Thuy Duong/VNA (Reporteros)
Fuente: https://baocantho.com.vn/bai-2-noi-luc-la-nen-tang-a202064.html











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