En un informe publicado a principios de esta semana, el Panel IV afirmó que los procesos procesales relacionados con la disolución o suspensión de empresas constituyen actualmente uno de los mayores obstáculos para las empresas, especialmente para las pequeñas y medianas empresas.
En concreto, las empresas informan de que los trámites para la disolución o la suspensión temporal de sus operaciones son más largos y complejos que los de la constitución de una empresa. Esta complejidad se debe a la falta de uniformidad y coherencia en los procedimientos de tramitación entre los organismos reguladores. Un ejemplo típico es que, aunque la Dirección General de Impuestos no lo exija, algunas oficinas tributarias obligan a las empresas a reanudar sus operaciones para cancelar sus números de identificación fiscal. Esto ocasiona que las empresas incurran en tiempo y costes adicionales para la presentación de declaraciones fiscales y otros trámites, incluso cuando la empresa ya no está en funcionamiento.
Además, según los comentarios de las empresas, no recibieron apoyo ni orientación claros por parte de los organismos reguladores durante todo el proceso de disolución. Debido a que tuvieron que averiguar los procedimientos por sí mismas, con frecuencia sus solicitudes fueron rechazadas por falta de documentos o errores de procedimiento, lo que incrementó aún más el tiempo de tramitación.
El proceso, complejo, inconsistente e inflexible, sumado a la falta de apoyo y orientación por parte de los organismos reguladores, no solo incrementa los costos de disolución, sino que también sume a muchas empresas en dificultades financieras, prolonga los plazos de tramitación y reduce la motivación para completar el proceso. Muchas empresas se ven obligadas a extender su período de operación solo en papel para evitar los costos de disolución, cuando en realidad ya no pueden operar de manera efectiva.
La competencia en el mercado es feroz; por lo tanto, además de las decenas de miles de empresas que se crean cada año, otras decenas de miles se retiran del mercado por quiebra o disolución, siendo esta última la forma más común. Según datos del Portal Nacional de Registro de Empresas, en 2024 se disolvieron 21.600 empresas y más de 76.100 estaban en trámite de disolución. Las razones por las que las empresas no continúan operando son numerosas, incluyendo operaciones comerciales ineficientes, dificultades financieras y cambios en las condiciones del mercado.
Si decenas de miles de estas empresas pudieran disolverse de forma rápida y eficiente, no solo se aliviaría la carga para las empresas, sino que también se beneficiaría la economía en general y el mercado empresarial en particular. Por ejemplo, un proceso de disolución simplificado permitiría a las empresas cumplir adecuadamente con sus obligaciones legales, evitando así problemas futuros. Asimismo, si el proceso de disolución no fuera demasiado complicado, los emprendedores podrían experimentar fácilmente con nuevos modelos de negocio sin preocuparse demasiado por los complejos procedimientos que implica el cierre de una empresa fallida.
Las enmiendas propuestas a la Ley de Empresas de 2020 ofrecen la oportunidad de revisar, reformar y simplificar los procedimientos de disolución de empresas para hacerlos más accesibles, permitiendo que aquellas que ya no deseen existir se disuelvan y se retiren del mercado de forma rápida y legal. Esto contribuirá a la creación de un entorno empresarial transparente y saludable, así como al fomento del espíritu empresarial y la innovación en la economía, factores cruciales para que el sector privado cumpla su misión como motor de crecimiento del país y fuerza pionera en la nueva era.
Fuente: https://daibieunhandan.vn/cai-cach-thu-tuc-giai-the-doanh-nghiep-post408754.html








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