Cuando gritar pierde su poder

En la crianza de los hijos, especialmente durante los períodos de exámenes, el mayor error que cometen los padres es convertirse en "máquinas de dar órdenes" constantemente, como "¡Estudia!", "Se acerca el examen, ¿por qué sigues ahí sentado?". Nguyen Thi Lanh, licenciada en Psicología (de la Academia Minh Tri Thanh), afirma: "Gritar o criticar solo provoca que el cerebro del niño se 'bloquee' o se vuelva rebelde".

En lugar de crear una batalla psicológica, los padres sabios optan por respetar los sentimientos de sus hijos. Porque los resultados no dependen de la cantidad de horas que pasan frente al escritorio, sino del nivel de concentración profunda. Cuando los niños se sienten comprendidos, dejan de malgastar energía lidiando con sus padres y, en cambio, la dedican a alcanzar su máximo rendimiento.

Muchos estudiantes sufren sus propias presiones durante la época de exámenes. (Imagen ilustrativa)

La "pinza" llamada autoexpectativas.

Sin embargo, existe una realidad que invita a la reflexión: incluso cuando los padres han aprendido a abandonar su autoritarismo, muchos estudiantes aún se sienten asfixiados en sus propias habitaciones. La presión no proviene de gritos desde afuera, sino de las "cadenas" de su propio hogar. Son cargas que se imponen a sí mismos. Es el deseo de demostrar su valía, el miedo a ser considerados un "fracaso" ante sus seres queridos, lo que, sin querer, convierte el anhelo de enorgullecer a sus padres en un peso inmenso.

Según la psicóloga Nguyen Thi Lanh, la presión tiene una doble naturaleza. Si se aplica de forma moderada, actúa como una corriente eléctrica que estimula el pensamiento y motiva a los estudiantes a alcanzar sus metas. Pero cuando las expectativas superan la capacidad de una persona, el efecto es inmediatamente contraproducente. En ese momento, el cerebro deja de absorber conocimientos y activa el mecanismo de "lucha o huida". El tiempo dedicado al estudio puede duplicarse o triplicarse, pero el conocimiento adquirido es vago y fragmentario.

Las consecuencias van más allá de las calificaciones. Cuando la tensión psicológica se comprime excesivamente sin un punto de liberación, destruye silenciosamente el cuerpo y el alma de los estudiantes. Físicamente, los estudiantes caen fácilmente en una espiral de insomnio, pérdida de apetito, dolor de estómago, etc. Mentalmente, el vacío y la asfixia que los abruman pueden provocarles irritabilidad o llevarlos a aislarse. Las lágrimas derramadas en la oscuridad no se deben solo a un problema matemático difícil, sino a una profunda decepción consigo mismos.

Según Nguyen Thi Lanh, licenciada en filosofía, la solución para superar este estancamiento no reside en decirles a los niños que "dejen de tener expectativas", sino en ayudarlos a transformar la presión en "aspiración" desde temprana edad. Cuando el objetivo de estudiar es simplemente "complacer a los demás" o "obtener buenas calificaciones", la presión se vuelve inmensa. Pero cuando la razón es lo suficientemente significativa —estudiar para convertirse en una persona valiosa, para construir un futuro, para tener éxito y ayudar a los demás en la sociedad—, entonces el esfuerzo surgirá de forma natural. En ese momento, el examen deja de ser una "sentencia de muerte" para convertirse en un trampolín que les permita alcanzar sus sueños con confianza.

La psicóloga Nguyen Thi Lanh compartió sus métodos de crianza con los padres durante una sesión.

El resultado de un examen no determina todo el camino recorrido.

Para evitar que los niños se sientan abrumados por sus propias expectativas, los padres deben ayudarlos a cambiar su mentalidad: los resultados de los exámenes no lo son todo; los niños pueden aprender de la vida y de las personas exitosas. El conocimiento académico solo representa la mitad de su preparación.

Para ayudar a los candidatos a reducir el estrés, la Sra. Nguyen Thi Lanh, M.A., ofrece tres pautas específicas:

Guía a tus hijos para que elaboren planes específicos, ya que el estrés suele provenir del trabajo desorganizado y caótico. Divide los objetivos grandes en tareas diarias más pequeñas.

No estudies hasta el agotamiento. Un descanso adecuado permite que el cerebro se regenere, evitando lagunas de conocimiento en el momento más crucial.

Habla con tus hijos con regularidad, hazles preguntas y confía en ellos para comprender lo que piensan. Y lo más importante, ayúdalos a comprender y reconocer sus propios esfuerzos, en lugar de centrarte únicamente en las calificaciones.

El examen de graduación de la escuela secundaria, o cualquier otro examen, no es el final. Si los estudiantes siguen viviendo con miedo al fracaso, su futuro se verá truncado a los 18 años.

Los padres deben recordarles a sus hijos que este es solo un examen abierto para guiarlos. Algunas puertas se cerrarán, pero se abrirán muchas otras oportunidades, a veces incluso mejores de lo que esperan. Dejen que el amor y los sueños sean la fuerza que los impulse, en lugar de convertir las calificaciones en una carga.

    Fuente: https://www.qdnd.vn/giao-duc-khoa-hoc/cac-van-de/giai-phap-giup-con-doi-mat-voi-ap-luc-thi-cu-1041380