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Primavera de palabras

(NB&CL) La primavera es la época en que los periodistas reflexionan sobre sí mismos a través de cada línea escrita. Al comenzar el nuevo año, el periodismo no se limita a informar noticias, sino que preserva discretamente la memoria social e impulsa las aspiraciones de desarrollo de la nación.

Công LuậnCông Luận19/02/2026

En los días previos al Tet (Año Nuevo Lunar), cuando las calles están más tranquilas y la gente se calma, suelo leer el periódico con una perspectiva diferente. No para buscar noticias, sino para reencontrarme conmigo mismo. En la transición entre el año viejo y el nuevo, las páginas del periódico se convierten de repente en un reino de recuerdos, más que en un flujo de noticias. Y en ese momento, me doy cuenta: el periodismo, en última instancia, no solo acompaña el presente, sino que también contribuye a preservar la memoria colectiva de la nación.

He sido periodista durante muchos años. El tiempo suficiente para comprender que cada artículo no solo responde a una pregunta del presente, sino que también deja huella para el futuro. Hay palabras que parecen insignificantes, pero con el paso del tiempo se convierten en fragmentos de sedimento que, al acumularse, conforman la esencia misma de la sociedad. El periodismo, en ese sentido, no se sitúa fuera de la patria. Se arraiga en ella, como un arroyo subterráneo que fluye silenciosa pero persistentemente.

Para los periodistas, la patria nunca ha sido un concepto abstracto. Se manifiesta en las historias reales que el periodismo me permite conocer: un autobús nocturno lleno de gente que regresa a casa para el Tet (Año Nuevo Lunar), un mercado de fin de año con algunos duraznos en flor que aún se conservan, un aula remota que sigue brillantemente iluminada en pleno invierno. Estas cosas no son ruidosas, pero son las que dan peso a la nación. Y el periodismo, si cumple bien su función, es el lugar que evita que estas imágenes se desvanezcan rápidamente.

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Estamos hablando de una era de superación personal. En la frontera entre el año viejo y el nuevo, percibo esta era no solo a través de declaraciones contundentes, sino también a través de sutiles cambios en la conciencia de las personas. La superación personal no se trata solo de avanzar más rápido, sino de atreverse a mirar hacia atrás con mayor profundidad. No se trata solo de desarrollo externo, sino de madurez interior. El periodismo, si conserva su profundidad, es uno de los pocos espacios que ayudan a la sociedad a llevar a cabo esta autorreflexión.

El periodismo actual no es fácil. La información es abrumadora, la verdad está fragmentada y la confianza se erosiona con facilidad. Los lectores no carecen de noticias, sino de tiempo para comprenderlas. En este contexto, el periodismo no puede limitarse a perseguir la velocidad. El poder del periodismo no reside en ser el primero en hablar, sino en hablar con veracidad y profundidad. Cuando el periodismo pierde su profundidad, se convierte en ruido. Cuando la conserva, se convierte en una fuente de inspiración.

Al acercarse el final del año, un tiempo para la reflexión, a menudo pienso en qué debería aportar el periodismo a la primavera. No todos los acontecimientos merecen ser recordados durante mucho tiempo. Pero hay pequeñas historias que, si se escriben con honestidad y respeto por las personas, permanecerán en la memoria colectiva por mucho tiempo. Qué escribir, hasta dónde escribir y cuándo guardar silencio: estas son decisiones silenciosas que determinan la calidad de un periodista.

La primavera siempre tiene una luz especial. No es deslumbrante, pero sí suficiente para revelar asuntos pendientes. Para los periodistas, la primavera es un momento para preguntarse: ¿He escrito con la profundidad necesaria? ¿Me he acercado lo suficiente a la gente? ¿Me he atrevido a salir de mi zona de confort? Estas preguntas no son agradables, pero evitarlas solo empobrecerá la profesión.

Durante el Tet (Año Nuevo Lunar), la patria se siente muy unida. No en grandes declaraciones, sino en las comidas familiares, en la esperanza de quienes no pudieron regresar a casa, en las silenciosas esperanzas depositadas en el nuevo año. Cuando la prensa narra historias de la primavera, en esencia preserva el vínculo entre las personas. Y es este vínculo el que crea la resiliencia de la nación.

Cuando estas palabras se lean durante el Año Nuevo Lunar, tal vez al aire libre, con las flores en plena floración, la gente de vuelta en casa y el inicio de un nuevo año. Desconozco qué le deparará el nuevo año al periodismo. Pero creo que, mientras los periodistas escriban con responsabilidad, con memoria y con fe en la humanidad, el periodismo seguirá siendo una parte fundamental de la vida espiritual de la nación: una voz discreta y humilde, pero lo suficientemente poderosa como para inspirar a la gente y ayudarla a superar los años.

Fuente: https://congluan.vn/mua-xuan-cua-chu-10329501.html


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