Durante las festividades del Año Nuevo Lunar, mientras muchas familias se reúnen para la primera comida del año, los soldados en la frontera permanecen de guardia, patrullando y observando hasta las señales más pequeñas. No hay cambios de servicio, ni excepciones durante esta época tan sagrada del año. Porque para los soldados, proteger la patria significa que no existen las "vacaciones".

Oficiales y soldados de la Guardia Fronteriza Provincial de Quang Ninh patrullan y controlan la zona fronteriza.

No poder volver a casa para el Tet (Año Nuevo Lunar) con la familia es algo habitual en la vida militar, pero nunca es fácil. Detrás de cada turno se esconde un anhelo interior. Los hijos extrañan a sus padres, las esposas a sus maridos, los padres añoran a sus hijos en casa. Estas emociones no necesitan expresarse, pero todos las llevan consigo al comenzar su primer turno del año.

Durante esos escasos momentos de descanso, el teléfono se convierte en el vínculo entre la frontera y el frente interno. Llamadas breves, a veces suficientes para intercambiar unas palabras de saludo y recordarse mutuamente que deben cuidar su salud. El soldado escucha las voces de sus hijos, su esposa, sus padres, y luego guarda el teléfono en silencio y regresa al servicio. El anhelo no desaparece, pero se sitúa tras la responsabilidad.

En la frontera, los soldados comprenden perfectamente su posición y su propósito. La frontera no es solo una línea divisoria geográfica, sino la culminación de la historia de la construcción y la defensa de la nación, ganada con el sudor y la sangre de incontables generaciones. Mantener la frontera hoy es una continuación de esa tradición, un cumplimiento del juramento del soldado a la Patria y al pueblo.

La primavera en la región fronteriza adquiere, por lo tanto, un significado diferente. No es solo el cambio de estaciones, sino la silenciosa continuidad de la responsabilidad. En el viento gélido, en la oscuridad de la noche, los pasos de los soldados patrullando siguen los pasos de sus padres y hermanos de antaño. Esta tradición no suele mencionarse con palabras, sino que se preserva con acciones, perseverancia y disciplina día tras día, año tras año.

En el frente, los camaradas son como familia. Las sencillas comidas del Tet, los breves saludos de Año Nuevo y los firmes apretones de manos sirven como promesa. No hacen falta palabras, porque todos comprenden que su presencia aquí es la forma más completa para que un soldado celebre el Tet.

Con el paso de los años, permanecer de servicio durante el Tet (Año Nuevo Lunar) se ha convertido en parte de la tradición del Ejército. Esta tradición se ha alimentado a través de primaveras sin reuniones, llamadas telefónicas apresuradas y turnos tranquilos en Nochevieja. Es una tradición que antepone los intereses de la nación al beneficio personal y la paz del pueblo al bienestar propio.

La primavera llega a las tierras fronterizas, evocando así no solo nostalgia, sino también reafirmando la valentía de los soldados, dispuestos a quedarse cuando el país los necesita, dispuestos a dejar de lado sus sentimientos personales para preservar la paz nacional. Es desde estas fuentes silenciosas que la primavera de la nación se preserva de forma sostenible.

La primavera llega silenciosa y sin estridencias a la frontera. Allí, la primavera se hace presente en cada turno silencioso, en la inquebrantable determinación de los soldados, listos para quedarse cuando el país los necesite. Mientras el pueblo celebra el Tet en paz, en el frente, los soldados se mantienen firmes en medio de la brisa primaveral, continuando la tradición de defender la nación con responsabilidad y disciplina. Es desde estas primaveras sin reencuentros que la primavera de la Patria se preserva intacta y perdura a través de los años.

    Fuente: https://www.qdnd.vn/nuoi-duong-van-hoa-bo-doi-cu-ho/xuan-ve-noi-bien-cuong-1025542