Noviembre llega con cielos azul pálido, una suave brisa que invita a abrigarse bien, una mañana con un ligero aroma a rocío y un corazón que se ablanda de una manera indescriptible. Quizás por eso, con el paso de los años, cada vez que llega noviembre, siento como si regresara a un reino de viejos recuerdos, donde el amor existió con tanta intensidad, y ahora, simplemente recordarlo lo revive todo: transparente, apacible y extrañamente puro.
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| Foto ilustrativa: Internet |
Recuerdo mi antigua escuela, y viejas imágenes vuelven a la vida. Los banianos del patio empiezan a perder sus hojas, amarillas y cayendo por todas partes. Cada vez que sopla el viento, las hojas giran suavemente antes de tocar el suelo como un saludo pausado. El patio, al amanecer, aún conserva el frío de la noche anterior; el rocío se aferra a los barrotes de las ventanas de las aulas, a los viejos pupitres de madera y a cada silla con los nombres grabados de alguien que atesoraba un recuerdo de su juventud. Viví esos años de una manera muy natural y despreocupada, sin saber cómo aferrarme a nada, para luego comprender que quizás los años más bellos de la vida de una persona son aquellos en los que aún no nos damos cuenta de que estamos viviendo la juventud.
Mis profesores siguen apareciendo como si nunca hubieran salido de aquel pasillo. Recuerdo el sonido de sus pasos al pasar por el aula cada mañana, su sencilla camisa, sus ojos amables, pero siempre serios al comienzo de cada clase. Recuerdo su voz firme leyendo literatura, como un arroyo tranquilo, pero cada palabra se filtraba en mí sin que me diera cuenta. Solía preguntarme por qué tantas cosas que considerábamos insignificantes en clase, cosas que incluso podíamos olvidar después, se convirtieron en mi forma de afrontar la vida a cierta edad. El poema que copié apresuradamente en clase de literatura, el pasaje que explicó sobre la bondad, o el consejo del profesor antes del examen —«si te esfuerzas al máximo, el resultado merece la pena»—, todo esto no eran solo lecciones de los libros de texto, sino cosas que me ayudaron a superar los difíciles años de la adultez que siguieron.
Noviembre también guarda algo más en mi corazón, suave y frágil como una brisa: el primer amor. Una mirada fugaz durante el recreo. Estar uno al lado del otro bajo un toldo, resguardados de la lluvia, ambos en silencio. Una sensación tan incómoda, sin saber dónde poner las manos al pasar junto a esa persona. No hubo declaraciones. Nadie se atrevió a decir nada significativo. Solo unas cuantas preguntas comunes, unas pocas líneas de texto intercambiadas en un trozo de papel doblado, o simplemente un deseo de buena suerte en un examen en una mañana de invierno. Sin embargo, la gente lo recuerda para siempre.
El tiempo siguió pasando, hasta que llegó el momento de dejar la escuela y separarnos. El último día de clases, nadie dijo mucho, pero algo en el corazón de todos estaba cambiando silenciosamente. Los pasillos eran los mismos, la pizarra era la misma, la campana de la escuela seguía sonando tres veces como siempre, pero esta vez la oímos como una despedida...
Años después, cuando llegó noviembre, sentí un repentino deseo de revivir aquellos tiempos. La escuela había cambiado de color, el patio había sido repavimentado, los árboles de años atrás habían crecido o habían sido reemplazados, pero con solo estar frente a la puerta, me sentí transportada al pasado. Ya no corríamos, ya no nos llamábamos por nuestros nombres, ya no cargábamos pesadas mochilas al hombro, pero en lo más profundo de mi corazón, podía oír claramente la risa de mi yo de diecisiete años. Sabía que lo más bello no era lo que veía ante mí, sino lo que una vez había sucedido en mi interior.
Y entonces, en una tranquila tarde de noviembre, sonreí inconscientemente. No porque todo siguiera intacto, sino porque alguna vez había sido tan hermoso. Comprendí que no necesitaba regresar para quedarme. Simplemente recordar y seguir adelante con bondad era una forma de mostrar gratitud.
Fuente: https://baodaklak.vn/van-hoa-du-lich-van-hoc-nghe-thuat/van-hoc-nghe-thuat/202511/nho-mai-truong-xua-0001735/








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