Debate en torno a la "celebración del Tet"
Sin duda, el debate sobre la celebración del Tet (Año Nuevo Lunar) en los últimos años refleja profundos cambios en la vida social. En el acelerado mundo industrial, con alta presión laboral y tiempo libre limitado, muchas personas creen que la tradicional festividad del Tet es demasiado larga, costosa y perturbadora para el trabajo.
Por el contrario, muchos temen que si el Tet se simplifica al extremo, o incluso se trata como una festividad más, la sociedad perderá un espacio cultural único donde se nutren y transmiten los valores espirituales.
Cabe destacar que ninguno de los dos puntos de vista es del todo erróneo. Una parte plantea la cuestión desde la perspectiva de la eficiencia económica y la gobernanza social, mientras que la otra parte se basa en preocupaciones sobre la cultura y la identidad. La cuestión no radica en quién tiene más razón, sino en que este debate demuestra que el Tet se enfrenta a la necesidad de autoadaptarse para seguir existiendo en un nuevo contexto.

Cuando el Tet se percibe como una carga
Parte del motivo del acalorado debate reside en que, en realidad, el Tet a veces se tergiversa. Muchas familias lo convierten en una carrera por las apariencias: festines suntuosos, regalos ostentosos y visitas que se basan más en la obligación que en el afecto genuino.
Cuando el Tet (Año Nuevo Lunar vietnamita) se aleja demasiado de sus valores espirituales originales, se convierte fácilmente en una fuente de presión, incluso de agotamiento. En tales circunstancias, es comprensible que la gente se pregunte: "¿Es necesario celebrar el Tet así?". Sin embargo, concluir que el Tet ya no es apropiado basándose en estas manifestaciones distorsionadas es un error peligroso. El problema no radica en el Tet en sí, sino en cómo lo celebra la gente.
¿Preservar el Tet (Año Nuevo vietnamita) o preservar el espíritu del Tet?
La cuestión de "preservar el Tet o preservar su alma" es, en realidad, una distinción crucial. Preservar el Tet en sentido formal significa conservar los rituales, las costumbres y las cronologías. Preservar su alma, sin embargo, significa preservar los valores espirituales que le dan su significado. Si solo se preserva la forma y se pierde el espíritu, el Tet se convierte en un cascarón vacío. Por el contrario, si se preserva su esencia, el Tet puede cambiar completamente de forma para adaptarse a la vida moderna sin perder su identidad. ¿Dónde reside el alma del Tet? En las reuniones familiares, en la conciencia de honrar a los ancestros, en el espíritu de tolerancia, en los nuevos comienzos y en los momentos de tranquilidad necesarios para que las personas reflexionen sobre sí mismas tras un año de esfuerzo. Estos valores no dependen de si el Tet es largo o corto, ni de la abundancia o escasez de alimentos, sino de la actitud ante la vida.

Tet: un espacio raro para los valores morales en la sociedad moderna.
En la vida moderna, las personas tienen muy pocas oportunidades para hacer una pausa real. El trabajo, la tecnología y las redes sociales impulsan el ritmo de vida constantemente. Es en este contexto que el Tet (Año Nuevo Lunar) se convierte en un espacio moral excepcional, un lugar donde la sociedad permite, e incluso anima, a las personas a bajar el ritmo.
El Tet recuerda la piedad filial al visitar a los padres, la rectitud al ofrecer incienso a los antepasados y el cariño al saludar el Año Nuevo. Estos valores no pueden ser reemplazados por ninguna otra festividad.
Si la sociedad pierde de vista el Tet o ignora su espíritu, lo que se pierde no es sólo una festividad, sino un mecanismo de autorregulación de la moral, un punto de equilibrio espiritual en medio de una vida llena de presión.

La integración no significa perder la propia identidad.
Uno de los argumentos que se suelen esgrimir al hablar de simplificar el Tet (Año Nuevo Lunar) es que los países desarrollados no tienen festividades tan largas, por lo que Vietnam también necesita adaptarse para integrarse. Este argumento es solo parcialmente cierto. La integración es necesaria, pero ningún modelo de integración exige que una nación abandone sus rituales fundamentales. Por el contrario, en un mundo globalizado, la identidad cultural es lo que impide la integración de las naciones. Muchos países modernos aún preservan estrictamente las festividades tradicionales, considerándolas valores espirituales y poder blando. Para Vietnam, el Tet es el símbolo cultural más importante, no solo para la población local, sino también para la comunidad vietnamita en el extranjero.

La responsabilidad de cada individuo hacia el tradicional Año Nuevo Lunar
Que preservemos el espíritu del Tet (Año Nuevo Lunar vietnamita) no depende en última instancia de textos escritos ni lemas, sino de las decisiones de cada individuo. Nadie más que cada persona contribuye a dar forma al Tet de hoy y de mañana. Esta responsabilidad se refleja, ante todo, en cómo celebramos el Tet en familia: si nos dedicamos tiempo unos a otros y si mantenemos un ambiente cálido y sincero. Se refleja en cómo abordamos las costumbres: si comprendemos su significado y las practicamos correctamente, o si simplemente las seguimos por inercia. Preservar el espíritu del Tet también significa saber rechazar las desviaciones, la ostentación innecesaria y las presiones sin sentido. Cuando cada persona celebre el Tet con más delicadeza pero con más intensidad, el Tet volverá naturalmente a su lugar.
Tet no necesita protección a través de órdenes, sino a través de comprensión.
El Tet, o Año Nuevo Lunar, es una entidad cultural viva. No existe por órdenes administrativas, sino por la comprensión y la preservación voluntaria de la comunidad. Cuando las personas comprenden por qué necesitan el Tet, este nunca desaparecerá. Preservar el espíritu del Tet no se trata de aislarnos del pasado, sino de traerlo a la vida moderna: vivir con más amabilidad, más conexión y más compasión. Cuando se practican estos valores, el Tet no solo estará presente en los primeros días del año, sino que se extenderá a lo largo del año.
"¿Preservar el Tet o preservar su alma?" es una pregunta atemporal, ya que cada época tiene su propia respuesta. Pero algo es casi seguro: si se pierde el alma del Tet, por muchas formas que se conserven, el Tet solo será un nombre en el calendario. Por el contrario, si se preserva su esencia —la reunión, los valores familiares, el sentido de origen y el espíritu de bondad—, el Tet siempre encontrará la manera de sobrevivir, adaptarse y acompañar a la nación. Y es en la forma en que cada vietnamita elige vivir el Tet hoy que la respuesta al futuro del Tet vietnamita se está escribiendo gradualmente, silenciosamente, pero con una trascendencia duradera para la identidad cultural de toda una nación.
Fuente: https://baolangson.vn/giu-tet-hay-giu-hon-tet-5078133.html







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