En declaraciones a The National (EAU) el 3 de octubre, el Dr. Yasar Jarrar, profesor de la Hult International Business School, y Dina H. Sherif, directora ejecutiva del Centro Kuo Sharper para la Prosperidad y el Emprendimiento del MIT y profesora titular de la Sloan School of Management del MIT (Instituto Tecnológico de Massachusetts), afirmaron que, durante décadas, el mundo ha considerado el Producto Interno Bruto (PIB) prácticamente como la única medida de desarrollo. Este modelo ha generado un alto crecimiento económico y una mayor integración global, pero ha expuesto graves deficiencias: un desarrollo humano rezagado, sectores privados subdesarrollados en muchos países y poca atención a la equidad y la sostenibilidad.
El informe del Índice de Desarrollo Humano 2025 de las Naciones Unidas (ONU) lo deja claro, señalando que el progreso en materia de desarrollo humano está experimentando una desaceleración sin precedentes. El bajo crecimiento previsto para 2025 es el más bajo desde 1990 (excluyendo los años de crisis de 2020-2021). Esto se considera un fracaso estructural, derivado de la búsqueda del PIB, un índice que nunca se diseñó para medir el bienestar, la desigualdad ni la sostenibilidad ambiental. De hecho, el PIB puede representar crecimiento incluso cuando el nivel de vida se estanca y los recursos naturales se agotan.
El nuevo cálculo de la prosperidad: poner a las personas en el centro
Los responsables políticos y los expertos reconocen ahora que los modelos de crecimiento del siglo XX ya no son adecuados para los desafíos del siglo XXI. El ajuste necesario es el primer y principal elemento de un nuevo cálculo de prosperidad que prioriza a las personas, la equidad, la innovación y la sostenibilidad. La prosperidad se mide no solo por el tamaño económico, sino también por las oportunidades humanas, la resiliencia sistémica y la equidad en los resultados, basadas en la sostenibilidad y la inclusión como elementos innegociables.
El segundo elemento de este nuevo cálculo es el drástico auge de los llamados mercados "emergentes", ahora denominados mercados de crecimiento futuro. Muchos de estos mercados ya no se limitan a "recuperarse", sino que configuran directamente el futuro de la economía global.
Según las Perspectivas de la Economía Mundial 2025 del FMI, los mercados emergentes y las economías en desarrollo crecerán un 3,7 % este año, casi el triple del 1,4 % previsto para las economías avanzadas. El World Economic Review presenta un contraste aún más marcado: 5,7 % frente a 1,9 %. Se trata de un cambio estructural que transformará la economía mundial para el próximo siglo.
Lo más destacado de las regiones
En Asia Occidental: Los países del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) controlan 4,2 billones de dólares en riqueza soberana (según el Instituto de Fondos Soberanos de Riqueza - SWFI). El Banco Mundial informa que la región está experimentando un crecimiento del PIB no petrolero superior al 4 % anual.
En India: Actualmente el país más poblado del mundo, se espera que India represente más del 16% del crecimiento del PIB mundial entre 2023 y 2028 (según el FMI). Se prevé que la clase media india, compuesta por 400 millones de personas, se duplique para 2030 (según un informe de Brookings Institution de 2023).
En África: Para 2050, el continente albergará a 2.500 millones de personas, más del 60 % de las cuales son menores de 25 años, lo que la convierte en la cohorte de jóvenes más grande de la historia. África cuenta actualmente con la tasa de emprendimiento más alta del mundo: más de uno de cada cinco adultos en edad laboral está creando un negocio.
Es importante destacar que los mercados globales en crecimiento no solo copian a las economías avanzadas, sino que están surgiendo con modelos únicos: M-Pesa de Kenia está transformando las finanzas con dinero móvil, las plataformas de telemedicina de la India están influyendo en el modelo global de atención médica, y los servicios gubernamentales digitales de los Emiratos Árabes Unidos (EAU) se encuentran entre los más avanzados del mundo. La innovación ya no fluye únicamente desde las "economías avanzadas", sino que se extiende cada vez más hacia todas las direcciones.
En este nuevo cálculo, las personas son el recurso más valioso y la infraestructura digital es el factor clave. Los países que inviertan en una fuerza laboral joven y emprendedora y construyan sistemas sostenibles basados en la tecnología definirán el próximo siglo.
Mientras persistan barreras, como el flujo de capital de riesgo que sigue desproporcionado hacia Silicon Valley en lugar de Nairobi o Riad, y persistan las barreras comerciales, la vieja noción de "desarrollados versus en desarrollo" está obsoleta. La verdadera disyuntiva es: aferrarse a modelos obsoletos que priorizan el crecimiento del PIB en detrimento de la equidad, o adoptar un nuevo orden centrado en el bienestar donde los mercados de crecimiento global impulsen la prosperidad emprendedora, inclusiva y sostenible.
En resumen, de Riad a Bangalore, de Abu Dabi a Nairobi, está surgiendo una nueva generación de pioneros económicos que moldean el siglo XXI, no por quienes dominaron el siglo XX, sino por quienes innovan y construyen sistemas donde las personas y el planeta prosperan. Esta nueva era ha comenzado.
Fuente: https://baotintuc.vn/phan-tichnhan-dinh/nam-ban-cau-troi-day-dinh-hinh-lai-kinh-te-the-gioi-20251004083039489.htm






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