El humo tenue de la cocina vespertina no es solo una "especialidad" de las estufas de leña o paja; es también parte del alma del campo, evocando recuerdos de un tiempo puro e inocente. Al atardecer, cuando la luz del sol se ha desvanecido, el humo comienza a elevarse desde las cocinas del pueblo. El humo flota lánguidamente sobre las calabazas y calabacines del huerto, enroscándose alrededor de las palmeras y cocoteros, antes de disiparse en el crepúsculo. Los adultos se afanan encendiendo el fuego y cocinando arroz. Nosotros, los niños, corremos y jugamos, inhalando el penetrante olor a humo mezclado con el aroma del arroz recién cocido y la sopa de verduras a fuego lento. Los aromas mezclados del humo no irritan los ojos, sino que reconfortan el corazón.
Mi infancia estuvo ligada a la pequeña cocina con techo de paja. Allí, mi madre encendía el fuego a diario con paja seca y leña podrida. Se sentaba junto a la estufa, avivando las llamas mientras recogía verduras y contaba historias del pasado. La cálida luz del fuego iluminaba su rostro bronceado, y sus ojos reflejaban un suave brillo. A veces, soplaba el fuego con una pipa de bambú, creando un suave y amortiguado "silbido" que se mezclaba con el viento del jardín. Me sentaba a su lado, escuchando en silencio el crepitar de las brasas, sintiendo una inusual sensación de paz.
Fue en ese entorno sencillo donde crecí, aprendiendo mis primeras lecciones de vida de mi madre: respetar a los mayores, ser considerada y apreciar cada grano de arroz, cada gota de sudor fruto de su arduo trabajo. En cada comida junto al fuego, mi madre siempre me recordaba: "El arroz es un precioso regalo del cielo; no lo desperdicies". Esas sencillas palabras me han acompañado a lo largo de mi vida.
El humo tenue del atardecer aún me recuerda a la época de lluvias. Cuando llovía con fuerza, toda la familia se reunía en la cálida cocina, donde mi madre hervía batatas o maíz. El humo de la cocina se elevaba, el calor se extendía, disipando el frío exterior, y de repente sentí que la felicidad era tan simple: una cocina cálida, un hogar con mis padres, risas que se mezclaban con el aroma de la comida casera.
Al crecer y mudarme lejos, el humo de la cocina al atardecer se convirtió en algo que anhelaba encontrar. En la ciudad, sin esas cocinas con techo de paja, sentí un vacío repentino en mis recuerdos. Cuando terminaba de trabajar tarde y veía los rascacielos iluminados, añoraba la sensación de ver el humo de la cocina de mi pueblo ascender lentamente, como un recordatorio: "Es hora de volver a casa".
Una vez, durante un viaje de negocios a la zona rural de Song Ray, en la provincia de Dong Nai , al girar el coche hacia un camino secundario, vi de repente una voluta de humo que se extendía sobre un bosquecillo de bambú. Por alguna razón, me picó la nariz. Me vinieron a la mente muchísimos recuerdos; todo parecía como si hubiera ocurrido ayer mismo. Era algo tan sencillo, pero bastó para conmoverme durante toda la tarde.
El humo tenue y delicado del atardecer es, en realidad, lo que da cohesión al alma de cada persona. Es testigo de días tranquilos en casa, una muestra de amor, lazos familiares y valores tradicionales, sencillos pero profundos.
En medio del ajetreo de la vida moderna, donde todo cambia a un ritmo vertiginoso, cosas sencillas como el humo que se eleva al atardecer aún existen, brindándome refugio y recordándome mis raíces. Siempre que me siento cansado, tengo un lugar al que regresar: no un lugar lejano, sino la vieja cocina, el humo vespertino, el cálido abrazo de mis padres, las fragantes comidas caseras. Esa simple cosa, para mí, encierra un sinfín de recuerdos entrañables.
A partir del 7 de septiembre de 2020, el periódico Dong Nai lanzó en línea la columna "Cosas sencillas".
Este será un nuevo "espacio de juego" para todos los lectores del país, que ofrecerá perspectivas sencillas pero significativas con las que muchos se sentirán identificados y que encarnan a la perfección el lema de la columna: "cosas sencillas".
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Tra Binh
Fuente: https://baodongnai.com.vn/van-hoa/dieu-gian-di/202508/nho-khoi-lam-chieu-113306f/







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