Ese año, comenzó su andadura en un instituto con solo tres aulas, divididas en zonas de trabajo para la Junta Directiva y zonas de estudio para algunos grupos de niños. Se llamaba aula, pero solo había unas pocas sillas, ni siquiera una mesa, así que profesores y alumnos bailaban, cantaban, deletreaban, contaban, sumaban y restaban con alegría.
Tras su periodo de prácticas, fue seleccionada para el personal docente y cada año cumplía con excelencia sus tareas, tenía mucha iniciativa en la elaboración de sus propios materiales didácticos, obtenía el título de maestra excelente, muchos niños conseguían el título de niños sanos y buenos, y era premiada y elogiada en todos los niveles. Estaba feliz porque había elegido la profesión correcta, y esta la había formado y formado para convertirse en una maestra excelente, reconocida en todos los niveles y, sobre todo, en una maestra querida y respetada por sus padres y alumnas.
Innovando de forma fundamental e integral la educación y la formación para satisfacer las necesidades de la industrialización y la modernización, incluyendo el fortalecimiento y desarrollo del sistema educativo no público, promovió su experiencia y capacidad, construyendo y poniendo en marcha con audacia una guardería privada. De esta manera, satisfizo la necesidad de enviar a los hijos de los trabajadores del parque industrial de la zona, contribuyendo así a solucionar la sobrecarga de las escuelas públicas locales.
La confianza y el apoyo de su familia le han dado una mayor motivación para continuar su carrera de "cultivar personas". Invertir y dedicar recursos financieros y materiales al jardín de infancia Thai Duong con esperanza, esa es su convicción y deseo de contribuir. De dos grupos de niños, con solo 20 el primer día de clases, cada año la tasa de asistencia aumenta exponencialmente; la calidad de la educación es muy valorada por la agencia administradora, el consejo pedagógico ahora opera con disciplina y la escuela se ha convertido en un referente educativo en la zona. Está feliz porque puede cuidar y educar directamente a los niños y ver crecer a sus alumnos cada día.
El tiempo vuela, 30 viajes en ferry han cruzado el río, y esa maestra ya tiene casi 60 años, pero aún calcula con diligencia y va al mercado ella misma, selecciona cada manojo de verduras, cada kilo de carne, cada pescado, y procesa y cocina directamente para garantizar que los estudiantes tengan comidas nutritivas, garantizando la seguridad alimentaria y la higiene. Además, la maestra también participa con entusiasmo en la enseñanza, visitando clases, observando, operando y gestionando el centro educativo para que funcione eficazmente. La felicidad de la maestra es simplemente ver a los niños comer bien, dormir profundamente, jugar y estudiar con pasión, porque esa es la alegría y la motivación que la motiva a seguir esforzándose por la educación.
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| Momento feliz de la maestra con sus alumnos. Foto: Bui Van Son |
Bui Van Son
Fuente: https://baodongnai.com.vn/van-hoa/202511/ba-giao-hanh-phuc-3a22042/











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