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La Premier League en caos

A medida que la Premier League entra en sus rondas finales, no estamos presenciando una emocionante carrera por el título, sino un drama completamente absurdo.

ZNewsZNews13/05/2025

Rúben Amorim está luchando por revivir al Manchester United.

El verdadero valor del fútbol –la deportividad , la pasión y la competitividad– está siendo devorado por una máquina comercial despiadada, donde lo que sucede fuera de la cancha es aún más complicado y caótico que lo que sucede dentro del campo.

La era del "post-ranking"

Sepp Blatter dijo una vez: «El fútbol vuelve loca a la gente». Nunca antes esta afirmación había sido tan amarga y profunda. Vivimos en la era «post-liga» de la Premier League, donde las clasificaciones, los puntos y los logros ya no son la única medida del éxito. En cambio, el fútbol se ha convertido en una excusa para tormentas emocionales sin forma, donde tanto la alegría como la decepción se comercializan a fondo.

Al igual que la política en la era de la "posverdad", el fútbol ya no se basa en realidades objetivas, sino que está dominado por emociones explosivas: furia amplificada, escándalos escenificados y tragedias politizadas. ¿Sigue siendo el deporte del pueblo o simplemente un juego de poder y dinero donde nosotros, los aficionados, somos meros espectadores impotentes?

Fíjense en el Manchester United y el Tottenham Hotspur, dos clubes antaño famosos que ahora se tambalean al borde de la mediocridad. Es absurdo que equipos clasificados en los puestos 4.º y 9.º de la lista de Deloitte de los clubes más ricos del mundo puedan estar jugando tan mal. Mientras tanto, sus entrenadores, Ruben Amorim y Ange Postecoglou, están ocupados con entrevistas de prensa hablando de su futuro en lugar de centrarse en los próximos partidos.

Esto no es un fracaso táctico ni de talento. Es la quiebra de la ambición y la cultura: un doloroso testimonio de que el dinero no puede comprar el alma ni la identidad. Estos equipos no solo están perdiendo en la cancha; están perdiendo la batalla por definirse.

Premier League anh 1

El Tottenham Hotspur está en declive.

¿Qué podría ser más desalentador que el Liverpool no poder disfrutar del dulce momento de la victoria justo después de proclamarse campeón de la Premier League? El empate 2-2 contra el Arsenal no fue solo un partido; simbolizó las contradicciones inherentes al fútbol moderno.

Trent Alexander-Arnold, el héroe del Liverpool, fue abucheado por la misma afición que antes lo vitoreaba. No fue una traición, sino una tragedia: la alegría de la victoria, que apenas comenzaba a desvanecerse, fue reemplazada por exigencias incesantes.

Cuando las emociones de los aficionados se convierten en un producto de consumo diario, ¿dónde queda espacio para la lealtad y la confianza a largo plazo? ¿O estamos, sin darnos cuenta, convirtiendo los estadios en teatros, donde los jugadores son meros actores y cada partido es solo una actuación para un público exigente?

El presidente del Nottingham Forest, Evangelos Marinakis, es la personificación perfecta de la arrogancia en el fútbol moderno. Aunque su equipo ha superado todas las expectativas, no ha sido suficiente para calmar la ira del dueño. Su furia tras el empate 2-2 contra el Leicester City fue un amargo recordatorio de que en el fútbol moderno, el éxito no se mide por el progreso, sino por la satisfacción del ego de quienes ostentan el poder.

La transferencia de propiedad de Marinakis a un "fondo ciego" para cumplir con las regulaciones de la UEFA solo resalta aún más la dualidad del fútbol moderno: por un lado, reglas establecidas para proteger la imparcialidad y, por el otro, lagunas sofisticadas que permiten que el poder permanezca en manos de aquellos acostumbrados a dominar.

El fútbol ya no es un deporte para el pueblo.

La Premier League ya no se trata simplemente de 22 hombres persiguiendo un balón en el campo. Se ha convertido en una gigantesca maquinaria mediática y emocional, donde cada gesto de desaprobación del entrenador, cada arrebato de ira de la afición y cada disputa interna se analiza, exagera y explota al máximo.

Premier League anh 2

El presidente del Nottingham Forest, Evangelos Marinakis (sentado en el medio, con una camiseta blanca), atrajo la atención en la última ronda de partidos.

En el mundo del fútbol actual, la victoria ya no es tan importante como la historia que la rodea. La derrota ya no es tan aterradora como el silencio y la falta de atención. Esta no es la evolución del deporte; es su degeneración: de un deporte hermoso a una implacable máquina de crear drama.

Desde los abucheos en Liverpool hasta las derrotas del Manchester United y el Tottenham, desde la arrogancia de Marinakis hasta las emociones encontradas de los fanáticos, todos son piezas de un panorama más amplio: la imagen de un deporte que paga el precio de su propio éxito.

Como comentó con amargura Gareth Farrelly, «la comercialización de las emociones» se ha vuelto fundamental en la Premier League. Ya no somos aficionados; somos consumidores.

El fútbol ya no es un juego; es un producto. Y quizás esa sea la mayor tragedia: cuando las ovaciones en el estadio ya no son los ecos de la pasión pura, sino el sonido de una maquinaria económica colosal que opera sin descanso.

En un mundo donde todo tiene un precio, la Premier League ha demostrado que incluso las emociones se pueden comprar y vender. Y eso, quizás, sea lo más aterrador de todo.

Fuente: https://znews.vn/premier-league-hon-loan-post1552978.html


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