Los últimos días del año siempre llegan con suavidad, pero con la fuerza suficiente para conmover el corazón. Cuando el calendario de pared apenas tiene unas pocas páginas, cuando las calles empiezan a perfumarse con el aroma de las flores y los frutos de la primavera, se acerca el Tet (Año Nuevo Lunar). En el ritmo frenético de la vida actual, el Tet ya no anuncia su llegada con el rojo vibrante de los nuevos versos ni con la prisa de los viajes de última hora, como antaño, sino que se presenta de muchas maneras diferentes: a través de un recordatorio en el calendario, una llamada telefónica apresurada o la brillante luz de la pantalla del móvil al atardecer. Pero sea cual sea el camino que tome, el Tet conserva un sentimiento sagrado único: el de volver a casa.
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| La gente conserva recuerdos en el mercado de flores de Hang Luoc ( Hanói ) en los días previos al Tet. Foto: Hoang Hieu/TTXVN |
Al final del año, cada hogar inicia una silenciosa "transformación". Limpiar la casa no es solo una tarea diaria, sino un ritual espiritual; barrer el polvo viejo es también una forma de alejar la mala suerte y allanar el camino hacia un año nuevo de paz. Antiguamente, toda la familia se arremangaba, limpiaba el altar, lavaba las cortinas y reorganizaba cada rincón. Estas tareas, aparentemente arduas, se convirtieron en cálidos recuerdos, donde las risas se mezclaban con el sudor, y donde el Año Nuevo Lunar se "llamaba a casa" a través del simple acto de la reunión familiar.
Hoy en día, en la era digital, la limpieza se ha vuelto mucho más sencilla. Con solo unos toques en el teléfono, se pueden programar servicios de limpieza y ordenar la casa mientras el dueño se prepara para otras cosas. Para las familias que aún desean limpiar por sí mismas para disfrutar plenamente del ambiente del Tet, la tecnología moderna facilita la tarea: la lavadora funciona sin problemas, la aspiradora se desliza suavemente por el suelo y el lavavajillas reemplaza a las personas que esperan junto al fregadero. Por lo tanto, las tareas de fin de año son menos agotadoras, pero lo más valioso es que la ilusión por el Tet permanece intacta.
A medida que se acerca el Tet (Año Nuevo Lunar), la vida se vuelve más ajetreada. En la memoria colectiva de muchas generaciones, es una época en la que el fuego de la cocina arde con más fuerza, y el aroma de las cebollas encurtidas, los chalotes y los dulces tradicionales se mezclan para crear un sabor primaveral único. Estos platos tradicionales no solo sirven para saciar el hambre, sino también para recordarnos nuestras raíces y tradiciones familiares. Aunque hoy en día muchas familias optan por la comodidad de las tiendas, los supermercados o las compras en línea, en el fondo, el Tet sigue asociado al deseo de preservar parte de las antiguas tradiciones, aunque sea solo una pequeña olla de pasteles de arroz glutinoso o un plato de dulces caseros.
La tecnología ha impregnado todos los aspectos del Tet (Año Nuevo Lunar vietnamita), transformando la forma en que la gente se prepara y celebra la primavera. Las compras ya no se limitan a los mercados abarrotados, sino que se han expandido al espacio digital, donde todo está al alcance de unos pocos toques. Los saludos de Año Nuevo ya no requieren reuniones presenciales, sino que pueden enviarse al instante, superando distancias geográficas aparentemente enormes. Gracias a la tecnología, quienes están lejos de casa aún pueden ver las sonrisas de sus abuelos y padres, y escuchar voces familiares durante la transición del año viejo al nuevo.
Sin embargo, entre tanta comodidad y rapidez, el Tet también plantea sutilmente la pregunta: ¿pasa la primavera demasiado rápido entre tantas notificaciones? Quizás el Tet no ha desaparecido; simplemente requiere que lo conservemos activamente. Ningún emoji puede reemplazar un apretón de manos firme, ningún mensaje de texto se compara con la mirada compartida durante la cena de Año Nuevo. El Tet, en cualquiera de sus formas, sigue necesitando la presencia plena de las personas, una presencia no fragmentada por pantallas ni notificaciones incesantes.
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| Este año, el tradicional mercado de flores de Hang Luoc en Hanói se ha ampliado, conectándose con la calle Hang Ma y extendiéndose hasta la zona de Phung Hung. Foto: Minh Quyet/TTXVN |
El tradicional Año Nuevo Lunar, que ha acompañado al pueblo vietnamita a lo largo de miles de años de historia, es un hilo conductor que une el pasado con el presente. Es una ocasión para que cada persona regrese a sus raíces, encienda incienso en honor a sus ancestros y recuerde sus orígenes. En el contexto de la modernidad, donde muchos valores cambian rápidamente, preservar el espíritu del Tet se ha vuelto más importante que nunca. Preservarlo no significa rechazar la tecnología, sino encontrar un equilibrio: permitir que la comodidad esté al servicio de las personas sin que ello opaque lo sagrado.
El Tet vietnamita en la era digital adquiere, por lo tanto, una apariencia de fusión. En este contexto, tradición y modernidad no se oponen, sino que coexisten. Los valores antiguos se renuevan para seguir prosperando, mientras que las nuevas comodidades se seleccionan cuidadosamente para no abrumar las emociones. Mientras la gente aún sepa hacer una pausa, vivir un poco más despacio en medio de un mundo constantemente conectado, el Tet seguirá siendo cálido, profundo y profundamente familiar.
Luego pasará el Tet, como cada primavera que abandona silenciosamente el pequeño callejón tras sus días de gloria. Las macetas se marchitarán, la fiesta disminuirá gradualmente y las calles retomarán su ritmo habitual. Solo quedará un suave vacío en el corazón de cada persona, un cálido recuerdo de esos reencuentros que aún arde en su interior. En este mundo en constante digitalización, donde todo se puede conservar en imágenes, vídeos y mensajes de texto almacenados en la memoria del teléfono, hay cosas que no se pueden copiar: las miradas intercambiadas en Nochevieja, la calidez de una comida familiar, el persistente aroma del incienso en el altar ancestral.
El Tet vietnamita, al fin y al cabo, no se trata de las viejas ni de las nuevas formas de celebrar, ni de la tecnología ni de la comodidad, sino de la sensación de volver a casa: volver a la familia, a los recuerdos, a lo más profundo del alma. Y luego, cuando la primavera ha terminado, cada persona regresa a su vida cotidiana, llevando consigo un silencioso recordatorio: no importa lo lejos que vayamos, no importa cuánto cambien los tiempos, siempre hay un Tet esperándonos, con un amor inquebrantable y una añoranza eterna.
Según VNA/Noticias y el periódico de minorías étnicas
Fuente: https://baoquangtri.vn/xa-hoi/202602/tet-viet-trong-thoi-dai-so-e174fc6/








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