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Griezmann brilló en la victoria del Atlético por 4-0 sobre el Barça en la ida de las semifinales de la Copa del Rey. |
Algunos partidos se deciden por un solo momento. Y otros, por una sola persona. En su victoria por 4-0 sobre el Barcelona en la ida de las semifinales de la Copa del Rey, la mañana del 13 de febrero, el Atlético de Madrid tuvo ambas cosas. Y en el centro de todo ese movimiento estaba Antoine Griezmann.
La noche de Griezmann
Hace una semana, el Atlético de Madrid jugó un fútbol enérgico contra el Betis en la Copa del Rey. Pero contra el Barcelona, llevaron la intensidad y la precisión a otro nivel.
Ya no es una explosión fugaz de energía; es un control deliberado. Y dentro de esa estructura compacta, Griezmann emerge como un elemento sutil y poco convencional.
El gol del 2-0 llevaba su sello inconfundible. Ni un disparo potente ni una jugada de gran habilidad. Solo un toque con el interior del pie, limpio y con sangre fría.
El disparo fue tan peligroso que el portero no tuvo tiempo de reaccionar. Fue el quinto gol de Griezmann en la Copa del Rey esta temporada, una cifra significativa, pero que aún no refleja plenamente su impacto.
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El delantero francés dejó constantemente desorganizada la defensa del Barcelona. |
Antes y después de ese momento, el delantero francés desorganizaba constantemente la defensa del Barcelona. No estaba fijo en una posición.
A veces se retrasa, a veces recorta hacia el interior, y otras veces se desplaza hacia la banda derecha. Los centrales rivales se preguntan: ¿deberían marcarlo o mantener sus posiciones? Un instante de retraso basta para que Griezmann marque la diferencia.
La primera mitad estuvo dominada casi por completo por el astro francés. Dio 11 pases antes del descanso, incluyendo un pase filtrado milimétrico que permitió a Giuliano Simeone correr mano a mano con el portero.
Solo un pequeño paso en falso, un pequeño detalle en medio de una actuación general fluida. A eso se suma una recuperación de balón y una intercepción de pase, lo que demuestra que no se desvinculó del sistema defensivo.
Griezmann no juega al fútbol, lee el juego.
Cuando el Atlético de Madrid presionaba, Griezmann se posicionaba a la derecha de Koke, mientras que Marcos Llorente aparecía inesperadamente en la banda contraria. Este cambio fue sutil pero muy intencionado. Griezmann no solo jugaba al fútbol; leía el juego, ajustando su posición en cada transición.
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Griezmann no solo juega al fútbol; lee el juego, ajustando su posición en cada transición. |
Griezmann tuvo otras dos oportunidades para aumentar la ventaja. Un disparo fue directo al portero y otro derechazo fue impreciso y envió el balón por encima del larguero.
No es perfecto. Pero el fútbol no se mide solo por la perfección. Se mide por el impacto, y en ese aspecto, Griezmann sobresale.
En la segunda mitad, el Barcelona hizo ajustes. Recortó la distancia entre sus líneas, reduciendo el espacio de maniobra del rival. Como resultado, Griezmann tuvo menos margen de maniobra.
Los espacios ya no eran tan amplios como antes. El Atlético de Madrid se vio obligado a jugar con más pragmatismo, priorizando la seguridad. En el minuto 68, Diego Simeone lo sustituyó, dándole una oportunidad a Baena.
Esa decisión no eclipsó lo que ya había sucedido. Griezmann abandonó el campo con su influencia aún visible en el partido. Un gol. Una participación en el tercer gol con un pase que abrió la carrera de Giuliano Simeone. Y, lo más importante, la sensación de que controlaba el ritmo del partido justo cuando el Atlético de Madrid más lo necesitaba.
En medio de un fútbol cada vez más mecánico, Griezmann aún conserva la fluidez de una época pasada. Sin ostentación ni ruido, pero con la profundidad suficiente para cambiar el rumbo del partido. La noche en el Metropolitano fue, por lo tanto, más que una simple victoria para el Atlético de Madrid. También fue un recordatorio de que, a veces, la sutileza puede más que cualquier sistema.
Fuente: https://znews.vn/diem-10-cho-griezmann-post1627485.html










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