Yo era el mayor de dos hermanos. Mi hermano menor, cinco años menor que yo, era pequeñito, travieso y muy apegado a nuestro padre. Nuestra casa siempre se llenaba de risas: las risas de los dos jugando juntos, gritando: "¡Papá! ¡Papá, ya corre este cochecito!" o "Papá, ¿quién juega mejor al fútbol, mi hermano o yo?". Pero también eran nuestras risas cuando peleábamos por juguetes, por una galleta o un dulce. Papá era el mediador, el que "sanaba" todos los líos de nuestra inocente infancia.
Había días en que papá estaba fuera trabajando, y ella solía preguntar: "¿Por qué tarda tanto papá? ¿Ya ha vuelto?". Luego, por la noche, entraba en la habitación, se subía a la cama de papá y susurraba: "Voy a dormir aquí a esperar a que papá vuelva...". Cada vez que él llamaba, ella pegaba la oreja al teléfono, intentando ser la primera en hablar: "Papá, ¿puedes venir mañana a casa y llevarme a la escuela?".
Y también hay recuerdos traviesos e inolvidables. Un día, mi hermana y yo estábamos tan absortas jugando en las afueras del pueblo que olvidamos llevarla a casa a comer. Al llegar, encontramos a papá esperándonos con un bastón. Vi ira mezclada con preocupación en sus ojos. Cargué a mi hermana y pensé: «Si nos castigan, solo yo pagaré las consecuencias; es tan pequeña todavía». Un recuerdo sencillo, pero lleno de amor, porque en esos momentos de regaños, aprendimos sobre la hermandad y, sobre todo, sobre la preocupación silenciosa de un padre.
También hubo una vez que hice algo mal y mi padre me reprendió severamente. Estaba triste, así que fui a preguntarle: «Papá, ¿todavía me quieres?». No respondió de inmediato, sino que me abrazó y me dijo con dulzura: «Te regaño porque te quiero. Te pego no porque te odie, sino porque quiero que crezcas y seas buena persona. Lo entenderás cuando seas padre...».
Y ahora, de adulta, con mi pequeña familia y mis hijos que me llaman cariñosamente "Papá", comprendo plenamente la sabiduría de esa enseñanza de hace años. Los niños que antes gritaban "¡Papá!" cada vez que tropezaban, tenían hambre o querían jugar, ahora repiten esa misma experiencia con sus propios hijos. Y me doy cuenta, como dice el viejo refrán: "Solo trasnochando se sabe lo larga que es la noche; solo criando hijos se conocen los sacrificios de los padres".
Entiendo lo que son las noches de insomnio y las preocupaciones cuando un niño está enfermo. Entiendo la sensación de esperar a mi hijo en la puerta cuando llego tarde a casa. Entiendo las ansiedades sin nombre sobre el futuro de un niño... Y cuanto más entiendo, más agradecido me siento. Agradecido por los años que mi padre sacrificó en silencio, agradecido por las veces que me regañó para enseñarme a ser una buena persona. Mi padre ya es mayor. Su cabello, antes negro azabache, ahora está veteado de canas. Pero sus ojos, su postura tranquila, su amor siguen siendo tan puros como cuando yo era pequeño. No importa lo lejos que vaya, no importa lo ocupado que esté, sé que siempre habrá alguien esperándome, sin necesidad de flores, regalos ni nada extravagante, solo escuchar mi voz gritando: "¡Papá, ya estoy en casa!".
¡Gracias, papá! ¡Mi primer maestro, el héroe silencioso de mi vida!
¡Hola, queridos espectadores! La cuarta temporada, con el tema "Padre", se estrena oficialmente el 27 de diciembre de 2024 en cuatro plataformas de medios e infraestructuras digitales de Binh Phuoc Radio, Televisión y Periódico (BPTV), con la promesa de acercar al público los maravillosos valores del sagrado y hermoso amor paternal. |
Fuente: https://baobinhphuoc.com.vn/news/19/172354/khi-con-lam-bo-moi-hieu-long-cha







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