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Todavía queda amor.

El viento de junio en Vietnam Central sopla con fuerza sobre las dunas de arena blanca. Bajo el sol abrasador de esta tierra ardiente, la recuerdo: la reportera que una vez se entregó en cuerpo y alma a su pasión por la escritura, que se atrevió a trabajar en el campo y a quien sus colegas llamaban cariñosamente la "abeja trabajadora" de la prensa provincial.

Báo Quảng TrịBáo Quảng Trị20/06/2025

Se graduó del Departamento de Periodismo de la Universidad de Ciencias de Hue. Durante su época de estudiante, fue una escritora destacada en concursos literarios, periódicos escolares y revistas estudiantiles. Cada historia que contaba era conmovedora, impregnada de una vitalidad especial que no todos los escritores poseen. Tras graduarse, decidió quedarse en Quang Tri, una región de difícil acceso para el periodismo. No es tan bulliciosa ni vibrante como una gran ciudad, pero su tranquilidad es terreno fértil para escritores con sensibilidad y fuerza interior.

Inicialmente, trabajó como colaboradora para varios periódicos del sector. El trabajo era inestable y con salarios irregulares, pero perseveró. La gente solía bromear diciendo que el periodismo en una provincia pobre como Quang Tri era una profesión en la que "vendes palabras para ganarte la vida, vendes tu corazón para ganar lectores". Pero para ella, las palabras no eran solo un medio de vida, sino una forma de expresar su alma, un reflejo de sus inquietudes ante las injusticias y paradojas de la sociedad. Fue precisamente esta cualidad la que la ayudó a consolidarse en el mundo periodístico, con artículos perspicaces, multifacéticos y con una gran resonancia emocional.

Recuerdo la serie de investigación que realizó sobre los daños causados ​​por camiones sobrecargados en las carreteras rurales. Monitoreó la situación en silencio durante meses, desde investigar las rutas dañadas hasta infiltrarse en los centros de transporte y comprender cómo eludían la ley. La serie, una vez publicada, causó un gran revuelo, recibió grandes elogios de los lectores e impulsó a las autoridades a tomar medidas correctivas. Gracias a esto, ganó el máximo galardón en los premios provinciales de periodismo, uno de los logros más memorables de su carrera. Pero detrás del certificado de mérito, detrás del glamour, había días tranquilos llenos de la lucha por mantener su pasión por la profesión mientras enfrentaba las incertidumbres de un periodista sin un puesto fijo ni un sistema de apoyo estable.

Pasó por muchos periódicos, cada uno con su propia etapa y trayectoria. A veces, parecía haber encontrado estabilidad, pero luego los cambios de personal, los modelos operativos y la escasez de fondos para el periodismo... la sumieron de nuevo en un torbellino de incertidumbre. Una vez, se sentó conmigo en un pequeño café junto al río Thach Han, con la mirada pensativa: «Las palabras son mi alma, pero... incluso la sangre se seca con el tiempo». No supe qué decir, salvo apretarle suavemente la mano.

Un día, decidió dejar el periodismo y regresar a casa para ayudar a su familia a administrar el bar. Sus familiares y amigos se sorprendieron al principio, pero con el tiempo comprendieron que, en algún lugar, la vida aún exige decisiones discretas para sobrevivir. Ya no tiene carné de periodista ni se aventura en el mundo del periodismo, pero conserva la misma agilidad, ingenio y habilidad de antes. Su bar siempre es acogedor, limpio y sirve comida deliciosa; los clientes vienen y quieren volver.

Curiosamente, su cafetería se convirtió poco a poco en un punto de encuentro para periodistas. Todas las tardes, después del trabajo, antiguos compañeros se reunían allí, tomando cerveza y charlando sobre un tema nuevo o un asunto social de actualidad. Ella permanecía allí, en medio de las conversaciones profesionales, como si estuviera involucrada, con los ojos llenos de alegría cuando alguien mencionaba que un nuevo artículo acababa de publicarse y era compartido por los lectores.

Una vez, en medio de la animada conversación, alguien le preguntó: "¿Alguna vez te arrepientes de algo?". Ella sonrió, con la voz suave como un suspiro: "No, no me arrepiento. Porque sigo viviendo en el corazón de la profesión, aunque ya no escriba". Esa afirmación provocó un silencio sombrío, como si alguien acabara de encender una vela en una habitación familiar. Su amor por el periodismo nunca se había desvanecido; simplemente había elegido una forma diferente de estar presente: con calma, paciencia y, aún así, con una pasión inquebrantable.

A menudo le decía: «Aunque dejes de escribir, sigues siendo periodista, porque llevas dentro el amor por el periodismo, como una creencia». Y ella sonreía, con una suave tristeza en sus ojos: «El periodismo ya forma parte de mi vida».

Ha llegado de nuevo el 21 de junio. Se entregan ramos de flores, se anuncian premios y resuenan palabras de agradecimiento para los periodistas en muchos foros, grandes y pequeños. De repente, me acordé de ella: alguien que nunca ha abandonado el mundo del periodismo en su corazón. Personas como ella, aunque discretas, son el alma honesta y apasionada de la comunidad periodística. No todos los que toman una pluma tienen la fortuna de dedicar su vida a la profesión. Pero quienes han vivido con la profesión como un gran amor, siempre formarán parte de ella: sin nombre, sin título, pero muy real, muy profundo.

Imagino que una tarde, mientras sus jóvenes colegas recién salidos de la universidad sueñan con su primer premio de periodismo, las risas de sus compañeros periodistas resonarán en su pequeño café. En ese ambiente, el periodismo ya no es algo elevado ni distante, sino una parte genuina de la vida, llena de esfuerzo, de compartir y de sacrificios silenciosos.

El viento de junio aún sopla. Y en mi corazón, la imagen de aquella reportera de aquellos días permanece, como una pequeña llama latente en un bar ruidoso. Una llama de palabras, de ideales, de amor que jamás se extinguirá...

Tran Tuyen

Fuente: https://baoquangtri.vn/van-con-mot-tinh-yeu-o-lai-194486.htm


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