En esa misma hamaca, la abuela se sentaba a masticar nuez de betel y a contarnos cuentos de hadas. También era donde papá descansaba después de largas jornadas de trabajo en el campo, con los ojos entrecerrados, tarareando suavemente una canción folclórica tradicional vietnamita.
Recuerdo aquellas tardes de verano en las que de repente empezaba a llover torrencialmente, y mis hermanas y yo nos reuníamos alrededor de la hamaca para escuchar a mamá contar historias de su infancia. Decía que nuestros abuelos la arrullaban con esas mismas canciones.
Resulta que esas canciones de cuna no son solo canciones, sino también un hilo conductor que conecta generaciones, un flujo de parentesco y la calidez de la familia.
Al crecer, me fui de casa, incluso de la hamaca de bambú que se había desgastado con el tiempo. Ocupado con el trabajo, rara vez tenía la oportunidad de escuchar aquellas nanas de antaño.
La ciudad bulle, la vida es frenética y ya nadie arrulla a nadie con las viejas nanas. Algunas noches, dando vueltas en la cama en medio del ruido de la ciudad, extraño a mi madre, extraño el ritmo de la hamaca de mi infancia.
Anhelo regresar a aquellas tardes de verano, recostada en los brazos de mi madre, escuchando su nana familiar, sintiendo el calor de sus manos delgadas pero cariñosas. Pero el tiempo no se puede retroceder…
Al regresar a casa, me sorprendió ver la hamaca de bambú aún allí, aunque mucho más vieja. Mi madre ya no me acunaba para dormir como antes, pero la nana seguía resonando en mi mente: "Oh, oh... el viento mece suavemente las ramas de bambú / La nana de mi madre resuena a lo largo de mi vida...". La nana de mi infancia es el amor de mi familia, de mi madre, que siempre me acompañará.
Nguyen Van Nhat Thanh
Fuente: https://baolongan.vn/au-o-nhip-vong-dong-dua-a193675.html








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