En muchos casos, los datos personales y las cuentas digitales se ven comprometidos desde el principio sin el conocimiento del usuario, y cuando la situación se ha desarrollado por completo, a menudo es demasiado tarde para emitir una advertencia.
Por lo tanto, la solución no puede limitarse a aconsejar una mayor vigilancia, sino que debe evolucionar hacia una mentalidad preventiva desde la raíz, centrándose en el control de los datos personales, los flujos financieros y los puntos de contacto digitales, factores clave que determinan la eficacia de la prevención del fraude.
Desde una perspectiva jurídica, el marco regulatorio actual es bastante completo y está entrando en una nueva fase con un mayor efecto disuasorio. La Ley de Protección de Datos Personales de 2025, que entró en vigor oficialmente el 1 de enero de 2026, y la Ley de Ciberseguridad (modificada), que entró en vigor el 1 de julio de 2026, han establecido claramente el derecho de los ciudadanos a controlar sus datos, las responsabilidades de las empresas y los actos prohibidos como el fraude, la falsificación, el comercio de datos o el uso ilegal de la inteligencia artificial.
Cabe destacar que la Ley de Protección de Datos Personales estipula sanciones muy estrictas: las infracciones relacionadas con la transferencia transfronteriza de datos personales pueden ser sancionadas con multas de hasta el 5 % de los ingresos totales del año anterior; la compraventa ilegal de datos personales puede ser sancionada con multas de hasta 10 veces el monto de las ganancias ilícitas; y otras infracciones pueden ser sancionadas con multas de hasta 3 mil millones de VND para las organizaciones. Esto se considera una medida drástica para las empresas que manejan grandes volúmenes de datos, como bancos y empresas tecnológicas. Sin embargo, el problema fundamental no radica en la falta de leyes, sino en la necesidad de que estas regulaciones se apliquen de manera decisiva, continua y anticipándose a los cambios en los patrones delictivos. Si la ley se queda solo en el papel, mientras que los datos personales continúan filtrándose y comercializándose clandestinamente, el fraude en línea seguirá proliferando.
Para prevenir el fraude desde su origen, el costo de cometer el delito debe ser mayor que los beneficios que obtienen los perpetradores. Al monitorear de cerca las cuentas bancarias y las billeteras electrónicas, bloquear rápidamente los flujos de dinero inusuales y eliminar periódicamente las tarjetas SIM y llamadas fraudulentas, se reduce significativamente el margen de maniobra de los delincuentes. Al mismo tiempo, las plataformas digitales deben asumir una mayor responsabilidad en el control del contenido publicitario, especialmente la publicidad relacionada con inversiones financieras y criptomonedas, impidiendo que esquemas fraudulentos se hagan pasar por tecnología legítima.
Otro factor crucial es la rapidez de respuesta. Las estafas en línea cambian constantemente, por lo que esperar a que finalice el proceso de verificación antes de intervenir significa que el daño ya está hecho. Se deben implementar alertas tempranas y el bloqueo inmediato de sitios web, enlaces y cuentas sospechosas al detectar cualquier actividad inusual, en paralelo con acciones legales.
El fraude en línea seguirá evolucionando con la tecnología. Por lo tanto, una solución sostenible no consiste en perseguir cada caso individualmente, sino en crear un mecanismo de prevención proactivo donde la ley se aplique rigurosamente, los datos estén protegidos de forma segura y todas las partes interesadas reaccionen anticipándose a los delincuentes. Solo así la prevención del fraude en línea será realmente integral y dará resultados a largo plazo.
Le Tinh escribió
Fuente: https://nld.com.vn/phong-ngua-chu-dong-196260103200124126.htm






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